Ficha técnica

Título: Dos puntos de vista | Autor: Uwe Johnson |  Traducción: Iván de los Ríos | Editorial: errata naturae | Colección: El Pasaje de los Panoramas
| Género: Novela | ISBN: 978-84-15217-12-1 | Páginas: 264 | Formato:  14 x 21,5 cm.| | PVP: 19,90 € | Publicación: 3 de Octubre de 2011

Dos puntos de vista

ERRATA NATURAE

En enero de 1961, un joven fotógrafo de la Alemania del Oeste y una enfermera de la Alemania del Este pasan una semana juntos en Berlín. Más tarde no sabrán muy bien qué les une: una aventura, un romance, una historia de amor… ¿Es en realidad un comienzo? Esta relación, aparentemente fugaz y banal, adquiere, marcada por la construcción del Muro, una trascendencia inesperada; y algo que aparentemente debería separar a los dos amantes, de algún modo los acerca.

Sin embargo, la realidad en la que vive cada personaje no tiene nada que ver con la del otro, ambos tienen «puntos de vista» muy distintos: no sólo los separa ese Muro, sino también las constantes falsificaciones de la realidad perpetradas por ambos Estados. Dividido en capítulos en los que cada uno de los dos protagonistas se alterna para narrar su historia, toda la maestría del «no decir» de Uwe Johnson se pone, en la extraordinaria Dos puntos de vista, al servicio de un discurso revelador, capaz de transmitir de forma excepcional la angustia, las mentiras y el miedo escondidos en la incomprensión.

El extraño diálogo de los dos amantes no es sólo el de los dos berlines y el de las dos alemanias: es universal. Y hoy leemos esta novela como un retrato fiel de nuestros propios miedos, de nuestro tedio y de nuestras pasiones.

Para Uwe Johnson, que formó parte del mítico Grupo 47 junto a nombres como Paul Celan, Heinrich Böll, Günther Grass o Hans Magnus Enzensberger, la literatura no formula verdades generales ni describe situaciones históricas, sino las mínimas variaciones de aquello que parece verdadero en cada situación a cada uno de sus personajes: la verdad no es sólo concreta, sino también personal.

«El 13 de agosto de 1961 los berlineses se despertaron con la ciudad dividida en dos zonas por alambradas de púas, adoquines y hormigón. La infame valla duró 28 años y se cobró cerca de 150 vidas en los intentos de fuga». Dionisio Garzón El País, 13/08/2011

«Un autor original y provocador». Ernst Pawel, The New York Times Book Review

Ningún escritor de Alemania del Este superó a Johnson al describir la vida en dicho país». Günther Grass

«Johnson dibuja con maestría a sus personajes, pero no los juzga: los deja en manos del lector». Heinrich Böll

«Nadie ha mostrado mejor los síntomas de esta enfermedad llamada Muro de Berlín». Max Frisch

«Johnson no sólo maneja su lenguaje con un virtuosismo que, posiblemente, ningún autor alemán de su generación sobrepasó, sino que no hace concesiones a los gustos y hábitos del público que lee novelas». Times Literary Supplement 

 

1

El joven señor B. logró echarle el guante a una buena cantidad de dinero y se compró un deportivo.

    Había ganado más de lo necesario vendiendo diariamente fotografías a la sección local del periódico comarcal de un pueblo del Holstein. No obstante, continuaba viviendo en un cuchitril amueblado encima del cine y conducía un coche que ya tenía diez años y del que, entretanto, habían llegado a fabricarse cinco mil unidades diarias.

    Después consiguió vender por segunda vez fotografías de los dos últimos años en un volumen que el ayuntamiento distribuía entre turistas, veraneantes, matrimonios veteranos, alcaldes en retirada y representantes de la industria. Tras los dos mil ejemplares, B. hubiese podido comprar un nuevo coche de la marca antigua. 

    Por desgracia, el negocio sólo salió adelante después de la renuncia de B. a algunas fotografías que mostraban el verdadero rostro de la beneficencia municipal con los ancianos y necesitados. Días después, mientras se afeitaba, aún retiraba el rostro al encontrar sus ojos en el espejo. Cuando se le terminaron las tarjetas de visita, ordenó imprimir su número de cuenta en la nueva tirada.

    Hábil y voluntarioso, se ponía de rodillas, se doblaba por las caderas y el espinazo, se tumbaba boca arriba y boca abajo, se acuclillaba, se agachaba, se arrodillaba, sostenía la cámara lateralmente, se la ponía encima de la cabeza y disparaba. Estaba ahorrando.

    Por fin, un deportivo con matrícula extranjera se despistó a causa de las obras veraniegas en las calles de la ciudad y, dando tumbos, terminó cayendo en la presa. El joven señor B., que fotografiaba el rescate, entabló conversación con el dueño del coche. El hombre habría aceptado menos dinero con tal de abandonar cuanto antes el vehículo accidentado y la ciudad desconocida. B. le mostró su extracto bancario, regateó sobre los costes de reparación y le dio los ahorros de cinco años a cambio del Ponton rojo y chorreante que la grúa izaba de las aguas polvorientas. B. no se consideraba supersticioso.

    La reparación también afectó al salario de los meses venideros, pero un coche semejante se presentaría una sola vez en un radio de doscientos kilómetros. Además, se extendió el rumor de las habilidades de B. para las negociaciones y éste aprovechó el impulso para subir el precio de sus fotografías. De manera que no le importó regalar el trasto viejo a aquella chica a la que en enero había abandonado por otra.

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