Ficha técnica

Título: El arte de morir | Autores: Peter y Elizabeth Fenwick | Traducción: Francesc Rovira | Editorial: Atalanta | Colección: Memoria mundi | Encuadernación : Cartoné | Tamaño: 14x24cm | Páginas: 364 | ISBN: 978-84-943030-7-4 | Precio: 28,00 euros 

El arte de morir

ATALANTA

La muerte es el gran tabú de nuestra cultura, el gran fracaso de la civilización moderna. Los progresos en medicina nos han permitido prolongar la vida pero no nos han enseñado nada acerca de cómo morir. El enigma de la muerte sigue sin respuesta y necesitamos un nuevo Ars Moriendi para el siglo XXI.

Al igual que Consciencia más allá de la vida, de Pim Van Lommel (Atalanta, n.º 64), este libro de Peter y Elizabeth Fenwick aporta una rica y fundada documentación sobre el fenómeno del morir: visiones de los moribundos, que a menudo reciben «visitas» de familiares o amigos ya fallecidos, sueños premonitorios o clarividentes, contactos telepáticos, coincidencias sincrónicas que aparentemente no guardan relación, o las experiencias que tienen algunos enfermos mientras están clínicamente muertos; en suma, un variado conjunto de vivencias que sugieren que el ser humano no es una criatura unidimensional y que la anticuada visión mecanicista del siglo XIX que aún rige entre nosotros resulta enormemente restrictiva al considerar los estados ampliados de la mente como científicamente irrelevantes.

Sin embargo, lejos de ser provocados por la patología o los medicamentos, estos fenómenos psicológicos subjetivos del fin de la vida individual forman parte de un proceso interno estructurado, cuyo carácter «espiritual» está lleno de sentido para la persona que lo experimenta. Este libro abre un nuevo campo especulativo a todos estos fenómenos psíquicos para encontrar un significado diferente a la muerte, que nos haga perder el miedo a morir y recobrar por ello la libertad de vivir. 

I

El inicio del viaje

      El lecho de muerte y los moribundos siempre han estado rodeados de mitos, y cada cultura ha tenido, a lo largo de la historia, sus propios heraldos de la muerte. El guerrero nórdico que veía a la hermosa valquiria en el campo de batalla sabía que estaba condenado a morir. Para los Habsburgo del Imperio austrohúngaro, los cuervos, así como una Dama Blanca que se aparecía a los miembros de la familia antes de la muerte, eran el presagio de la inminente fatalidad. Los caballos y los perros negros, como los «perros de Gabriel» que vagaban por el norte de Inglaterra, e incluso las mariposas negras, en las islas Filipinas, son presagios tradicionales de la muerte. En Cornualles, se dice que, cuando los mirlos vuelan en torno a una casa en la que hay alguien enfermo, hacen las veces de heraldos de la muerte. Los pájaros -la corneja, la lechuza, el mirlo, la cacatúa blanca y, en especial, los cuervos- son tan abundantes en el folclore mortuorio que es difícil encontrar uno que no haya sido considerado augurio de la muerte en algún país o por algún grupo cultural. La atmósfera de desolación y desasosiego del cuadro de Van Gogh Campo de trigo con cuervos ha sido interpretada con frecuencia como el aviso del propio suicidio del artista, en parte porque se pensaba que había sido su última obra y en parte por la bandada de cuervos negros que vuela hacia el espectador (o alejándose de él, ya que la dirección del vuelo es ambigua). Una interesante teoría, de no ser porque el Campo de trigo con cuervos no sólo no fue la última pintura de su autor, sino que todo apunta a que Van Gogh era tan amante de los cuervos como de todos los demás seres de la naturaleza, y nunca les asignó ningún significado simbólico.

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