Ficha técnica

Título: Con los perdedores del mejor de los mundos | Autor: Günter Wallraff |  Traducción: Daniel Najmías |  Editorial: Anagrama | Colección: Crónicas | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-339-2590-9 | Páginas: 360 | PVP: 21,50 € | Publicación: Septiembre de 2010

Con los perdedores del mejor de los mundos

ANAGRAMA

Günter Wallraff ha vuelto. El «periodista indeseable», el que con el alias Hans Esser se infiltró en la redacción del BILD-Zeitung, el tabloide de mayor tirada de Alemania, y denunció su absoluta falta de escrúpulos; el mismo que bajo el disfraz del obrero Alí se atrevió, en su célebre reportaje Cabeza de turco, a descender «abajo del todo» para sacar a la luz las miserables condiciones de los trabajadores extranjeros, ataca otra vez con sus viejos métodos, y algunas innovaciones tecnológicas, para mostrar el lado oscuro del supuesto mundo feliz de la opulencia y el hedonismo compulsivo.

En sus «expediciones» a los rincones más insospechados de la Alemania profunda -y no tan profunda también: ahí están la pujante Colonia, y Frankfurt, el deslumbrante centro internacional de las finanzas-, el autor descubre, entre otras cosas, cómo las empresas de márketing telefónico presionan a sus empleados para convertirlos en estafadores consumados; cómo una ciudad abandona a sus indigentes incluso en noches en que la temperatura desciende a quince bajo cero, y cómo las grandes cadenas de supermercados imponen unas condiciones de trabajo propias del primer capitalismo como si el movimiento obrero y sindical nunca hubiera existido. De película de terror cabría calificar el capítulo dedicado al mobbing empresarial orquestado con la asesoría de poderosos bufetes de abogados; por su parte, las tristes peripecias cotidianas de un «negro» en un país de blancos no por esperadas resultan menos difíciles de creer.

Maestro de periodistas, reportero lúcido, riguroso y solidario, Wallraff concluye este nuevo viaje en una nota que no puede ser sino amarga: «En un país que sigue siendo tan rico como antes, son cada vez más las personas que hoy tocan fondo.»

«Si alguien se atreve a dudar de los métodos y del diagnóstico de la actualidad que hace Wallraff, la parte contraria teme al defensor de los desclasados» (Hartmut Wilmes, Kölnische Rundschau).

«Günter Wallraff es el Zorro de los que no tienen derechos. Sus víctimas son los poderosos, los codiciosos, y a veces también el pueblo llano, del que muestra el lado cerril y brutal» (Joachim Güntner, Neue Zürcher Zeitung Online).

«En los diccionarios de lenguas escandinavas, el término wallraffen define el trabajo consistente en descubrir anomalías y situaciones penosas mediante el método del disfraz que emplea el periodista undercover. Pero en Alemania no han surgido ni los cinco ni los seis ni «la docena de Wallraffs» que pidió Heinrich Böll» (Hans Leyendecker).

«El reportero de Colonia sigue utilizando los estimulantes métodos de siempre sin hacer alarde de cinismo. Y sigue creyendo que lo grande se puede reconocer en lo pequeño, y también que es posible actuar y cambiar las cosas. Ésa es la base de toda emancipación» (Andreas Fanizadeh, die tageszeitung).

 

NEGRO SOBRE BLANCO
Un extraño entre alemanes

    Principescos son los jardines junto a los que hemos de pasar. El capitán de la barca, un tipo cachas, nos recibe en tosco dialecto sajón: «Les doy la más cordial bienvenida a bordo de mi barca. Durante el paseo rodearemos la parte principal del parque de Wörlitz, en concreto, los jardines del palacio.»

    Soy un pasajero que se ha presentado a tiempo y he sido uno de los primeros en ocupar su asiento en la barca de remos, pequeña y plana y con bancos por doquier. Me siento en la parte trasera, a mi lado todo está libre aunque en el bote hay cada vez más gente. Uno de los pasajeros, un hombre de mi edad que a primera vista no parece antipático -tipo profesor de instituto, de física y matemáticas-, se arrima con cuidado deslizándose por el banco, me mira y me pide algo como si yo fuera el camarero: «Dos cervezas.» Como no reacciono, repite: «Dos cervezas, por favor.»

    ¿Cómo se le ha ocurrido? No llevo delantal ni botellas de cerveza en la mano, ni vasos, ni un paño para la vajilla; ni siquiera estoy de pie, sino sentado, como él, y allí no hay servicio de bar ni restaurante.

    -¿No es del servicio? Nix service? -insiste.

    -No -contesto-. Nix service. -Y de momento me deja en paz.

    Sin embargo, el hecho de que yo, con una sonrisa, le haya frustrado los planes, no me hace más simpático a sus ojos. En todo caso, el señor, delgado y canoso, mantiene la distancia, aunque vamos cada vez más apretujados. El patrón de la barca pide a los pasajeros que hagan el favor de avanzar, pero el hombre objeta: «Si queremos, ésa es la cuestión. Al fin y al cabo, quiero disfrutar de este paseo», dice con aspereza. Pero el capitán no tolera excusas y vuelve a pedirlo. Y finalmente el precavido no tiene más remedio que sentarse a mi lado -«muévete un poquito»- bajo las miradas entre compasivas y divertidas de los demás.

    Debe de ser por mi aspecto. Soy negro. Llevo una peluca crespa y negra, pero, y esto es algo que ya me había desconcertado durante mis investigaciones para el papel del turco Alí, casi nadie mira de cerca y le quita a uno el disfraz, ni siquiera cuando uno sólo chapurrea alemán como «Alí» o se hace pasar por «negro».

    Durante un año entero emprendo así, disfrazado de negro, un viaje por toda Alemania, tanto por el este como por el oeste. Quiero ser uno más en las fiestas callejeras, busco piso, hago una excursión en barca, intento -con mi «familia negra»- alquilar una plaza para la caravana en un camping, entrar en discotecas y bares, me mezclo entre hinchas de fútbol y me persono ante diversas autoridades.

    ¿Cómo se vive en Alemania si uno es negro? Eso es lo que quiero averiguar.

    ¿Sigue siendo sólo un tópico la idea del carácter incorregiblemente xenófobo del alemán? ¿Conocerá mi álter ego negro la Alemania tolerante que tanto se alabó hace apenas unos años, cuando se celebró el Mundial de Fútbol 2006? ¿O al revés? ¿Descubriré que la imagen del coco, tan cuidada por la prensa sensacionalista, el estereotipo del negro que trafica con drogas, el tramposo solicitante de asilo, el delincuente, es la que prima en los sentimientos del país? Quiero, una vez más, hacer la prueba del tornasol; en una palabra, ver cómo está el patio, y siento preocupación y curiosidad a la vez.

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