Ficha técnica

Título: Ejemplaridad pública | Autor: Javier Gomá Lanzón | Editorial: Taurus | Colección: TAURUS PENSAMIENTO | Fecha de publicación: septiembre de 2009 | ISBN: 978-84-306-0683-2 | EAN: 9788430606832 | Páginas: 352 | Formato: 15 x 24 | Precio: 20 €

Ejemplaridad pública

EDITORIAL TAURUS

 

La responsabilidad del ejemplo concierne a todos los hombres por igual, pues vivimos en una red de influencias mutuas de la que no podemos escapar. Pero es indudable que esa responsabilidad pesa especialmente en las personas públicas. Este libro propone la ejemplaridad, igualitaria y secularizada, como principio organizador de la democracia moderna y estudia además la especial ejemplaridad en la que incurren funcionarios, políticos y, en las monarquías parlamentarias, la figura del rey.  

 

Ejemplaridad pública

La pregunta con la que Julio Cortázar inicia Rayuela («¿Encontraría a la Maga?») se la esperaría uno más bien en el momento de mayor clímax de una novela, en su mitad más o menos, cuando han sido presentados los personajes, han entrado en conflicto y la intriga sobre sus destinos se apodera del lector anhelante. Él, en cambio, la pone atrevidamente al principio, abriendo una de las dos lecturas posibles de su libro, y yo me inspiro en ese donaire para hacer lo propio con el mío y formular sin más miramientos lo que, tomando prestada la expresión de un título de Pardo Bazán, es hoy, a mi juicio, la «cuestión palpitante».

Y la cuestión es ésta: la lucha por la liberación individual reñida por el hombre occidental durante los últimos tres siglos no ha tenido como consecuencia todavía su emancipación moral. Ha sido una causa dignísima esa pelea contra la opresión, la coacción y el despotismo ideológico que gravitaban sobre el yo, porque gracias a ella se ha ensanchado inmensa y dichosamente la esfera de la libertad individual. Un nuevo yo moderno, que había tomado consciencia de sí mismo, reclamaba sus derechos y, no sin esfuerzo, ha obtenido las garantías jurídicas y culturales que necesitaba. En nuestra época se ha consumado en una alta proporción el ideal de una civilización no represora. No digo, naturalmente, que no persistan represiones de todo género en nuestras sociedades, algunas muy graves, aún pendientes de remover, sino que la cultura vigente y la opinión pública mayoritaria las consideran ya ilegítimas: los poderes tienen capacidad para violar la libertad individual y de hecho lo hacen mil veces al día, pero ya no sin envilecerse ni desprestigiarse. 

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