Ficha técnica

Título: El circuito interior. Una crónica de la ciudad de México | Autor: Francisco Goldman | Traducción: Juan Antonio Montiel | Editorial: Turner | Colección: El Cuarto de las Maravillas  | Encuadernación: Rústica con solapas | Dimensiones: 15 x 23 | Páginas: 284 | ISBN: 978-607-7711-06-3 | Precio:19 euros

El circuito interior

TURNER

Tras la muerte de su joven esposa, Francisco Goldman encuentra una inédita estrategia para superar la pena: aprender a manejar en la ciudad de México. La estrategia tiene un efecto secundario inesperado: una crónica magistral de la enrevesada actualidad mexicana: desde los feminicidios de Ciudad Juárez y la represión de los campesinos de Atenco hasta el asesinato de los jóvenes del bar Heavens, triste anuncio de Ayotzinapa. Pero también da cuenta de sus prodigios. Es la carta de amor a una ciudad y a un país. Y por encima de todo, se trata de un memoir en el sentido más original de la palabra, en el más internacional. Una crónica apegada al terreno, que da cuenta de los movimientos estudiantiles y cívicos que están teniendo lugar en México: dignidad política, humor y anécdotas. Alto periodismo y literatura.

Lo dijo un crítico célebre: lo único que puede contarse es un viaje o un crimen. El circuito interior cuenta las dos cosas. He aquí la crónica del duelo del escritor y periodista estadounidense Francisco Goldman tras la muerte de su joven esposa en 2007, y de su inaudita y última estrategia para dejarlo atrás: aprender a manejar en la Ciudad de México. Que pronto se revela, además, como un personalísimo manual para manejarse en una realidad aún más enrevesada y caótica que las calles del DF: la actualidad mexicana.

En la tradición de la gran crónica apegada al terreno, dispuesto a seguir las curvas de una ciudad de prodigios y catástrofes, aferrado al volante, Goldman elabora su propio dolor, pero también el de todo un país, al tiempo que recupera algunos acontecimientos y hechos de sangre emblemáticos del pasado mexicano reciente: los feminicidios de Ciudad Juárez, la represión de los campesinos de Atenco, el movimiento #YoSoy132 o el secuestro y posterior asesinato de los jóvenes del bar Heavens -anuncio del fuego que, a manera de coda, se llamará Ayotzinapa-. Goldman nos conduce, pues, dejándose conducir por la oleada de dignidad política y cívica, pero también por el humor que nace del infortunio, a través de reflexiones, conversaciones y anécdotas que son, a un tiempo, autorretrato y alto periodismo.

La mirada de Goldman no es la de un extranjero, sino la de un enamorado, y tal vez por eso la imagen que proyecta de la realidad de México no solo resulta elocuente, sino inmensamente conmovedora.

«A este libro hay que agradecerle que nos devuelva la sensación de que vale la pena, a pesar de todo, vivir con intensidad los circuitos interiores de la ciudad», ha dicho el crítico Roger Bartra, y seguro que tiene razón.

«Tan furtivamente brillante que es difícil ponerlo en palabras: parte libro de viajes, parte memoir y parte reportaje sobre la política mexicana y el azote del narcoterrorismo, se trata de una obra que, en el mejor sentido de la expresión, crea su propia forma». DAVID ULIN, Los Angeles Times

«La ciudad, en esta crónica, es un ser palpitante y vivo, lleno de energía». ROGER BARTRA, Reforma

El Circuito Interior,
verano de 2012

Amor se llama
el circuito, el corto, el cortísimo
circuito interior en que ardemos.
Efraín Huerta
«Circuito interior»

El aprendiz de manejo

Entre 1998 y 2003 renté un departamento en la avenida Ámsterdam, en la colonia Condesa de la Ciudad de México. Durante aquellos años dividí mi tiempo entre ese lugar y Brooklyn, donde tenía otro departamento en alquiler. En ocasiones pasaba medio año en una u otra ciudad; otras veces, en periodos especialmente frenéticos -cuando daba clases en Estados Unidos y tenía otro trabajo ahí y un asunto amoroso en México-, iba y venía casi cada semana. La avenida Ámsterdam rodea el exuberante parque México y la estrecha calle de un solo sentido que lo circunda; por las banquetas y por el camellón que divide la avenida en dos se despliega una majestuosa procesión de jacarandas, olmos, fresnos, palmeras, truenos y árboles de hule. El camellón es un camino adoquinado que avanza en medio de dos franjas de tierra por donde la gente pasea sus perros entre arbustos y macizos de flores; en muchos cruces hay pequeños altares acristalados dedicados a la virgen de Guadalupe. Durante el día, la avenida, con su toldo de ramas, es un túnel verde del que uno emerge, como quien llega a un claro del bosque, en la glorieta Citlaltépetl, una transitada rotonda con una fuente en el centro.

En comparación con otras rotondas de la Ciudad de México, la glorieta Citlaltépetl parece tranquila, alimentada apenas por dos calles, Ámsterdam y la avenida Citlaltépetl -esta última de solo unas cuadras de largo, aunque también con un camellón arbolado-, pero en las horas pico incluso ella enloquece, cuando la Condesa se llena de tráfico y de los sonoros e impacientes cláxons de los coches que atraviesan la colonia provenientes de las grandes avenidas del rededor, o en dirección a éstas. Es entonces cuando, muchas veces, los coches que vienen del parque México empiezan a meterse en sentido contrario por la calle Citlaltépetl para tomar un atajo hacia la calle Culiacán, treinta metros más allá. Siempre que un coche se abre paso de ese modo, otros aceleran y desfilan detrás de él en un arrebato casi festivo de inocente infracción del reglamento de tránsito. Hasta que no desarrollé el automatismo de mirar a ambos lados antes de atravesar la calle, muchas veces tuve que regresar de un salto a la banqueta.

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