Ficha técnica

Título: Cuando las palomas cayeron del cielo | Autor: Sofi Oksanen | Título original: Kun kyyhkyset katosivat |Traducción: Luisa Gutiérrez Ruiz | Editorial: Salamandra |Colección: Narrativa | Tipo edición: Rústica con solapas | Páginas: 368 | ISBN: 978-84-9838-551-9 | Precio: 19,00 euros

Cuando las palomas cayeron del cielo

EDICIONES SALAMANDRA 

Libro más vendido del año en Finlandia y ganadora del prestigioso Nordic Prize, otorgado por la Academia Sueca, la nueva obra de Sofi Oksanen, Cuando las palomas cayeron del cielo, lleva camino de repetir el extraordinario éxito de Purga (Salamandra, 2011), que ha superado ya el millón de ejemplares vendidos en todo el mundo. Ambientada en Estonia durante el período anterior y posterior a la Segunda Guerra Mundial, y narrada con esa prosa ajustada y envolvente que tanto impactó a los lectores de su anterior novela, Oksanen ha escrito una cautivadora historia de intriga y amor que ahonda en los abismos del ser humano, al tiempo que expone las diversas interpretaciones que un mismo hecho histórico puede suscitar.

Contexto histórico:

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi y la Unión Soviética mantuvieron un terrible pulso por el control de los países bálticos que no solamente destruyó la estructura social y política de éstos, sino que produjo efectos físicos y morales devastadores entre la población. Narrada a través de las vidas entrelazadas de tres personas tan diferentes como irremediablemente unidas, Cuando las palomas cayeron del cielo se inspira en un personaje histórico, el enigmático y camaleónico militar estonio Edgar Meos, que llegó a estar a las órdenes de cinco agencias de espionaje distintas, tanto nazis como soviéticas, y logró salir indemne de múltiples traiciones.

Argumento:

La narración gira en torno a tres personas tan diferentes como irremediablemente unidas. Por una parte, Roland y Edgar, dos primos que, tras su paso por un campo de adiestramiento alemán en Finlandia, combaten contra la brutal ocupación soviética. Por otra, Juudit, la joven esposa de Edgar, que ha quedado atrapada entre los dos bandos y asiste, desconcertada, al júbilo que se produce cuando los alemanes toman el control del país. Así, mientras Juudit duda de las verdaderas intenciones de los nazis tanto como del futuro de su matrimonio, marcado por la falta de pasión, Roland no deja de anotar su impresiones en un diario con la esperanza de que algún día sirva para dar a conocer la verdadera historia de Estonia. Ambos comparten una extraña relación con el enigmático Edgar, que representa como nadie la infinita capacidad de adaptación de ciertas personas cuando se ven sometidas a una situación extrema.

 

PRIMERA PARTE

1941
Estonia del Norte
República Socialista Soviética de Estonia

El zumbido aumentó; sabía lo que se acercaba tras los árboles. Me miré las manos: no temblaban. A continuación tendría que cargar contra la columna de vehículos que se aproximaban y no pensaría en Edgar, en sus nervios. Con el rabillo del ojo lo vi toquetearse los pantalones con manos trémulas, en su rostro una palidez inapropiada para la batalla. Hacía poco habíamos estado entrenándonos en Finlandia y me había preocupado por su bienestar como si se tratara de un niño, pero en combate la situación cambiaba. Nuestra misión era ésta. En breves momentos empezaría. Ahora. Eché a correr, con las granadas golpeándome los muslos; cogí una de la caña de la bota, tiré de la anilla y la lancé con fuerza. La camisa del ejército finlandés que había llevado durante la instrucción en la isla seguía pareciéndome nueva, aumentaba la potencia de mis piernas. Pronto los hombres de mi país vestirían sólo uniformes del ejército de Estonia, el de nadie más, ni de los invasores extranjeros ni de los aliados. Eso es lo que perseguíamos: recuperar nuestro país.

Oía a los demás detrás de mí, la tierra que cedía ante nuestro empuje, y corrí con mayor determinación hacia el estruendo de los motores. Olía el sudor del enemigo, la saliva empezó a saberme a furia y hierro, ya era otro quien corría con mis botas, el mismo guerrero curtido que en el anterior combate había saltado a la cuneta para arrojar granadas a los del batallón de destrucción -destapar, tirar y lanzar; destapar, tirar y lanzar-, sí, se trataba de otro -destapar, tirar y lanzar-, y ese otro ahora se precipitaba hacia el enemigo. Nuestras ametralladoras apuntaban a la columna. Eran más de los que habíamos supuesto, eran una infinidad, rusos y voluntarios estonios del batallón de destrucción, y disponían de incontables vehículos y ametralladoras. Pero nosotros no nos asustamos, ellos sí: la cólera afluía a nosotros con tanta fuerza que los hizo detenerse un segundo y los neumáticos del autobús Mootor perdieron el agarre, nuestro odio los mantuvo paralizados hasta el instante en que se abrió fuego; junto a los demás, arremetí contra el autobús y los matamos a todos.

 

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