Ficha técnica

Título: Ecuatoria | Autor:  Patrick Deville   | Traducción:  José Manuel Fajardo | Editorial: Anagrama | Colección:  Panorama de narrativas | Páginas: 336 | ISBN: 978-84-339-7918-6 | Precio: 19,90 euros 

Ecuatoria

ANAGRAMA

El autor de la fascinante Peste & Cólera nos brinda una epopeya coral que arranca con la controvertida inauguración en el año 2009 de un faraónico mausoleo consagrado a los restos del conde franco-italiano Pierre Savorgnan de Brazza, fundador de la capital congoleña, Brazzaville, en 1840. El relato fluye siguiendo el curso de los ríos Ogooué y Congo, en una apasionante aventura literaria que abarca dos siglos de historia: desde 1872, cuando Brazza abre la vía de colonización del África ecuatorial que transitan los personajes de la novela, hasta la actualidad. Deville nos seduce con un viaje al corazón de las tinieblas, que transcurre en el mismo lugar y tiempo en que nacerá el relato conradiano, el Congo colonial de fines del siglo XIX, a la vez que nos muestra la sombría huella de la historia de las colonias africanas en el siglo XXI.

El autor tiñe de lúcido humor y autoironía la historia de aquellos hombres que «fueron capaces de soñar que eran más grandes que ellos mismos, sembraron el desorden y la desolación a su alrededor, cubriendo sus empresas aventureras con el manto de las ideologías de su tiempo, apropiándose de aquella que podían llevar como una antorcha». Pocos escritores consiguen como Deville estar a la altura de los grandes clásicos siendo al mismo tiempo furiosamente contemporáneos.

«Un periplo errático que lleva a su narrador de Gabón a Zanzíbar tras las huellas de algunas figuras esenciales del gesto colonial -Brazza, Livingstone, Stanley, Albert Schweitzer, Jonas Savimbi-, pero también del Che Guevara, que combatió en el Congo. El libro mezcla el tono del reportaje, la historia, la investigación biográfica, bajo la pluma de un testimonio que confronta las figuras legendarias que han configurado nuestro imaginario africano y la realidad presente en el continente» (Bernard Fauconnier, Le Magazine Littéraire).

«Uno llega a preguntarse si Deville conoció realmente a esos aventureros de los que habla… Pero ¡no! Es demasiado joven para haberse cruzado con Savorgnan de Brazza o haberse dormido en la casa de Stone Town en Zanzíbar, en el momento en que Jules Verne hace despegar un globo. La conclusión se impone: Deville es un novelista fabuloso» (Le Figaro).

«En el relato aparecen Pierre Loti, el Che, Julio Verne, Albert Schweitzer, un joven Céline o algunos brillantes desconocidos. Un texto iconoclasta y caótico, como un mapa que no indicase el norte en el que es bueno perderse. ¿No consiste acaso la condición del escritor en viajar sin brújula?» (Baptiste Liger, Lire).

«En su recorrido a lo largo del Ecuador, más que pasar de un país a otro, o de una época a otra, el escritor explora las zonas fronterizas o limítrofes, también plásticas, que separan los territorios de la ficción y la no-ficción. Sus modelos: Conrad, el novelista; Gide, el intelectual; Huston, el cineasta, o el Che Guevara. El África a la que se acerca, a través de una obra híbrida, es un sujeto de estudios poscoloniales en el que el escritor crea su propio objeto de investigación, dotándose de los útiles adecuados. Así, logra cambiar la perspectiva, romper con la visión eurocéntrica» (Le Monde).

EN GABÓN

EN PORT-GENTIL

El lunes 2 de enero de 2006 la atmósfera resulta sorprendentemente clara y luminosa sobre el cabo Lopez, en la desembocadura del río Ogooué. La marea está baja. Hay avocetas que corren elegantemente sobre el espejo del limo en busca de moluscos y de otros diminutos restos, que parecen encantarles. A lo lejos se ven las maniobras de carga de los petroleros. Las rojas líneas de flotación se hunden, a medida que van llenándose las cubas, en las aguas intensamente azules de la terminal de Sogara.

Brazza sigue reposando en su tumba argelina. Las dificultades -tanto arquitectónicas como diplomáticas- no paran de retrasar la construcción de su mausoleo a orillas del río Congo.

Hay materiales de perforación desechados o en desuso invadidos por la hierba. Algunos cocoteros. Atardece frente al Atlántico Sur, en la terraza de un establecimiento mediocre y barato que disfruta del privilegio, seguramente pasajero, de carecer de cualquier tipo de aparato musical. Lo regenta una muchacha tocada con un turbante, que permanece sentada muy derecha detrás de la caja registradora. Blande como un cetro una de esas raquetas eléctricas antimosquitos que están de moda en Gabón. Las alas chamuscadas y el cortocircuito provocan el chasquido de un destello violeta. Abro L’Union, el periódico gabonés puesto a disposición de los clientes.

Éste hace saber a los lectores que el presidente de la República Francesa, después de desear lo mejor a la nación para 2006, acaba de anunciar la retirada de un texto más bien idiota, una enmienda que proclamaba el papel positivo jugado en el pasado por Francia en los territorios de ultramar. Dicha enmienda, considerada una apología del colonialismo, lleva casi un año haciendo ruido en el África francófona.

La princesa desenrosca el mango de su raqueta y alinea las pilas sobre el mostrador, señal del inminente cierre del establecimiento. A mi llegada al Hotel Hirondelle, encuentro un mensaje de Siciliano-Ko. Va a entregar su carga de troncos en el puerto maderero y a esperar la marea. Pasará la noche sobre la balsa, en medio del río. Tomaremos la piragua mañana. Me pide que le compre pan, plátanos y un cartón de cigarrillos.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]