Ficha técnica

Título: Desertores | Autor: Charles Glass | Traducción: Joan Andreano Weyland |Editorial: Ariel | Formato: 14,5 x 23 cm | Presentación: Tapa dura con sobrecubierta | Páginas: 384 |ISBN: 978-84-344-1850-9  | Precio: 23,90 euros | Ebook: 13,99 euros

Desertores

ARIEL

En la segunda guerra mundial, más de 150.000 soldados aliados desertaron. Ésta es la historia desconocida de algunos de esos hombres corrientes en tiempos extraordinarios.

«Provocadora y deslumbrante, Desertores nos ofrece una visión desde un ángulo inédito del conflicto más estudiado y sobre el que más se ha escrito de la historia.» The Boston Globe

 «Se trata del primer libro que examina de forma amplia un asunto tan sensible como el de la deserción durante el conflicto bélico, y los hechos que narra son reveladores y descorazonadores» The New York Times

Uno

Desde su más tierna infancia, se enseña a los niños estadounidenses que matar es malo, que es la peor equivocación. Psychology for the Fighting Man, Prepared for the Fighting Man Himself. Comité del Consejo Nacional de Investigación con la colaboración del Servicio Científico como contribución al esfuerzo bélico, The Infantry Journal, Washington DC (y Penguin Books, Londres), 1943, p. 349

Mientras la Gran Guerra de 1914-1918 acababa, el soldado de primera clase William Weiss abandonaba Francia con una pierna quemada por las balas alemanas, los pulmones llenos de gas venenoso y acosado por los recuerdos. Convaleciente en un hospital católico en las cercanías de Tours, el soldadito judío estadounidense se enamoró de su enfermera francesa. El romance, que lo ayudó a resistir durante cuatromeses, acabó cuando la 77ª División de Infantería, a la que pertenecía, se reagrupó en Brest para el viaje a Nueva York. En abril de 1919, cincomeses después del armisticio, Nueva York tenía poco que ofrecer a Weiss. La recesión económica de posguerra comenzaba a notarse, conforme las fábricas de armamentos despedían trabajadores y los bancos presionaban para cobrar las deudas adquiridas durante la guerra. Muchos soldados de la 77ª División habían perdido su trabajo a favor de civiles cuando entraron en el Ejército de los EE.UU. Al menos el 25 por ciento de ellos no albergaban esperanzas de tener un trabajo y no pretendían nada más que una calurosa bienvenida. Conforme zarpaban para atravesar el Atlántico, incluso la bienvenida comenzó a parecer dudosa.

Para sorpresa de los mandos de la 77ª División, el Departamento de Guerra declaró que no brindaría a los hombres el tradicional desfile de la victoria.

Sólo un mes antes, la 27ª División de Infantería, los «Cuellos Duros deO’Ryan», habíamarchado, orgullosa, por laQuinta Avenida, aclamada por multitudes en éxtasis. Tanto la 27ª como la 77ª eran divisiones procedentes de Nueva York, y eso era casi todo lo que tenían en común. Los hombres de la 27ª, todos voluntarios, en su mayoría irlandeses, eran buenos estadounidenses cristianos y temerosos de Dios. La 77ª estaba compuesta por conscriptos, inmigrantes recientes procedentes de Italia, Grecia, Rusia, Polonia, Armenia, Siria y China. El 30 por ciento eran judíos. Doce mil de ellos obtuvieron la ciudadanía estadounidense mientras luchaban de uniforme, lo que los convertía, a ojos de la mayoría de políticos de Washington, en «americanos, pero menos».

Cuando los ciudadanos de Nueva York, pese a todo, insistieron en rendir homenaje a la 77ª División, el Departamento de Guerra esgrimió toda una serie de pretextos para impedirlo. Declaró que los propios soldados preferían que no hubiera desfile. Cuando se les preguntó, los soldados, unánimemente, se mostraron a favor. Entonces el secretario de Guerra, Newton Baker, alegó las objeciones de los tenderos de la Quinta Avenida a la instalación de gradas entre las calles 97 y 98. Cuando los tribunales rechazaron la moción de los tenderos, el Departamento alegó que el desfile sería muy caro, casi un millón de dólares…, una cifra que pronto tuvo que rebajar a 80.000. Finalmente alegó que desembarcar a 30.000 hombres al mismo tiempo paralizaría los muelles.

Las mentiras del Departamento de Guerra enfurecieron a los neoyorquinos. La totalidad de los chicos de la 77ª División procedía de la metrópolis, mientras que los miembros de la 27ª, de la Guardia Nacional, procedían de sitios tan remotos como Schenectady o Albany. Se reunieron asambleas por todo Manhattan para albergar protestas. El Comité de Bienvenida a los Chicos Judíos que Regresan de la Guerra envió un telegrama urgente al secretario de Guerra Baker: «El East Side, que ha contribuido con una cuota tan importante a esta División, se encuentra irritado por negársele la oportunidad de rendir tributo a esta División (…) Le urgimos con determinación a hacer cuanto esté en su poder para que el desfile tenga lugar. Será un acto de patriotismo».8 Al día siguiente, el Comité envió un cable al presidente Woodrow Wilson «como comandante en jefe del Ejército de los EE.UU., a revocar la prohibición de desfilar a la 77ª División. La gente del East Side ha cedido gustosa a sus hijos para que luchen en Francia por su país, y desea rendir un emocionado homenaje a los chicos que regresan y a la memoria de los que duermen para siempre en tierra extranjera».9

Charles Evans Hughes, antiguo juez del Tribunal Supremo y candidato republicano a las presidenciales de 1916, presidió una reunión de los paneles del Sistema de Servicio de Selección* que habían reclutado a los hombres de la 77ª dos años atrás. «Queremos hacer por la 77ª lo que hicimos por la 27ª», declaró Hughes. «No debe haber ningún intento de discriminar a ninguno de los chicos que han ido al frente, de Nueva York o de ningún otro lugar.»

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