Ficha técnica

Título: Diario de un incesto | Autor: Anónimo | Traducción: Iballa López Hernández | Editorial: Malpaso Páginas 128 | ISBN: 978-84-16665-91-4 | Formato: 12 x 21 cm.  | Formato: Tapa dura  Precio: 15 euros  Fecha: septiembre 2017

Diario de un incesto

MALPASO

Un libro necesario, porque nadie habla de esto.

Diario de un incesto es la historia real, contada en primera persona, de una mujer que estuvo sometida a abusos sexuales y maltratos por parte de su padre cuando aún era una niña. Es la anatomía de una mente rota, la radiografía de un alma herida y, sobre todo, una visión privilegiada de cómo alguien intenta sobrevivir y cómo se relaciona con el mundo.

El libro reúne los ingredientes que habitualmente asociamos con el diario -prosa directa, sinceridad, ausencia de sofisticación, confidencia…- con un componente de denuncia: es la historia de una mujer que desde niña se ve obligada a liberarse de cualquier estructura moral para poder sobrevivir. El lector se enfrenta, sin subterfugios de ningún tipo, a la existencia de una mujer condenada al horror de la violación y a la humillación sin que nadie la ayude o se preocupe por su suerte.  

La autora cuenta su historia sin adjetivos ni metáforas de ningún tipo. El horror, primero tiene la cara de su padre y después la de todos aquellos que acaban utilizándola. Pasado el shock del incesto inicial, el lector descubrirá que la condena al infierno no eran las agresiones de su padre, sino todo lo que llegará después.

El relato anónimo y descarnado de una mujer que sufre abusos por parte de su padre desde la infancia, narrado sin ambages y sin ahorrarle al lector ningún detalle, no podía pasar desapercibido. Poco después de su publicación, a través de las redes sociales, algunos lectores manifestaron el interés que les había producido el libro, especialmente por su valor testimonial. Otros, no supieron mirar más allá de la crudeza de los detalles de los abusos y no dudaron en calificar al libro como pornográfico, repugnante o gratuitamente morboso. Lo cierto es que la lectura de Diario de un incesto , más allá de ser perturbadora, no admite medias tintas: o fascina por su sinceridad, valor testimonial y capacidad para conjurar; o detona el mayor de los rechazos

«Imprescindible… Una de la de las más francas y catárticas descripciones del abuso infantil jamás escritas… Un retrato inquebrantable y asombrosamente ingenioso de una vida destrozada… La autora ha sido capaz de articular una experiencia que para muchas otras víctimas continúa siendo imposible de narrar.» Publishers Weekly

«Sin lugar a dudas [Diario de un incesto ], se distingue como un homenaje a lo inquebrantable del espíritu humano y al papel de la literatura como conjuro.» Rich Smith, The Stranger

«Claro y urgente.» Dwigth Garner, The New York Times

«Absolutamente necesario.» Luren Oyler, Broadly

«Aunque escribe sobre el horror, lo hace de un modo excepcionalmente claro y hermoso… La memoria nos muestra los complejos efectos del incesto.» Zosia Bielski, The Globe and Mail (Toronto) 

 

PÁGINAS DEL LIBRO

Uno de los terapeutas a quienes mentí era una mujer muy guapa cuyo padre había estudiado con Freud. Me caía bien hasta que tocamos el tema del incesto. Iba a verla los jueves por la tarde cuando estaba en la universidad. Nuestras conversaciones giraban en torno a mi familia y yo mentía acerca de la relación con mi padre. Un día me dijo que estaba preocupada porque corría el riesgo de autolesionarme. Pretendía que fuera a ver a un psiquiatra compañero suyo para que me medicaran. Salí de su consulta y no volví a verla. En las semanas posteriores a ese episodio me dejó varios mensajes en el contestador; quería asegurarse de que estaba bien. Nunca le devolví las llamadas.

En los cuentos de hadas sobre el incesto entre padre e hija –La niña sin manos, Bestia peluda, La cenicienta original, Hermanito y hermanita, Piel de asno y los relatos sobre santa Dimpna, santa patrona de los supervivientes del incesto-, las hijas, como cabe esperar, están aterrorizadas ante las insinuaciones sexuales del padre. Hacen cuanto está en sus manos por escapar. En mi caso no fue así. Un niño no puede huir, y, más adelante, cuando pude hacerlo, ya era demasiado tarde: mi padre controlaba mi mente, mi cuerpo, mi deseo. Yo lo deseaba a él. Iba a casa. Volvía a casa a por más.

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