Ficha técnica

Título: Diez lecciones sobre Kant | Autor: José Gómez Caffarena | Editorial: Trotta  | Colección: Mínima Trotta | ISBN: 978-84-9879-116-7 | Páginas: 124 | Formato: 12 x 20 | Encuadernación: Rústica | PVP: 10 € | Publicación: 2010

Diez lecciones sobre Kant

TROTTA EDITORIAL

Estas Diez lecciones sobre Kant no se limitan a plasmar por escrito las enseñanzas orales de un curso universitario: son el compendio de la labor de una vida dedicada a interrogar la filosofía de Immanuel Kant. Por eso constituyen tanto una introducción destinada al no iniciado, aunque no eludan el tratamiento riguroso de las cuestiones, como una lectura rica en claves interpretativas para el estudioso, pues permiten acceder sin academicismos al horizonte de sentido de la obra kantiana. Kant, nos dice el autor, «es alguien que pensó mucho». A pensar y a filosofar de su mano es a lo que (muy kantianamente) invitan estas lecciones.

 

PÁGINAS DEL LIBRO

5.2. Moralidad y libertad

Hoy pensamos, muy justamente, que moralidad y libertad son inseparables. La clave está en ese otro término, que acabamos de estudiar con cuidado, autonomía. El pensamiento de Kant tiene en él un centro de gravedad. Hay que reconocer, no obstante, que nos queda algo no del todo claro. Introduzcamos, pues, el bisturí para analizar. Hay, recordemos, dos sentidos en autonomía:

       a) sentido más valorativo: es el más propio de la reflexión ética que seguíamos;

       b) sentido más real-físico: aquí el término usual, más que autonomía, es quizá libertad, con una definición escolástica clara: «capacidad de una voluntad que, incluso puestos todos los requisitos de actuación, puede actuar o no actuar, actuar de ésta o de aquella otra manera».

       Para una inspección bastante sencilla, también este segundo sentido, y el término «libertad», tienen obvia conexión ética. Sólo un ser libre puede ser «responsable» de sus actuaciones. Es insensato exigir responsabilidades a quien ha obrado por necesidad natural o por coacción física estricta de otros.

       La libertad es un complejo problema filosófico desde antiguo. Remite a preocupaciones humanas ancestrales, previas incluso al reflexionar humano sobre el aspecto ético de sus actuaciones y sobre su situación social como individuo en la polis. (Me refiero a afrontar los tabúes; y se comprenderá que no pueda ahora extenderme en ello…)

       Pero el recurso de Kant a la libertad plantea cuestiones que, de entrada, no tiene Kant resueltas. En la tercera de las «antinomias» planteadas en la «Dialéctica» de la Crítica de la razón pura, la antítesis dice claramente «no hay libertad», oponiéndose con ello a la ruptura que la libertad supondría en la concatenación causal que rige el Cosmos. Tenemos, eso sí, que recordar que Kant sugiere la solución de esta antinomia «dinámica» -como lo hizo con la cuarta, según ya vimos- mediante la distinción de un doble plano. La concatenación causal rige el mundo fenoménico-empírico. La libertad está en un nivel noumenal.

       Pero hay que confesar que este resultado no carece de sabor paradójico:

       El hombre fenoménico que somos (y somos conscientemente, en nuestra autoconciencia sensible), lo que concretamente sabe es que se siente obligado a la ley. A una ley que emana del hombre nouménico, que él mismo puede llegar a reconocer que es su propio fondo… Es el mismo yo en dos niveles. Ha de ejecutar empíricamente lo que decide nouménicamente. No son dos humanidades distintas. Son dos niveles que se influyen mutuamente. 

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