Ficha técnica

Título: Derechos torcidos | Autor: Esteban Beltrán | Editorial: Debate | Temática: Ensayo | Fecha de publicación: Febrero de 2009 | ISBN: 9788483068007 | Formato: Tapa blanda con solapa | Precio: 21,90 € | Páginas: 384

Derechos torcidos

DEBATE 

 

¿Quiere usted enfrentarse al reto de retorcer sus ideas de toda la vida como si fuesen de alambre? ¿Quiere viajar con el autor a contracorriente del consenso universal sobre las ideas políticas y humanitarias? ¿Puede enfrentarse a la idea de que sociedades en todo el mundo pueden suicidarse democráticamente? ¿A la sugerencia de que en Europa se deben abrir las fronteras a la emigración en vez de cerrarlas a cal y canto? ¿Al reto de afirmar que la pobreza debe abolirse por ley como la pena de muerte y que no es inevitable? ¿A la idea de que la transición española no fue modélica, al contrario de lo que comúnmente se proclama? ¿Es capaz de sobrevivir intelectualmente a la incorrección política de pensar que todos los derechos humanos no son iguales en la realidad de la vida? ¿O de afirmar que vivimos en sociedades domesticadas con dinero de gobiernos y que la protesta política y la independencia son especies en peligro de extinción?

El mundo de las ONG humanitarias, de defensa de los derechos humanos y la cooperación al desarrollo es un pequeño enclave interconectado y poblado de expertos. Para el público en general, sin embargo, las noticias que llegan son  fragmentarias y están plagadas de tópicos y simplificaciones. Por desgracia, la realidad es mucho más compleja, las superficies nunca son lisas sino que están llenas de aristas y hasta los propósitos más nobles tienen sus efectos perniciosos. Precisamente por eso, en Derechos Torcidos Esteban Beltrán, según sus propias palabras, trata de desmontar todas esas «ideas precocinadas», esa «selva de mentiras, tópicos y medias verdades» que hacen muy confortable la vida en una sociedad.

La larga trayectoria de Esteban Beltrán le permite detectar muchos de estos tópicos y desmontar los lugares comunes sobre la pobreza, la guerra, la democracia, la pena de muerte, la inmigración o la transición española, para mostrarlos en su verdadera luz. Un ambicioso reto intelectual que busca, ni más ni menos, cambiar la forma en que miramos el mundo.

 

Imprescindible leer primero

¿Por qué está usted hojeando este libro y preguntándose si merece la pena leerlo?

Me permito sugerirle un ejercicio manual -casi insólito- que le permita tomar una decisión final. Le pido que abandone ya esta primera página, que no siga leyendo y dirija la mirada al índice del libro y lea con atención todas y cada una de las frases. Al final de su lectura quiero que se responda a sí mismo ¿estoy de acuerdo con todas o la gran mayoría de las afirmaciones?

Usted, como todos, como cada uno, tiene ideas preconcebidas cocinadas durante años con amigos de escuela, compañeretes de trabajo, o con sus hijos, ideas que vienen de sus padres, de su novio o compañera, y que se confirman diariamente en tertulias radiofónicas, en telediarios, y en los periódicos que compra o lee en internet. Son ideas que, normalmente, comparten con usted una mayoría de personas de su entorno más cercano o que, incluso, confirman encuestas oficiales, privadas o improvisadas.

Estas ideas son las piezas más importantes del mecano que articulamos a través de nuestras palabras y con ellas de ariete tratamos de convencer a aquellos que habitan territorio comanche, es decir el lugar donde viven las minorías y las perspectivas diferentes. En algunos casos estas ideas de multitudes, además, tienen una buena base teórica e histórica, y, con el tiempo, adquieren la categoría de verdad colectiva.

Un ejemplo. Yo crecí en un país que cambiaba muy rápidamente de una dictadura que no conocí hacia la democracia que tenemos. Por décadas nos sentimos (quizá todavía sentimos), como ciudadanos, orgullosos de esta transición, me recuerdo a mí mismo con una pegatina «Viva el Rey» en mi carpeta de mal estudiante universitario expresando gratitud al monarca por evitar un golpe de estado. El consenso, la flexibilidad, la renuncia a ciertos principios, el olvido de lo que ocurrió por más de cuarenta años, eran orientaciones de toda una clase política condecorada por la historia y las instituciones. Presidentes, ex presidentes, ministros, preministros, padres (no hubo madres) de la Constitución, viajaban alrededor del mundo explicando las bondades de nuestro sistema, un modelo, decían, para los países de América Latina, para los europeos de medio pelo, los del este.

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