Ficha técnica

Título: Diario del ladrón | Autor: Jean Genet | Editorial: RBA | Colección: Narrativas | Género: Novela | ISBN: 9788490061565 | Páginas: 272 | Formato:  14 x 21,3 cm.| Encuadernación: Cartoné |  PVP: 22,00 € | Publicación: 19 de Enero de 2012

Diario del ladrón

RBA

Diario del ladrón no es tan sólo un diario, pero tampoco se puede considerar únicamente una novela. A caballo sobre la confesión y la crónica, sobre la invención y el deseo, esta obra clave de la producción de Jean Genet arrastra al lector hacia un mundo de vileza y decadencia, admirablemente trascendido gracias a un consciente poderío verbal e imaginativo que el autor maneja con plena conciencia. El protagonista pretende salvarse del mal por el propio mal. «Ética y estética del vicio» bien podría valer como subtítulo de Diario del ladrón, expresando así la posición que Genet toma ante la vida, necesariamente enfrentado con una sociedad a la que ni quiere ni puede pertenecer.

«Caído en la abyección, Genet decide asumirla y convertirla en virtud suprema. Su fallida carrera en el robo le condujo no obstante a su condición de gran escritor: a convertirse en esa bomba literaria descubierta por Cocteau y cuya potencia subversiva no tardaría en conmocionar a Sartre». Juan goytisolo, Genet en el Raval

 

PÁGINAS DEL LIBRO

El traje de los presidiarios es de rayas, en rosa y blanco. Ya que, porque el universo en que me complazco me lo dictó el corazón, lo elegí, cuento al menos con la potestad de hallar en él los numerosísimos sentidos que deseo: existe, pues, una relación estrecha entre las flores y los presidiarios. La fragilidad, la delicadeza de aquéllas son de igual naturaleza que la brutal insensibilidad de éstos.* Caso de tener que retratar a un presidiario -o a un criminal- lo ornaré con tantas flores que, al desaparecer bajo esas flores, se convertirá también en flor, gigantesca, nueva. Hacia eso que llaman el mal, llevé adelante, por amor, una aventura que me condujo a la cárcel. Aunque no siempre son apuestos, los hombres consagrados al mal poseen virtudes viriles. Con conocimiento de causa, o porque algún accidente decidió por ellos, se hunden, lúcidamente y sin quejas, en un elemento reprobador, ignominioso, semejante a aquel en que, si es hondo, arroja el amor a los seres.** Los juegos eróticos descubren un mundo indecible, que se desvela en el lenguaje nocturno de los amantes. Lenguaje tal no se escribe. Se susurra de noche al oído, con voz ronca. Al amanecer, se olvida.

 
Cuando niegan las virtudes de vuestro mundo, los criminales acceden desesperadamente a organizar un universo prohibido. Acceden a vivir en él. Hay en él un aire nauseabundo: saben respirarlo. Pero -los criminales os caen lejos-, como en el amor, se apartan y me apartan del mundo y de sus leyes. El mundo de ellos huele a sudor, a semen y a sangre. Les brinda, en última instancia, la abnegación a mi alma sedienta y a mi cuerpo. Porque cuenta con esas condiciones de erotismo es por lo que me empeciné en el mal. Esta aventura mía, que en modo alguno obedeció ni a la rebeldía ni a la reivindicación, no será hasta el día de hoy sino un prolongado apareamiento, recargado, que complica un denso ceremonial erótico (ceremonias figurativas, que conducen a presidio y lo anuncian). Si bien es la sanción, y para mí también la justificación, del crimen más inmundo, será el signo del envilecimiento extremo. 

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