Ficha técnica

Título: Como una moto. La vida galopante de John Belushi | Autor: Bob Woodward | Editorial: Global Rhythm | Colección: Polirritmos | Traductor: Miquel Izquierdo | Páginas: 528 |PVP: 25,50 euros | ISBN: 978-84-96879-41-6

Como una moto. La vida galopante de John Belushi

GLOBAL RHYTHM

 

John Belushi murió a los treinta y tres años ejecutado por su volcánica exuberancia (y por una exuberante dosis de speedball) en un lujoso hotel de Sunset Boulevard. Esa muerte es el arranque de una indagación que conducirá a Bob Woodward, cobestia negra de Richard Nixon, hasta las aromáticas vísceras del show business norteamericano. Para relatar la portentosa vida del humorista y plasmar la estridente fanfarria que rodeó su ascensión y su tragedia, el infatigable reportero tuvo que manejar un heterogéneo aluvión de materiales (diarios, cartas, inventarios, facturas, diagnósticos, etc.) y, sobre todo, entrevistar extensamente a una caterva formada por 217 celebridades, fantasmas y medianías: la viuda del difunto, compañeros de armas y fatigas como Dan Aykroyd, actores y directores como Chevy Chase, Robin Williams, Carrie Fisher, Spielberg o Jack Nicholson, prohombres de la industria cinematográfica, policías, matones, traficantes, músicos, vividores y otros interesantes especímenes del submundo adherido a las candilejas.

Todos sabían que el bólido se dirigía al abismo, pero sus amigos fueron incapaces de detenerlo y sus satélites siguieron proporcionándole el combustible que lo mantenía en marcha (una marcha, por cierto, tan ruidosa como rentable): la «gran vida» de Nueva York o Hollywood tenía esos feroces inconvenientes. Bob Woodward dibuja en este libro un meticuloso, conmovedor y en ocasiones despiadado retrato de una época y de un individuo que vivió demasiado y lo perdió todo a manos de su insaciable antojo.

 

1.

Chicago. Viernes 6 de julio de 1979. Judy Jacklin Belushi, esposa del cómico John Belushi, se levantó con una resaca atroz sintiendo que iba a estallarle la cabeza. La fiesta del 4 de julio se había prolongado hasta el día 5: un partido de los Chicago Cubs, los fuegos artificiales desde un tejado, una gira nocturna por la ciudad con John, una visita a Second City -el famoso teatro de comedia improvisada en que él había trabajado-, los bares de antaño, jugar al millón, y la cocaína, que ella había rechazado, pero que John había tomado. En esta ocasión, la cocaína la había suministrado el productor cinematográfico de John, Robert K. Weiss, un gigante barbudo.

John estaba en Chicago para empezar a trabajar en Granujas a todo ritmo, una comedia musical sobre dos tipos enrollados y su banda de blues. Mantenerle alejado de las drogas era ya lo bastante difícil como para que encima los responsables del plató aportaran sus propias reservas. Judy llamó a Weiss enfurecida.

-¡No le pases la puta coca! -vociferó.

John no podía controlarla. Estaban intentando expulsarla de sus
vidas. Ella llevaba seis semanas de abstinencia, iba a superarlo. John
también podía, pero necesitaba ayuda.

-Con la cocaína, va a cargarse la película -dijo Judy.

Weiss también se la jugaba.

-Es tu carrera -alegó ella-, pero es mi vida.

Weiss adujo que desconocía que el problema de John con las drogas
fuera tan grave. 

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