Ficha técnica

Título: Dulce violencia. La idea de la trágico | Autor: Terry Eagleton |  Traducción: Daniel Rodríguez Gascón | Editorial: Trotta | Colección: Estructuras y Procesos. Filosofía | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-9879-224-9 | Páginas: 384 | Formato:  14 x 23 cm.| Encuadernación: Rústica |  PVP: 35,00 € | Publicación: 2011

Dulce violencia

TROTTA

Parece que la tragedia fuera un asunto desfasado en la actualidad. Su profundidad ontológica y su elevada seriedad irritan a la sensibilidad posmoderna, y su tono demasiado solemne -propio de la más aristocrática de las formas artísticas- se presenta embebido de sacrificio, falso heroísmo y una nobleza de espíritu muy masculina. Pero si cierto posmodernismo es demasiado superficial para el género trágico, cierto posestructuralismo lo toma demasiado en serio. Para la izquierda, por su parte, la tragedia exhibe un aura desagradable de dioses, mitos y cultos cruentos, de culpa metafísica y destino inexorable.

El presente libro no es un trabajo histórico sobre la tragedia, sino que aspira más bien a ser un estudio político. Parte de la convicción de que un materialismo genuino, opuesto tanto al relativismo historicista como al idealismo, ha de estar también atento a aquellos aspectos de la existencia que constituyen estructuras permanentes del ser genérico del hombre, entre las que se cuenta la realidad del sufrimiento.

La lectura política que de la idea de lo trágico propone Terry Eagleton busca iluminar la aflicción y la desesperación, el abatimiento y la desdicha del hombre contemporáneo en la era del capitalismo tardío. Pues hay ideas teológicas que pueden ser políticamente valiosas. Como afirma el propio autor: «Aunque no sea exactamente un discurso metafísico, teológico o fundacional lo que la izquierda necesita, sería provechoso ampliar sus perspectivas teoréticas y extender el circuito estrecho y repetitivo de las preocupaciones que suelen absorberla. No deberían abandonarse esas preocupaciones, sino ahondar en su resonancia». Tal es la contribución que se intenta aquí, continuando la exploración, iniciada por el autor, de la «ideología de lo estético».

 

INTRODUCCIÓN

La tragedia es un asunto desfasado en la actualidad, lo cual es una buena razón para escribir sobre ella. Sugiere guerreros viriles y vírgenes inmoladas, fatalidad cósmica y aquiescencia estoica. Hay una profundidad ontológica y una elevada seriedad en el género que irrita la sensibilidad posmoderna, con su insoportable levedad del ser. Aristócrata entre las formas artísticas, su tono es demasiado solemne y portentoso para una cultura callejera y escéptica. De hecho, el término mismo ha entrado a duras penas en el léxico posmoderno. Para algunas feministas, el arte trágico está demasiado embebido de sacrificio, falso heroísmo y una nobleza de espíritu muy masculina, una especie de versión erudita de magníficos cuentos juveniles. Para los izquierdistas en general tiene un aura desagradable de dioses, mitos y cultos cruentos, culpa metafísica y destino inexorable.

   El izquierdista excéntrico que hoy escribe sobre la tragedia suele dar por sentada una versión fuertemente reaccionaria del género, que él o ella rechazan enseguida. Esa es una extraordinaria maniobra para eludir el trabajo. Es como asumir que la filosofía no marxista niega la existencia de un mundo material para ahorrarse el tedio de tener que leerla. Jonathan Dollimore parece asumir que la tragedia versa invariablemente sobre el fatalismo, la resignación y lo inevitable1, mientras que Francis Barker censura la «celebración de una presencia soberana en forma de plenitud perdida» propia de la tragedia. Barker considera que la tragedia es inherentemente ahistórica, una cualidad que es más propia de su perspectiva que del asunto en sí. Tanto él como Dollimore esencializan el género; mientras que otros lo hacen de una manera afirmativa, ellos lo hacen negativamente.

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