Ficha técnica

Título: De la ligereza | Autor: Gilles Lipovetsky  | Traducción: Antonio-Prometeo Moya Valle |  Editorial: Anagrama | Colección: Argumentos |  Páginas: 344  |  ISBN: 9788433964045 | Precio: 19,90 euros  |  Fecha:  septiembre 2016 |

De la ligereza

ANAGRAMA

La ligereza, viene a decir Lipovetsky, es la tendencia dominante en el espíritu de nuestra época (Marx habría dicho: es la ideología de nuestra época) y se manifiesta en todos o casi todos los aspectos del mundo occidental. De las artes plásticas a la industria de la energía, de la informática a las prácticas consumistas, de la educación al deporte y el cultivo del cuerpo, de la tecnología a la medicina, del diseño a las relaciones sexuales, de los imaginarios colectivos a las fantasías individuales, el fantasma de la ligereza, la miniaturización, la provisionalidad, la liberación de todas las ataduras, la evanescencia, la frivolidad y la virtualidad recorre Occidente como expresión de deseos, aspiraciones, sueños, esperanzas y utopías. La ligereza es «un valor, un ideal, un imperativo»: estamos en la civilización de lo ligero.

En el terreno de la vida personal, la primera modernidad era pesada, moralista y rigorista, buscaba compromisos e imponía obligaciones. La última modernidad ha desencadenado una revolución liberadora que sin embargo presenta una doble cara. Por un lado se caracteriza por la búsqueda y el cultivo de la libertad individual, la comodidad, la indiferencia, lo cool, la relajación interior. Pero por otro tiene contrapartidas peligrosas. Los individuos necesitan sentirse libres, pero también quieren establecer vínculos. El resultado de esta tensión es una angustia que no cesa. Tampoco cesan, antes bien crecen, la incultura de los estudiantes, las agresiones y faltas de respeto cotidianas, la desinformación de los medios de información, la inmoralidad de los representantes públicos, el número de suicidios, los neofascismos disfrazados de progresismos, la distancia económica entre pobres y ricos. Y estamos sólo en los comienzos.

Un ensayo pionero, como muchos otros del autor.

«Lipovetsky sostiene con su fuerza habitual que lo ligero no es un fenómeno de moda ni un efecto de superficie. Es un hecho social total. Hablar de «civilización de lo ligero» se ha vuelto hoy legítimo» (Roger-Pol Droit, Le Monde).

«Lipovetsky, aun a riesgo de irritar a sus lectores, no oculta los efectos aberrantes de la civilización de lo ligero» (Juliette Cerf, Télérama).

«Gilles Lipovetsky ha abordado aquí un tema que los filósofos habían pasado por alto hasta ahora» (Claire Chartier, L’Express).

 

INTRODUCCIÓN

     Jamás habíamos vivido en un mundo material tan ligero, fluido y móvil. Nunca había creado la ligereza tantas expectativas, deseos y obsesiones. Nunca había hecho comprar y vender tanto. Nunca había sonado tan justo en nuestros oídos aquello que dijo Nietzsche: «Lo bueno es ligero, todo lo divino camina con pies delicados.»

     Lo ligero nutre cada vez más nuestro mundo material y cultural, ha invadido nuestras prácticas cotidianas y remodelado nuestro imaginario. Si antes era admirado únicamente en el dominio del arte, hoy es un valor, un ideal, un imperativo en múltiples esferas: objetos, cuerpo, deporte, alimentación, arquitectura, diseño. En el corazón de la era hipermoderna se afirma por doquier el culto polimorfo de la ligereza. Su campo estaba limitado y era periférico: hoy ya no se ven sus límites, hasta tal punto se ha introducido en todos los aspectos de nuestra vida social e individual, en las «cosas», en la existencia, en los sueños, en los cuerpos.

     Durante mucho tiempo se ha dado prioridad en el dominio tecnoeconómico a los equipos pesados. Hoy se da a lo ultralige  ro, a la miniaturización, a la desmaterialización. Lo pesado evocaba lo respetable, lo serio, la riqueza; lo ligero, la baratija, la falta de valor. Ese universo ya no es el nuestro. Actualmente vivimos una enorme revolución del mundo material en la que las técnicas y los mercados reflejan mucho más las lógicas de lo ligero que las de lo pesado. Y esta dinámica va acompañada de una revolución simbólica en la que lo ligero, subestimado y menospreciado durante mucho tiempo, se carga de valor positivo. La ligereza ya no se asocia con el vicio, sino con la movilidad, con lo virtual, con el respeto por el entorno. Vivimos en la época del desquite de lo ligero, un ligero admirado, deseado, conquistador de sueños, portador de grandísimas promesas pero también de terribles amenazas.

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