Ficha técnica

Título: Cuentos reunidos Paul Bowles | Autor: Paul Bowles | Traducción: Rodrigo Rey Rosa, Nicole d’Amonville Alegría y Héctor Silva | Editorial: Alfaguara | Colección: Cuentos completos | Género: Cuentos | ISBN: 9788420405728 | Páginas: 512 | PVP: 24,50 € | Publicación: 24 de Noviembre 2010

Cuentos reunidos Paul Bowles

ALFAGUARA

Los cuentos reunidos en este volumen, de los que Gore Vidal dijo que estaban «entre los mejor escritos por un norteamericano», y Norman Mailer, «entre los mejor escritos por cualquiera», podrían clasificarse en distintos grupos. Algunos fueron dictados por la nostalgia de ciertos lugares, otros evocan la manera en que los habitantes de culturas extrañas ven a las criaturas del supuesto mundo civilizado; en otros, los personajes cambian su identidad de tal modo que el lector termina por preguntarse quién es quién y casi llega a convencerse de la identidad esencial de todo en el universo. Todos ellos actúan como un compendio de las virtudes narrativas de uno de los autores fundamentales de la literatura contemporánea.

«Paul Bowles es un punto de intersección en el que convergen las más importantes tendencias artísticas del siglo xx.» James Lasdun

«Todos los cuentos son una variante del relato policiaco, en el que el lector es el detective, y el misterio, la motivación de la conducta de los personajes.» Paul Bowles

 

Introducción  

Paul Bowles -«un punto de intersección en el que las más importantes tendencias artísticas del siglo xx convergen en un número improbablemente grande», como lo definió James Lasdun, uno de sus comentaristas más atinados- nació en Nueva York en 1910. Hijo único de un dentista próspero y músico frustrado, de niño su abuela materna le contó que su padre intentó matarlo a las seis semanas de haber nacido (parece que lo dejó desnudo en una canasta de mimbre bajo la nieve durante una tormentosa noche de invierno en Nueva Inglaterra o en Jamaica, Queens). Una de sus biografías cuenta que a los cinco años escribió una serie de cuentos de animales; a los quince, otra de cuentos policíacos. A los diecisiete publicó sus primeros poemas en transition, la revista internacional de surrealismo editada en París por Eugene Jolas. Un día, sin saber de antemano que iba a hacerlo -según cuenta en su autobiografía, Without Stopping [Memorias de un nómada]-, echó una moneda al aire. Si caía cara debía ingerir una botellita de Allonal para acabar con su vida; si caía cruz viajaría a Europa. La moneda decidió que viajara. (Unos setenta años más tarde yo le pregunté qué habría hecho si hubiera salido cara. Creo que la habría lanzado de nuevo -confesó-. Pero sentí que estaba protegido por la suerte.)

      Volvió a Estados Unidos. Poco después de abandonar sus estudios en la Universidad de Virginia -donde se había inscrito porque Poe había estudiado allí-, en un arrebato de cólera lanzó un cuchillo contra su padre; erró el tiro. Poco después tomó un barco de carga para volver a Europa.

      En 1931, en París, conoció a Gertrude Stein, con quien había mantenido correspondencia y la que, juzgando por las cartas del joven Bowles, estaba segura de que su corresponsal era «un caballero entrado en años» (un poco más adelante Stein llamaría a Bowles «salvaje artificial»). Frecuentó a Pound, a Cocteau, a Gide. Viajó a Berlín. Se hizo amigo de Christopher Isherwood (la heroína de Cabaret, su célebre novela, se llamaría Sally Bowles) y de Stephen Spender. Fue a Hannover para visitar el Merzbau, la famosa casa-museo de Kurt Schwitters, quien lo alojó unos días. Conoció a Krishnamurti en Holanda. De vuelta en París, Stein le aseguró que no tenía madera de poeta, y Bowles dejó la literatura y se dedicó a la música. Fue alumno y protégé de Aaron Copland, con quien visitó Marruecos por primera vez.

      Al volver a Nueva York escribió crítica de música para la revista Modern Music y el New York Herald Tribune. Además de sus propios conciertos, música de cámara y canciones, compuso ballets para Lincoln Kirstein y Merce Cunningham, música incidental para Tennessee Williams, Orson Welles, William Saroyan, y una ópera, que dirigió Leonard Bernstein. Se inscribió en el Partido Comunista (y poco después pidió, sin éxito, que lo expulsaran).

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