Ficha técnica

Título: Diccionario de Literatura para Esnobs. Y (sobre todo) para los que no lo son | Autor: Fabrice Gaignault | Ilustraciones: Sara Morante | Prólogo: José Carlos Llop | Traducción: Wenceslao-Carlos Lozano |  Editorial: Impedimenta | Colección: La Biblioteca del Pájaro Dodo | Género: Diccionario | ISBN: 978-84-15130-06-2 | Páginas: 256 | Formato:  14 x 22 cm. | Encuadernación: Cartoné con sobrecubierta en vivos colores | PVP: 24,95 € | Publicación: 2011

Diccionario de literatura para esnobs

IMPEDIMENTA

Ante nosotros tenemos un jugoso catálogo de malditos que solo una minoría selecta debería conocer: de los realistas sucios al Club de los Bigotes Largos, de Kathy Acker a los escritores de cuello vuelto, pasando por Annemarie Schwarzenbach y los amantes del periodismo gonzo. Un exhaustivo listado repleto de autores de vida desastrosa pero sublime, de dandis inveterados, de escritoras de rostro andrógino y gatillo fácil, de miembros de sectas literarias asesinas o de muertos heroicos cuya rocambolesca desaparición les catapultó al estrellato. ¿Quién es ese tipo llamado André Blanchard, que provoca crisis de espasmofilia con solo escuchar su nombre en según qué lugares? ¿Quiénes integran exactamente el Club de los Bigotes Largos? ¿Acaso un extraño grupo de moteros pilosos? ¿Es Jean de La Ville de Mirmont el más grande escritor francés del xx, tal como se afirma en diversos círculos? Fabrice Gaignault, como buen esnob, nos presenta un diccionario de literatura indispensable para todos aquellos que de algún modo sabían que existe vida más allá de las figuras impuestas por la Academia.

Una biblia para los «happy few» amantes del namedropping, que se convertirá en un manual de obligada consulta a la hora de determinar quién es quién en el exigente mundo de los entendidos de cenáculo. 

«Cuando Harold Acton visitó el barrio de los eunucos de la Ciudad Prohibida, su guía le preguntó: «¿Tienen ustedes esto en su país?» a lo cual Acton contestó: «Sí, en mi país esto se llama Bloomsbury.» Fabrice Gaignault 

En el alma humana aflora el afán de saber siempre más. Y, tras las grandes y eternas figuras del Universo Libro, nuestro santoral literario está repleto de tesoros ocultos: novelistas errabundos, poetas psicópatas, dandis relucientes, mártires de las letras, ensayistas despiadados… Autores secretos, cuya identidad no compartimos con los no iniciados. Quien más quien menos, todos sentimos fascinación por el maldito, por el elegante, por el suicida, por el fugitivo, por el bartleby.

Impedimenta se complace en presentar, inaugurando su nueva colección La Biblioteca del Pájaro Dodo, el Diccionario de Literatura para Esnobs, de Fabrice Gaignault, un glosario esencial de lo más puntero en letras, con ilustraciones de Sara Morante, donde descubrir las perlas que uno solo luce en determinados cenáculos. 

 

UN PRÓLOGO CASI ESNOB
José Carlos Llop 

Todos hemos tenido nuestros autores secretos. Escritores, contemporáneos o no, que parecía que nos hablaban solo a nosotros mientras el resto del mundo permanecía al margen -excluido- de nuestra conversación. Porque exactamente era eso lo que creíamos mantener con ellos, una conversación privada. Cuando alguno de esos autores empezaba a ser más conocido por los lectores, se reeditaba, o se traducía a tu propia lengua, el hecho de compartirlo no producía felicidad alguna, sino cierta incomodidad. Nacía ahí un sentimiento de pérdida y un recelo silencioso ante la vulgarización -o su fantasma- de lo que hasta ahora era una satisfacción íntima. De los miembros del Club de los Happy Few, ese reducto de la primera juventud. Una de las consecuencias ante el sentimiento de usurpación pública, era la expulsión de aquel autor de nuestro paraíso privado. Sin que él hubiera hecho nada para merecerlo. Sin que él hubiera logrado más que lo que quiere todo escritor. Sin que la innobleza fuera suya, sino nuestra, por pagarle de esta forma el placer y el conocimiento compartidos mientras duró esa relación, casi en solitario. He aquí, pues, uno de los rasgos del esnobismo.

   Pero no vayamos por ahí todavía. Volvamos atrás. A la ciudad de Cognac en otoño de 2006, donde yo estaba invitado a un festival de literatura. Después de uno de los encuentros nos paseamos, el crítico Olivier Mony y yo, por la exposición de libros que había junto a la estación. Sabedor de mi devoción por la escritura de Bernard Frank, Mony me acercó una biografía recién aparecida y escrita por un viejo amigo del escritor. La compré inmediatamente.

   De la complicidad del gran paseante de París -el Saint-Simon de la segunda mitad del siglo xx- hasta otros años sesenta, diferentes a los vividos por Bernard Frank: Olivier Mony tenía otro libro entre las manos en cuya cubierta aparecía Anita Pallenberg, una de las grandes musas -junto a Marianne Faithfull, Nico, Tina Aumont y tantas otras- de la cultura pop-rock. El libro se titulaba Égeries Sixties y trataba de la época en que Carnaby Street también tuvo embajada en Saint-Germain y por esa embajada circuló todo el gotha de la cultura rock, mezclándose con el París de Zouzou, Gainsbourg o Jodorowsky, a la sombra de los chaneles y los cafés de siempre. Su autor se llamaba Fabrice Gaignault y nunca había oído hablar de él. Había publicado una novela en La Table Ronde y era redactor jefe de la sección de Cultura en la revista Marie-Claire. «Te gustará -me dijo Mony-, es uno de los nuestros».

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