Ficha técnica

Título: Cuentos rusos | Autor: Francesc Serés | Editorial: Mondadori | Colección: Literatura Mondadori | Género: Cuentos | ISBN: 9788439723325 | Páginas: 240 | Formato:  13,7 x 22,8 cm. | Encuadernación: Tapa blanda con solapa |  PVP: 17,90 € | Publicación: 11 de febrero 2011 | PREMIO CIUTAT DE BARCELONA DE LITERATURA 2009 PREMIO DE LA CRÍTICA 2009

Cuentos rusos

MONDADORI

Ola Yevguènieva, Véra-Margarita Abansèrev, Vitali Kroptkin, Aleksandr Vòlkov y Iosif Bergxenko son los fingidos escritores a los que Francesc Serés da vida para crear su antología con lo mejor de la literatura contemporánea rusa. Cada uno de ellos en su estilo particular da forma a un mosaico de vivencias que reflejan la Rusia de la posguerra, del comunismo, de la guerra fría y de la Perestroika. En propias palabras del «antólogo» Serés: «Después de leerlos da la impresión de que forman parte de una ficción sobre una ficción. Todo lo que sucede en sus relatos configura la historia de un territorio, de un país que podría ser del todo imaginario. Hasta la realidad: la historia de Rusia del último siglo y medio, ¿no podría ser susceptible de ser pensada como una enorme fábula? Un país tan grande que parece mentira que pueda existir, que ha escrito epopeyas de una magnitud inconcebible y que ha padecido y provocado terremotos que se perciben alrededor del globo…».

«Posee el precioso don de una prosa que promueve, con sencillez y delicadeza, una sutil melancolía. » Francisco Solano, El País

«Alta literatura.» Xavier Pla, Avui

«Se reinventa en cada libro. Sus lectores somos fieles y apreciamos las explosiones de belleza que nos reservan sus libros. » Vicenç Pgès, El Periódico de Catalunya

«Un ejercicio narrativo de primer orden. » Joan Josep Isern, Serra d’Or

«Un conjunto excelente de veintiuna narraciones breves que beben de diferentes tradiciones para contar una vez más los temas eternos de la literatura universal. » Pere Calonge, Caràcters

 

LOW COST LOVE, LOW COST LIFE  

Un cliente me grita pero yo pongo buena cara, como si me hubiese llamado guapa.

   Me llamo Raisa y soy azafata de vuelo, aunque ahora no vuelo, estoy en tierra.

   El cliente continúa gritándome. En la vida hay dos clases de personas, según Yelena, mi compañera de mostrador: los que gritan y los que callan.

   Es cierto que si le conviene decir que los hay que ganan y los hay que pierden, lo dice. Si en una comida hay quienes se atracan y quienes apenas prueban bocado, dice que hay dos tipos de hombres, los que se comerían el mundo y los que lo tirarían a la basura aunque fuese una exquisitez. Ante cualquier duda, el resumen, dos extremos sin grises. Cuidado, el café puede ser dulce o poco dulce, con una chispa de azúcar o que no haya perdido del todo su punto amargo, pero siempre será excelente o alquitrán. Si hay algún problema, me hace un guiño y murmura que el cliente es un pelma. Si se acerca un chico elegante y bien plantado, dice que es un ángel. El cliente hace años que dejó de ser un chico y además me grita. Como se nos empieza a pasar el arroz, los chicos son ángeles o plomos, no tenemos tiempo que perder. Si hay algún problema en el aeropuerto, refunfuña y refunfuña y entonces, con mucho aplomo, se da una palmada en las caderas y dice:

   -Hay dos clases de aviones, los nuestros y los de los demás.

   Los nuestros son los nuestros, claro está, los rusos.

   También dice que hay dos clases de aeropuertos, los nuestros y los europeos. Cuando se cuelgan los ordenadores, hay informáticos alemanes y rusos, una cosa u otra, o te los arreglan enseguida o ya puedes empezar a hacer el trabajo a mano…

   El cliente se va. Yelena le hace una peineta por detrás y yo la imito.

   Hace tres años que trabajamos juntas. Venía del aeropuerto de Minsk, siempre dice que cuando llegó a San Petersburgo dijo que había aeropuertos y que había aeropuertos. Antes del de Minsk había trabajado en el de Vitebsk. Hay aeropuertos, aeropuertos malos y aeródromos para avionetas de fumigar donde todavía aterrizan los Tupolev.

   A partir de aquí, su filosofía de vida está tan clara como el agua: el blanco o el negro, el bien o el mal, Moscú o San Petersburgo, Europa o Rusia, caro o barato, ricos o pobres…

   Antes éramos tres, Yelena, Gala y yo, las tres en el mostrador. Después de seis meses, Gala fue nombrada azafata de vuelo y nosotras nos quedamos en tierra. Sí, es fácil de adivinar, hay dos clases de azafatas, dijo Yelena, las que vuelan y las que caminan, que no son ni media azafata. Nosotras, ahora, llevamos el low cost de tierra. Pronto hará tres años que discutimos el peso de las maletas, repasamos billetes erróneos y atendemos señoras indispuestas que después de hartarse en San Petersburgo tienen que buscar otro vuelo. En nuestros mostradores no hay ni caramelos ni bolígrafos con el sello de la empresa («¡Hay dos clases de compañías, te lo juro, hay dos clases de compañías!»), pero nosotras tenemos de sobra en una cajita que nos regaló un auxiliar de vuelo. Aquí, según Yelena, no es necesario hacer distingos, todos los auxiliares de vuelo son gays.

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