Ficha técnica

Título: El Bosco, visiones y pesadillas | Autor: Nils Büttner | Traducción:  Miguel Ángel Pérez Pérez Editorial: Alianza Literaria | Colección: Libros Singulares  | Formato: 14 x 22 cm.  | Fecha: mayo 2016 | Páginas: 208 | ISBN: 978-84-9104-369-0 | Precio: 18,00 euros

El Bosco, visiones y pesadillas

ALIANZA EDITORIAL

El Bosco ya era famoso en su tiempo por sus pinturas y creaciones fantásticas. Hoy en día se ha convertido en sinónimo de imágenes fantasmagóricas. Y a la hora de interpretar sus enigmáticas pinturas algunos remiten al simbolismo de la alquimia o sugieren la pertenencia a cultos paganos secretos. Otros tratan de entender sus mundos visuales a través de explicaciones exotéricas mientras que algunos otros intentan decodificarlos a través de métodos de psicología y de psicoanálisis.

La vida y el trabajo de El Bosco están excepcionalmente bien documentadas. En este libro, Nils Büttner recorre la trayectoria de un pintor que trabajó para los círculos más altos de nobles y cortesanos y analiza su obra en el contexto de la cultura contemporánea. Este trabajo nuevo y concienzudo se publica en el quinto centenario de la muerte de El Bosco.

La gran exposición organizada por el Museo del Prado se inaugura el próximo 31 de mayo y es uno de los grandes acontecimientos culturales de esta temporada.

Hoy sabemos que parte de lo que fue en su momento el gran corpus artístico del Bosco son sólo copias de diversa calidad. Tuvo numerosos imitadores anónimos, de entre los cuales destaca Pieter Brueghel el Viejo. Justo a mediados del siglo XVI, cuando todavía se encontraba en los inicios de su carrera, sus dibujos, que hacían gala de una inventiva que era suya por entero, fueron puestos en circulación por el editor Hieronymus Cock como si fueran del Bosco. Tal como menciona Nils Büttner en su libro, un minucioso análisis del estilo del Bosco por parte de los historiadores del arte ha resultado en una considerable reducción del número de las obras que se pueden demostrar suyas. En 1937 Charles de Tolnay daba la cifra de cuarenta y un cuadros que se sabían de él, pero en 1965 redujo el número a treinta y seis. Gerd Unverfehert dio su beneplácito a veinticinco en 1980, y Stefan Fischer sólo a veinte en 2013. El tope se ha establecido por medio del análisis científico y de la datación por medio de la dendrocronología de los paneles pintados en cuestión. Esta constante reducción de la cantidad de obras del artista ha contribuido a cambiar el enfoque de cuál es la temática de aquéllas. En lugar de escenas oscuras y fantásticas de un infierno poblado de extraños seres híbridos, ahora el énfasis se pone en temas más tradicionales de la iconografía cristiana. Este libro parte de esas fuentes y de las obras que se ha determinado que fueron realizadas por él.
UNO

Visiones y pesadillas
Hieronymus Bosch, «El Bosco», gozó de fama mundial aún en vida, y sus obras siguieron siendo muy codiciadas por los coleccionistas mucho después de su muerte. Sus cuadros no solo eran muy apreciados en los Países Bajos y España, sino también en lugares más allá de los Alpes, como Italia. Fue uno de los pocos pintores del norte de Europa que Giorgio Vasari consideró digno de mención en su muy leída colección de biografías de artistas. Vasari ensalzó la originalidad del pintor de Bolduque, citando algunos de los cuadros que conocía a través de grabados, «y tantísimas otras obras maestras de la imaginación, de carácter fantástico y libertino, que sería tedioso nombrarlas todas». Marcus van Vaernewijck, historiador de Gante, ya se había referido al Bosco de modo similar llamándolo «el creador de demonios». Ludovico Guicciardini, figura del humanismo italiano que publicó una detallada descripción de los Países Bajos en 1567, llamó al Bosco «un noble creador, famoso por sus cosas fantásticas y estrambóticas». Antes de que terminara el siglo, las imágenes que se consideraban típicas del Bosco ya eran interpretadas como indicativas de su psique. Un ejemplo temprano de esto lo podemos ver en un poema del pintor y escritor Dominicus Lampsonius que tuvo amplia difusión: 

¿Qué ve, Jerónimo, tu ojo atónito?
¿Qué la palidez de tu rostro?
¿Ves ante ti a los monstruos y fantasmas del infierno?
Diríase que pasaste los lindes y entraste en las moradas
del Tártaro, pues tan bien pintó tu mano cuanto existe
en lo más profundo del averno.  

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