Ficha técnica

Título: Coronada de moscas | Autores: Glantz, Margo / López Cámara, Alina | Editorial: Sexto Piso | Formato: 15 x 23 cm. | Páginas: 132 | ISBN: 978-607-7781-30-1 | Colección: Narrativa Sexto Piso | Precio: 16 euros

 

Coronada de moscas

SEXTO PISO

 El verdadero viaje, según Marcel Proust, no consiste en la andanza de ningún camino sino en tener nuevos ojos. Coronada de moscas es un libro de viaje en la dimensión más profunda a la que alude el genio francés. Nos permite recorrer a ras de suelo ese majestuoso y terrible reino de lo descomunal y del absurdo que es la India. Respiramos los aromas a orines, incienso y especias; vemos las telas de colores estridentes; sorteamos a los temibles ricshos y motociclistas en Agra; vemos la blancura de los dientes y las hermosas cabelleras de los indios; asistimos a cremaciones, templos y místicos parajes como las cuevas de Ajanta o el Taj Majal; viajamos por Benares, Kajuraho, Delhi, Mumbai, Udaipur y Varanasi entre muchas otras ciudades.
Como música de fondo, siempre presente y dando textura y profundidad a la narración, está la imponente erudición de Glantz. Esa percepción fecundada igualmente por los kilómetros recorridos como por páginas, cuadros y encuentros artísticos digeridos. Los libros de Arundhati Roy, Aravind Adiga, J. R. Ackerley, Ananda Coomaraswamy, E. M. Forster, Agatha Christie y, por supuesto, de Octavio Paz nutren el relato del viaje y refuerzan la dimensión literaria como una experiencia de vida que se incrusta en nuestra mente con igual fuerza que el más nítido y evocativo de los recuerdos.

El libro lo cierran las estupendas fotografías de Alina López Cámara. El juego de espejos que realizan las imágenes y el texto, enriquecen la experiencia de lectura y elevan el propósito último de la literatura: el libre desplazamiento de la mente.

Coomaraswamy asegura que este mundo mágico no es irreal ni fantástico, es un mundo de imaginación y eternidad, visible sólo para aquellos que decidan contemplarlo con los ojos transfigurados del amor.
Al caminar por las calles, cuesta trabajo aceptarlo.

 

Comienzo del libro

 

TERNERA ACOSADA POR TÁBANOS

 

Podría describirla
¿tenía nariz ojos boca oídos?
¿tenía pies cabeza?
¿tenía extremidades?
sólo recuerdo al animal más tierno
llevando a cuestas
como otra piel
aquel halo de sucia luz
voraces aladas
sedientas bestezuelas
infamantes ángeles zumbadores
la perseguían
era la tierra ajena y la carne de nadie
tras la legaña
me deslumbró el milagro mortecino
la víspera el instinto la mirada
el sol nonato
¿era una niña un animal una idea?
ah señor
qué horrible dolor en los ojos
qué agua amarga en la boca
de aquel intolerable mediodía
en que más rápida más lenta
más antigua y oscura que la muerte
a mi lado
coronada de moscas
pasó la vida.
Blanca Varela 
 
 
Quizá peco de obsesiva. Ese pecado se agiganta cuando hablo de la India. ¿Por qué no hablas del terremoto en Chile, de la tragedia atómica del Japón, de la crisis monetaria, de la invasión aliada a Libia, de la necesidad de crear un estado palestino o de la guerra contra el narcotráfico, me preguntan discretamente mis amigos más cercanos? Sin pensarlo dos veces, de manera automática, vuelvo a las vacas, las de siempre, las que, como es sabido, abundan en el subcontinente asiático. Son sagradas aunque mal nutridas (dato que asombra a algunos de mis lectores). A veces, el polvo amarillo con que se decoran la frente los brahmanes proviene de sus excrementos, puede provenir también de la madera de sándalo cuando la tintura es roja: ¡curiosa combinación! Parecería que allí las cosas permanecerían estáticas, mejor, parecería que el tiempo fuera distinto en la India al de otras latitudes. 

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