Ficha técnica

 Título: David Foster Wallace Portátil. Relatos, ensayos & materiales inéditos | Autor: David Foster Wallace | Traducción: Javier Calvo Perales | Editorial: Literatura Random House | Formato: tapa blanda con solapa| Páginas: 672 | Medidas: 135 X 230 mm | ISBN: 9788439731832 | Fecha: oct/2016 | Precio: 24,90 euros | Ebook: 12,99 euros

David Foster Wallace Portátil

LITERATURA RANDOM HOUSE

David Foster Wallace Portátil es una selección exhaustiva de los relatos, artículos, ensayos y materiales lectivos del autor. Estos últimos, publicados por primera vez y precedidos por una introducción de su madre, nos dan una idea clara de lo que significaba ser alumno suyo.

Acompaña a sus legendarios relatos El planeta Trilafon y su ubicación respecto a Lo Malo, el primer cuento que publicó, inédito hasta ahora.

Y como broche final, los epílogos de una serie de reconocidos seguidores del autor hacen de esta edición un David Foster Wallace «denuestra lengua»: Javier Calvo, Luna Miguel, Antonio J. Rodríguez, Rodrigo Fresán, Leila Guerriero, Alberto Fuguet, Inés Martín Rodrigo o Andrés Calamaro contribuyen a este volumen con su acercamiento personal, emplazando al autor en nuestra cultura e iluminando su obra.

Críticas:
«En sus momentos más extremos, Wallace es Kafka en estado maniaco, Salinger medicado con fármacos eufóricos, Cheever aturdido y ensimismado por los tranquilizantes y los antidepresivos.» Javier Calvo

«David Foster Wallace crea un mundo en el que el amor -y la vida, y la felicidad, y la supervivencia- solo es posible a través de la ficción y del espectáculo.» Luna Miguel

«Vivir en un cubo de miedo, interactuar con los demás con la cabeza metida en una pecera, experimentar la fortaleza de un hielo quemado… De eso va la masculinidad repulsiva en Wallace.» Antonio J. Rodríguez

«Wallace es un escritor y, además, un idioma. Hay que aprender a hablarlo y a escucharlo y a leerlo.» Rodrigo Fresán

«Su estilo consiste en hablar poco, mirarlo todo y pasar mucho tiempo dentro de su propia cabeza, rumiando, filtrando la realidad para, después, disponer cada pieza en un puzle sofisticado y traer al mundo una foto extraordinaria.» Leila Guerriero

«DFW nombró, fundó, miró, bautizó y procesó el mundo que nos ha tocado. Nosotros, a lo más, vivimos en él.» Alberto Fuguet

«Un genio de la narrativa, capaz de emocionar y dejar sin aliento a cuantos lectores se atreven a acercarse a su inmensa obra.» Inés Martín Rodrigo

 

 

FICCIÓN

EL PLANETA TRILAFON Y SU UBICACIÓN

RESPECTO A LO MALO

Llevo tomando antidepresivos, no sé, un año ya, y supongo que me siento bastante cualificado para explicar cómo son. Están bien, de verdad, pero están bien igual que, por ejemplo, estaría bien vivir en otro planeta que fuera cálido y cómodo y tuviera comida y agua fresca: no es un mal sitio para vivir, pero tampoco es la Tierra de toda la vida, obviamente. Yo ya hace casi un año que no estoy en la Tierra, porque en la Tierra las cosas no me iban muy bien. Me van un poco mejor en el sitio donde estoy ahora, en el planeta Trilafon, y supongo que es una buena noticia para todos los implicados.

Los antidepresivos me los recetó un médico muy amable llamado doctor Kablumbus en un hospital al que me mandaron poco después de un accidente en verdad bastante ridículo, relacionado con unos cuantos aparatos eléctricos dentro de la bañera, del que realmente prefiero no hablar mucho. Como resultado de aquel incidente tan tonto tuve que ir al hospital para que me dieran asistencia médica y tratamiento, y dos días después me trasladaron a otra planta del hospital, una planta más alta y más blanca, donde estaban el doctor Kablumbus y sus colegas. Se otorgó cierta consideración a la posibilidad de aplicarme TEC, que son las siglas de «terapia electroconvulsiva», pero a veces la TEC te borra partes de la memoria -pequeños detalles como, por ejemplo, tu nombre y dónde vives-, y en otros sentidos también da bastante miedo, así que decidimos -mis padres y yo- no emplearla. New Hampshire, que es el estado donde vivo, tiene una ley que dice que la TEC no se puede administrar sin el conocimiento y el consentimiento del paciente. A mí me parece una ley estupenda. De forma que me recetaron antidepresivos; me los recetó el doctor Kablumbus, que se puede decir de verdad que solo piensa en mi bien.

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