Ficha técnica

Título: Donde el día duerme con los ojos abiertos. Un viaje científico al Ártico |  Autor: Toni Pou  | Traductor: Rosa Alapont | Editorial: Anagrama | Colección: Crónicas | Nº páginas: 264 | Precio: 17,90 euros | Ebook: 13,99

Donde el día duerme con los ojos abiertos

ANAGRAMA

 

En el verano de 2008, Toni Pou fue seleccionado por la Federación Mundial de Periodistas Científicos, junto con catorce periodistas más del resto del mundo, para cubrir una expedición científica al Ártico canadiense a bordo del Amundsen, un barco rompehielos dedicado a la investigación científica más puntera. Este libro, a medio camino entre el libro de viajes, la divulgación científica y la crónica personal, reconstruye el viaje de este joven periodista científico, que participa en las investigaciones que se desarrollan en el barco. En un relato fresco, sencillo, lleno de anécdotas entrañables, Toni Pou nos ilustra no sólo sobre las particularidades del Ártico, sino también sobre la ciencia en general. Inteligente, sensible y muy bien escrito, Donde el día duerme con los ojos abiertos, galardonado con el Premio Godó de Periodismo de Investigación y Reporterismo, es una pequeña joya que nos transporta a un mundo lejano, evocadora de las aventuras y la épica de las expediciones polares del siglo XIX.

«Entretenida como las novelas de aventuras, personal como los libros de viajes y con la intriga de la ciencia» (Toni Hernández, Diari de Terrassa).

«El autor es físico de formación pero también está interesado por la cuestión libresca, como lo demuestra el hecho de que abra y cierre el libro hablando de literatura: de Poe, al inicio, y de Nabokov, al final. En medio, no se priva de declararse entusiasta de Gombrowicz. Por una vez, “las dos culturas” de C. P. Snow van de la mano, lo que no sucede tan a menudo como cabría desear ni en las dos direcciones» (Marc Soler, La Vanguardia).

«La formación de físico de Pou le permite divulgar los proyectos del Amundsen con amenidad y precisión. El paso por las aulas de teoría literaria y la curiosidad por la literatura ártica consiguen que Donde el día duerme con los ojos abiertos sea también un buen diario de a bordo en el que entrevistas, cenas y referencias oportunas a canciones se combinan con una mirada retrospectiva hacia los primeros exploradores árticos» (Jordi Nopca, Ara).

«Toni Pou ha conseguido un equilibrio entre intelecto y emoción. Y a través de los dos nos descubre los misterios y los atractivos del Ártico» (Salvador Llopart, La Vanguardia).  

 

 

PREFACIO

La Antártida está habitada por soñadores profesionales. Al menos eso es lo que cuenta el cineasta Werner Herzog en el documental Encuentros en el fin del mundo, donde retrata la vida de la gente que vive en el continente helado. Un filósofo que conduce excavadoras, un médico que friega platos, un vulcanólogo que viste americanas de tweed en homenaje a los primeros exploradores polares, biólogos que tocan guitarras eléctricas en lo alto de una cabaña… «Personas que, en resumen, tienen la intención de saltar a los márgenes del mapa y que se encuentran, precisamente, donde coinciden todas las líneas del mapa. Viajeros a jornada completa y trabajadores a tiempo parcial; en definitiva, soñadores profesionales.»

Nada más saber que viajaría al Ártico, me pregunté si también me encontraría con esos soñadores profesionales. Unos soñadores que son el equivalente moderno de los primeros exploradores polares, que durante siglos desafiaron el hielo, el frío y las inacabables noches polares para llegar a los dos puntos más emblemáticos del planeta. No es que yo sea un soñador profesional, pero también he tenido mis momentos de sueños polares. Recuerdo, por ejemplo, que, de adolescente, durante una noche de insomnio me topé con la Narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, en la biblioteca de mis padres. Allí mismo empecé a leer el libro y lo acabé al cabo de pocas horas. Y durante mucho tiempo fui incapaz de separar la blancura y el vacío infinitos que caracterizan las regiones polares del final misterioso de aquella historia. De hecho, todavía no estoy seguro de que pueda hacerlo. A raíz de aquella lectura reveladora, empecé a devorar libros sobre los pioneros de la exploración polar. Durante aquellas lecturas, a menudo me imaginé como un compañero de viaje más de John Franklin, Fridtjof Nansen, Robert Peary, Ernest Shackleton, Roald Amundsen o Robert Scott, en lo que tal vez sólo era una quimera de adolescente. Años más tarde, recién licenciado en Física, empecé a trabajar en la Universidad de Barcelona en un proyecto de investigación que se desarrollaba en la Antártida. De aquellos meses de trabajo recuerdo especialmente una mañana del mes de febrero en el despacho de la facultad. Rodeado de tablas de datos y mapas del Mar de Weddell, levanté un momento la cabeza y a través de la ventana vi cómo caían, con aquella suavidad tan particular, copos de nieve sobre la explanada arenosa del campus. Aquellos copos espolearon mi imaginación, que, una vez más, comenzó a volar a través del aire helado para buscar focas leopardo, fiordos de aguas cristalinas y el mismo hielo azulado de millones de años de antigüedad que debían de haber visto aquellos exploradores intrépidos o el propio Arthur Gordon Pym en la imaginación de Poe.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]