Ficha técnica

Título: De repente llaman a la puerta | Autor: Etgar Keret | Traducción: Ana María Bejarano | Editorial: Siruela | Colección: Nuevos Tiempos. 241 |ISBN: 978-84-9841—835-4 | Encuadernación: Rústica con solapas  | Páginas: 208 |
Dimensiones: 140 x 215 mm | Precio: 18,95 euros | EPUB: 9,99 euros

De repente llaman a la puerta

SIRUELA

 

Cuéntame un cuento o te mato. Cuéntame un cuento o me muero. Así arranca la nueva colección de relatos de Etgar Keret: con una amenaza para calmar nuestra sed de historias y poder sobrellevar el día a día en este loco mundo, en el que la cara y la cruz se enfrentan continuamente, como en una banda de Möbius.
En los 38 cuentos de
De repente llaman a la puerta, hay muchos ejercicios útiles para aprender a entender otra vida, la soledad, la muerte, la violencia y el índice de Bolsa. Lleno de situaciones absurdas, de humor, de tristeza y compasión, esta colección de Etgar Keret, calificado de «genio» por el New York Times, lo confirma como uno de los escritores más originales de su generación. 

«El mejor libro de Keret hasta ahora -el más divertido, oscuro y conmovedor-. Es tentador decir que estas historias son las más kafkianas, pero en realidad son sus más keretescas.»
Jonathan Safran Foer

«Sus cuentos pueden compararse con fuentes tan diversas como Franz Kafka, Kurt Vonnegut y Woody Allen… [Keret es] un escritor muy divertido e ingenioso y en ocasiones profundo.»

Kirkus Reviews

 

 

COMIENZO DEL LIBRO

 

–Cuéntame un cuento –me ordena el hombre con barba que está sentado en el sofá de mi salón.

Reconozco que la situación me resulta bastante incómoda, porque yo escribo cuentos, pero no soy un cuenta cuentos. Y además no lo hago por encargo. La última persona que me pidió que le contara un cuento fue mi hijo, hace un año. Inventé algo sobre un hada y un ratón de campo, ni siquiera recuerdo qué, solo sé que a los dos minutos ya se había quedado dormido. Mientras que la situación de ahora es completamente distinta. Porque mi hijo no tiene barba. Ni pistola. Y porque mi hijo me pidió el cuento, mientras que la intención de este hombre es robármelo.

Procuro explicarle al barbudo que si enfunda la pistola será mucho mejor para él. Para los dos, en realidad. Porque es difícil que se te ocurra un cuento mientras te están encañonando la cabeza con una pistola cargada. Pero el tipo insiste.

–En este país –explica–, cuando quieres algo, tienes que exigirlo por la fuerza.

Es un inmigrante judío recién llegado de Suecia. En Suecia la situación es completamente diferente. Allí, cuando se quiere algo, se pide educadamente y, por lo general, te lo dan. Pero en el asfixiante y enrarecido Oriente Medio, eso no es así. A uno le basta con pasar aquí una semana para entender cómo funcionan las cosas. O para ser más exactos, para entender cómo no funcionan. Los palestinos pidieron con muy buenos modales un estado. ¿Se lo dieron? ¡Y una mierda! Mientras que cuando pasaron a hacerse saltar por los aires en autobuses cargados de niños, empezaron a escucharlos. Los colonos quisieron que se les enviara a alguien con quien dialogar. ¿Les enviaron a alguien? Otra mierda, eso es lo que les enviaron. Pero en cuanto se pusieron a repartir hostias y a lanzarles aceite hirviendo a los guardias de fronteras, los estamentos empezaron a querer tomar contacto. Este país solo entiende el lenguaje de la fuerza y no importa que se trate de un asunto de política, de economía o de una plaza de aparcamiento. Aquí solo entendemos la fuerza.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]