Ficha técnica

Título: Diario de otoño | Autor: Salvador Pániker | Editorial: Mondadori  |  Género: Diario | ISBN: 9788439727996 | Páginas: 368 | Formato:  Tapa dura 14,1 x 23,9 cm.  | PVP: 19,90 € | Publicación: 17 de octubre de 2013

Diario de otoño

MONDADORI

Viaje profundamente vital al universo personal de uno de los pensadores más lúcidos, agudos y independientes del actual panorama literario y filosófico. En Diario de otoño se recogen los dietarios que el autor fue escribiendo entre los años 1996 y 1999; una esperada continuación, tras Cuaderno amarillo y Variaciones 95 de sus autobiográficos escritos, que en esta ocasión cubren un periodo realmente trascendental en su vida. «La razón crítica nos hace agnósticos; pero la misma razón crítica, conducida hasta el límite, nos abre a lo místico». Figura crucial del pensamiento vivo, Pániker reivindica el diario como género literario más adecuado para poner en orden todo su singular torrente de pensamientos, ideas, opiniones, anécdotas, crónicas sociales, reflexiones y apuntes íntimos. Un exhaustivo trabajo que constituye la culminación de una extraordinaria trilogía, sin precedentes en la tradición memorialista española.

«Si es cierto que nunca fui marxista militante, no es menos cierto que en un tiempo fui cristiano practicante, lo cual aunque menos grave, tampoco es moco de pavo.»

Si como bien apunta el autor: «Meditar es el mero acto de existir sin esfuerzo. Por el gozo puro de existir.», entonces la mirada que sobre la vida muestra en sus diarios, trasciende del mero hecho testimonial para convertirse en un ejercicio del conocimiento. A lo largo del tiempo retenido entre estas páginas, Pániker demuestra su capacidad innata para la claridad expositiva, y se vuelca en reflexiones sobre la filosofía, el lenguaje, la ciencia o el arte. Combina las observaciones de la vida cotidiana con el fino análisis, los acontecimientos más pequeños con los pensamientos de reconocidos intelectuales, sus ideas sobre el amor y la pareja con determinados planteamientos políticos, sociales o religiosos.

«-Cuando escribes tu diario, ¿piensas alguna vez en su posible publicación?

-Nunca. Uno escribe, o se deja escribir, por la necesidad inmanente de atar cabos, de reinventar la fiesta, de ritmar la sordidez del tiempo. La escritura es entonces la otra faz de la misma vida. Y me pregunto si puede vivir intensamente alguien que carezca de lenguaje.»

Las jornadas se suceden y las entradas en su diario fluyen incontenibles: si hoy ha tocado hablar de misticismo y meditación, otro día surge tratar el tema de la razón crítica y la fe. Entretanto, diversas impresiones sobre el paso del tiempo, la curiosidad intelectual, la fragilidad, la enfermedad o la madurez… su interrelación, el otoño de la existencia. Con una prosa valiente, dinámica pero siempre estudiada, despierta y libre, la filosofía de vivir que se despliega a lo largo de estas páginas está dominada a veces por la devastadora muerte que de su hija tuvo que afrontar el autor. Sus consideraciones se hacen entonces más veraces y brutales… «Demasiado real la muerte. Demasiado irreal el resto.»

«Opina Agustín que, a diferencia de su madre, yo estoy envejeciendo bien. Y sin embargo, pienso que no acabo de acomodarme a esta edad escandalosa que ya tengo, a esos achaques miserables que me acosan. ¿Qué hacer, pues? ¿Montar de una vez un nuevo libro? No sé. Quizá, mejor, volver a leer. Leer lentamente, como aconsejaba Nietzsche.»

También su espíritu crítico lo aplica Pániker a la religión, el agnosticismo, la creencia en un Dios lejano o su ausencia. Carga contra aquellas religiones, como el cristianismo, que están orientadas hacia el poder. Por otro lado, él mismo mantiene que perdió al Dios de los teólogos tradicionales para inventarse ese dios cómplice que consigue desalojar la soledad. No cree en ningún dios concreto, sino que dentro de esa mística, que comulga con lo que tiene de incomprensible la realidad, se limita a experimentar el carácter inaccesible de la misma. Las filosofías orientales le permiten entonces enfocar una espiritualidad híbrida mucho más íntima, personalizada y basada en el propio sujeto.

 

1996

2 de enero

Anoche no hubo fiesta en casa, ya casi nunca la hay, me emocionan poco los cambios de hoja de calendario, y despedí al 95 sin pena ni gloria, mirando la televisión con Goyo, tras un encuentro de baja frecuencia con la shakti, Mónica en casa de su amiga PG, yo con mis acostumbradas perplejidades, cavilando que aquí lo que más nos traiciona es el lenguaje, particularmente ese constructo del año de la nana que separa todavía sujeto, verbo y predicado, un constructo completamente inadecuado para expresar el f lujo no fragmentado de la existencia, como si el yo y el mundo pudiesen separarse.


12 de enero

Fui a la tele a hablar de eutanasia. ¿Merecía la pena haber ido? Pues no sé, quizá, depende. Juraría que algo de lo que dije, y el modo en que lo dije, ha sonado a verdadero. Lo cual ya es un punto de partida. Un colocarse en el lugar geométrico de los hombres y mujeres de buena voluntad. Por así decirlo.

     Era una mesa redonda. El bioético y jesuita Francesc Abel, un hombre honesto y algo colérico, sostiene una postura no muy distante de la mía; al final, lo que nos separa es su temor a los posibles abusos en caso de despenalización de la eutanasia voluntaria. Contraste con la rigidez ideológica de Montse M., del Opus. Me siento especialmente incómodo con esa gente del Opus, con sus sonrisas ortopédicas y su aire falso. En el tema de la eutanasia esgrimen argumentos aparentemente secularizados, pero en cuyo origen está un integrismo religioso puro y duro. Y está claro que carecen de la más mínima empatía compasiva hacia los enfermos que sufren. Que sufren sin esperanza. Piensan: Ante todo, los principios. Yo estoy en las antípodas. Al diablo los principios, y disminuyamos el horror del mundo.

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