Ficha técnica

Título: Con la sangre despierta | Autor: Juan Manuel Villalobos | Edición y prólogo: Juan Manuel Villalobos  | Editorial: Sexto Piso | Colección: Narrativa Sexto Piso | Género: Crónicas | ISBN: 978-849686757-4 | Páginas: 180 | Formato: 15 x 23 cm. | Encuadernación: Rústica  |  PVP: 17,00 € | Publicación: 2010 |  Con textos de: Andrew Graham-Yooll, Rodrigo Rey Rosa, Horacio Castellanos Moya, Ednodio Quintero, Santiago Roncagliolo, Rodrigo Fresán, Guillemo Fadanelli, Ricardo Sumalavia, Rafael Gumucio, Alma Guillermoprieto y Francisco Goldman.

Con la sangre despierta

(Ed.)

SEXTO PISO EDITORIAL

A golpe de tecla hoy se puede estar en cualquier parte; hacer una visita virtual a los tesoros del Louvre o dar un paseo por las tiendas de moda de la Quinta Avenida; trasladarse de un sitio a otro a gran velocidad en un solo fin de semana. La tecnología y los servicios de televisión por cable han desvanecido el aura romántica y misteriosa del encuentro, del primer encuentro. «Haberlo visto todo», «haber estado en todas partes», es una experiencia común y generalizada, de la que este libro no habla; Con la sangre despierta trata sobre la experiencia de «haberlo vivido», de haber estado allí, de haber sufrido y gozado al mismo tiempo el primer encuentro con una ciudad ajena, de haber absorbido de ella todo lo que puede ofrecer, todo lo que puede esconder, lo que nos hace quererla, admirarla, pero también, a veces, padecerla.

Como escribe Juan Manuel Villalobos en el prólogo, la ciudad que uno descubre a su llegada es uno, porque el verdadero encuentro de cada uno de los once escritores que narran su primer arribo a ese lugar desconocido, es, por sobre todas las cosas, con ellos mismos, con lo que fueron alguna vez, con lo que dejaron de ser, para fundirse y fundarse, como una ciudad, de nuevo.

El resultado son estas once crónicas, tan diversas como los autores y ciudades que las componen, en las que el lector encontrará una mirada fundacional a cada una de las urbes que acogieron a los escritores durante periodos variados. Algunos de ellos se toparon con barreras lingüísticas infranqueables, culturas hostiles e indiferentes, revoluciones en ciernes, crisis económicas e intentos de asalto, que hoy narran con la cálida nostalgia de la distancia. En todos los casos, asistimos al registro de una experiencia fresca, que exigía permanecer en todo momento alerta o, en otras palabras, «con la sangre despierta».

 

CARACAS, 1975
Rodrigo Fresán 

VAINA. En el principio era La Palabra.

     Y La Palabra era vaina.

     Y, sépanlo, vaina signifi ca cualquier cosa. Todas las cosas y ninguna.

     El Absoluto y la Nada.

     Vaina como mantra y ábrete-sésamo y abracadabra.

     Vaina como START y ON y OFF y THE END y (TO BE CONTINUED…).

     Es más, vaina no era (y, seguro, sigue siendo) una palabra sino todo un idioma en sí mismo. Una lengua deshidratada que se expandía al infinito al ser humedecida por la saliva y pronunciada por la boca.

     «Qué vaina.»

     «La vaina esa.»

     «Pásame la vaina.»

     «¿Y qué vaina te dijo?»

     Decir vaina era como contestar a todos los interrogantes del universo sin responder gran cosa.

     De algún modo, tanto tiempo después, poco y nada me cuesta pensar en el Big Crack como «la vaina esa que me pasó una vez».

     Pero no.

     El Big Crack no es «la vaina esa».

     El Big Crack es esa vaina.

     Una de las vainas más grandes que me pasaron en la vida.

     Y el Big Crack me pasó en una ciudad llamada Caracas.

 

PREGUNTAS. «¿Y tú qué le dijiste?» «¿Y él qué te dijo?» «Pero… ¿Y tú que le dijiste?» «Ah… ¿Y él que te dijo?» Y así hasta el infinito, hasta el fi n de los tiempos, en una espiral marca Ionesco & Beckett. Así, en mi sketch cómico favorito de un programa no demasiado gracioso (y demasiado bestial y chabacano para alguien que se había educado en Buenos Aires con Hupumorpo y Tato Bores y hasta con el delirio espontáneo de Alberto Olmedo) de la televisión venezolana considerado un clásico: «Radio Rochela».

     Entro en la Wikipedia en busca de información y allí me encuentro con que «Radio Rochela» tiene el Récord Guinness «al programa humorístico más longevo a nivel mundial». Más de cuarenta años y sumando. Todos los lunes, a las 20.00, por Radio Caracas Televisión, ahora clausurada por antibolivariana o algo por el estilo, creo.

     Leo la entrada de la Wikipedia pero, entre los sketches allí mencionados, no parece fi gurar mi favorito. No importa. Lo recuerdo perfectamente: una especie de vieja desdentada escuchaba con atención lo que alguien le contaba y no dejaba de preguntar «¿Y tú qué le dijiste?», «¿Y él qué te dijo?», «Pero… ¿Y tú que le dijiste?», «Ah… ¿Y él que te dijo?», mientras el narrador iba poniéndose cada vez más nervioso hasta que estallaba, insultaba a la vieja, y salía de cámara gritando y desesperado mientras ésta le preguntaba: «Pero oye… ¿Y tú qué le dijiste?»

     Y aquí estoy yo, ahora, tantos años después, intentado contar qué vaina me dijo la vaina esa.

     La vaina -sea lo que sea la vaina- es Caracas.

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