Ficha técnica

Título: Desaparecer de sí | Autor: David Le Breton | Traducción: Hugo Castignani |  Editorial: Siruela | Colección: Biblioteca de Ensayo / Serie mayor 86 | Encuadernación: Rústica con solapas | Páginas:202 | Dimensiones: 145 x 215 mm | ISBN: 978-84-16638-97-0 | Fecha: 2016 | Precio: 18,95 euros | Ebook: 9,99 euros

Desaparecer de sí

SIRUELA

El individuo no cesa de renacer nunca. Cambia para seguir siendo el mismo. Y puede llegar a sentir la tentación del abismo, o al menos la de desaparecer, la de ser alguien distinto o, a la inversa, multiplicarse. 

A veces ocurre que ya no deseamos comunicarnos, dejar nuestra impronta en el tiempo, ni siquiera participar en el presente; que no tenemos proyectos ni deseos, que preferimos ver la vida desde la orilla. Eso es la ausencia. 

La ausencia afecta a hombres y mujeres corrientes, llega hasta el fondo de sus seres y se apropia de ellos. Se trata de un estado particular que nos deja fuera del tejido social y en el que uno desaparece por un tiempo, pero que, paradójicamente, es necesario para seguir viviendo.

Este libro del sociólogo David Le Breton es esencial para comprender por qué tanta gente siente esa «necesidad de ausencia», opuesta al estilo de vida occidental en donde se intenta controlar todo; un mundo marcado por las obligaciones, las exigencias, los compromisos, la apariencia, el estrés, y por la búsqueda frenética de sensaciones. Es ahí donde aparece el deseo de desconectar, de hacerse invisible, de ausentarse.

 

Umbral: Difíciles identidades contemporáneas

«Nunca podrás sino desear volverte árbol a tu vez».
GEORGES PEREC, Un hombre duerme

A veces, nuestra existencia nos pesa. Nos gustaría liberarnos, aunque solo fuera por un instante, de las necesidades que esta conlleva. Darnos en cierto modo unas vacaciones de nosotros mismos para recobrar el aliento, para descansar. Aunque sin duda nuestras condiciones de vida son mejores que las de nuestros antepasados, no nos libran de su actividad esencial, consistente en darle un valor y un sentido a nuestra existencia, en sentirnos ligados a los demás, en experimentar el sentimiento de ocupar un lugar en el seno del vínculo social. La individualización del sentido, al liberarnos de las tradiciones o de los valores comunes, nos exime de toda autoridad. Cada uno se convierte en su propio amo y deja de tener que rendir cuentas a nadie más que a sí mismo. La ruptura de ese vínculo social aísla a cada individuo y lo enfrenta a su libertad, al disfrute de su autonomía o, al contrario, a su sentimiento de insuficiencia, a su fracaso personal. El individuo que carece de recursos internos sólidos para adaptarse a los acontecimientos y dotarlos de valor y de sentido, que no tiene suficiente confianza en sí mismo, se siente tanto más vulnerable y debe sostenerse por sí solo, ya que su comunidad no lo va a hacer. A menudo se halla sumido en un clima de tensión, de inquietud, de duda, que le hace la vida muy difícil. El placer de vivir no es fácil de encontrar. Muchos de nuestros contemporáneos que aspiran a aliviar un poco la presión sobre sus espaldas, a suspender el esfuerzo necesario para continuar siendo ellos mismos al hilo del tiempo y de las circunstancias, siempre a la altura de las propias exigencias y de las de los demás. Incluso cuando no pesan las dificultades, puede surgir la tentación de desembarazarse de sí mismo por un rato, para así escapar de las rutinas y de las preocupaciones. Toda descarga es oportuna porque nos da tregua por un instante.

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