Ficha técnica

Título: El camino estrecho al norte profundo | Autor: Richard Flanagan | Traducción: Rita da Costa García | Editorial: Literatura Random House | Colección: Literatura random house | Formato: Tapa blanda con solapa | Páginas: 448 | Medidas: 42 X 228 mm | ISBN: 9788439731139|  Fecha: feb/2016 | Precio: 23,90 euros | Ebook: 12.99 euros |

El camino estrecho al norte profundo

LITERATURA RANDOM HOUSE

Confinado en un campo de prisioneros japonés en plena segunda guerra mundial, el cirujano Dorrigo Evans vive del recuerdo de la historia de amor que mantuvo dos años atrás con la joven esposa de su tío. Mientras los hombres bajo su mando se dejan la piel en la construcción del llamado «ferrocarril de la muerte», que pretende unir las capitales de Tailandia y Birmania, Dorrigo lucha por salvarlos de las palizas, el cólera y la inanición. Muchos años más tarde, convertido en un héroe de guerra vanidoso y mujeriego, descubrirá todo lo que perdió en esa devastadora vía hacia el norte.

Galardonada con el Man Booker, el premio más prestigioso de las letras británicas, El estrecho camino al norte profundo es una obra maestra que transita entre el amor y el terror, el coraje y el oprobio, al tiempo que nos recuerda, con su prosa hipnótica y exquisita, que las guerras generan la peor de las violencias pero también, paradójicamente, la mayor de las bondades.

Reseñas:
«Una sinfonía de ternura y amor, una conmovedora y potente historia que atrapa el peso de toda una vida. […] Una obra maestra.» The Guardian

«Una historia devastadora, terrible y traumática, un testimonio indeleble sobre la vida de los prisioneros de guerra.» Michiko Kakutani, The New York Times

«Sospecho que cuando relea esta magnífica novela me parecerá incluso mejor.» New York Times Book Review

«Richard Flanagan ha escrito un Guerra y Paz australiano.» NPR

«Ninguna novela desde La carretera de Cormac McCarthy me ha afectado como esta.» Washington Post

«Una novela de poder extraordinario, contada con destreza y tremendamente conmovedora. Construida como un clásico.» The Observer

«Una novela bella y devastadora.» The Sunday Times (London)

«Extraordinariamente bella, inteligente y perspicaz.» Booklist

 

1

¿Por qué en el principio de las cosas siempre hay luz? Los primeros recuerdos de Dorrigo Evans eran del sol entrando a raudales en una iglesia en la que estaba con su madre y su abuela. Una humilde iglesia de madera. La luz deslumbrante y él caminando en un torpe vaivén, entrando y saliendo de aquella luminosidad acogedora y trascendente para arrojarse en brazos de las mujeres. Mujeres que lo querían. Como quien se adentra en el mar y regresa a la orilla. Una y otra vez.

Dios te bendiga, dice su madre, abrazándolo y soltándolo de nuevo. Dios te bendiga, hijo.

Debía de ser 1915 o 1916. Dorrigo Evans tendría uno o dos años. Las sombras llegaron más tarde, en forma de un antebrazo erguido cuyo contorno negro se agitaba en la grasienta luz de una lámpara de queroseno. Jackie Maguire estaba sentado en la pequeña y oscura cocina de los Evans, llorando. Entonces nadie lloraba, excepto los bebés. Jackie Maguire era un hombre viejo, tendría cuarenta años, quizá más, y barría con el dorso de la mano las lágrimas que surcaban su rostro picado de viruela. ¿O sería con los dedos?

Solo su llanto había quedado fijado en la memoria de Dorrigo Evans. Era un sonido como de algo resquebrajándose. Su ritmo decreciente le recordaba el golpeteo en el suelo de las patas traseras de un conejo que se debatía en una trampa, el único sonido similar a ese que había oído jamás. Tenía nueve años, había entrado en casa para enseñar a su madre la ampolla sanguinolenta que se había hecho en el pulgar y no tenía mucho más con qué compararlo. Hasta entonces solo había visto llorar a un hombre una vez, una escena asombrosa, cuando su hermano Tom había vuelto de Francia al finalizar la Primera Guerra Mundial. Se apeó del tren, dejó el petate que llevaba al hombro en la tierra caliente del apartadero y rompió a llorar sin más.

Viendo a su hermano, Dorrigo Evans se había preguntado qué podía hacer llorar a un hombre hecho y derecho. Más tarde, el llanto se convirtió sencillamente en la afirmación de un sentimiento, y el sentimiento en la única brújula vital. Sentir se puso de moda y las emociones se convirtieron en un teatro cuyos actores ya no sabían quiénes eran más allá del escenario. Dorrigo Evans viviría lo bastante para presenciar todos esos cambios. Y recordaría un tiempo en que las personas se avergonzaban de que las vieran llorar, en que temían la debilidad que denotaba el llanto, los problemas a los que conducía. Viviría lo bastante para ver cómo se alababa a alguien por algo que no era digno de alabanza, solo porque la verdad se consideraba dañina para sus sentimientos.

La noche que Tom volvió a casa quemaron al káiser en una hoguera. Tom no dijo ni una palabra sobre la guerra, los alemanes, el gas, los tanques y las trincheras de los que tanto habían oído hablar. No dijo nada en absoluto. Aquello que siente un hombre no siempre equivale a todo lo que encierra una vida. A veces no equivale a apenas nada. Tom se había limitado a contemplar las llamas.

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