Ficha técnica

Título: Como todo acabo y volvio a empezar | Autor: E.L Doctorow  | Editorial: Miscelánea | Género: Novela | ISBN: 9788493864477 | Narrativa extranjera contemporanea | PVP: 16,90 € | Publicación: 2013

Cómo todo acabó y volvió a empezar

MISCELÁNEA

Una efectiva y veraz historia sobre la cobardía y la maldad. The Washington Post Hard Times es el nombre de una pequeña población de las colinas del territorio de Dakota. A esta localidad llega un día uno de los sociópatas temerarios que deambulan por el Oeste para matar, violar y robar. Blue, quien actúa como alcalde, acoge a dos víctimas de la carnicería: un chico Jimmy y una prostituta, Molly, quien ha sufrido lo indecible, y los convierte en su familia provisional. Blue empieza la reconstrucción de Hard Times, les abre las puertas a nuevos vecinos, mientras que Molly espera el momento de su venganza. E.L Doctorow recrea una frontera aterradora y la puebla con una serie de personajes que incluyen putas y santas, asesinos ysanadores, rusos locos, suecos silenciosos y nativos americanos que iluminan y revelan el Oeste al mismo tiempo que consigue un fiel retrato del nacimiento de una América que surge de la lucha y lo salvaje.

 

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El Hombre de Bodie se echó gaznate abajo media botella del mejor whisky que tenían en el Sol de Plata; así se limpió de polvo la garganta y se sintió más dispuesto a sonreír cuando Florence, la pelirroja del lugar, avanzó hacia él por la barra. Sí, se volvió y sonrió a la chica. Estoy seguro de que Florence jamás había visto un hombre tan alto y corpulento. Antes de que ella pudiera decir la primera palabra, el recién llegado alargó el brazo, metió la mano en el cuello de su vestido y se lo rasgó hasta la cintura, con lo que surgieron de un brinco sus pechos, desnudos bajo la luz amarillenta. Todos echamos hacia atrás nuestras sillas y nos levantamos a un tiempo: ninguno de nosotros había tratado ni mirado nunca de aquella manera a Florence, a pesar de que ella era lo que era. El saloon estaba lleno porque habíamos estado observando largo rato al tipo antes de que llegara al pueblo y entrara allí.

     El pueblo pertenecía al territorio de Dakota, y en tres de sus lados -este, sur y oeste- solo había millas y millas de llanuras. Por eso pudimos verlo llegar. Lo que más solía verse en aquellas extensiones era el movimiento del polvo en el horizonte de levante a poniente: caravanas de carretas que mellaban los confines de las llanuras con sus ruedas y dejaban detrás de ellas una larga nube de polvo, como una masa de excrementos sobre el borde de la tierra. Cuando un hombre cabalgaba hacia nosotros, levantaba en el aire un abanico que se ensanchaba cada vez más. Hacia el norte se alzaban colinas rocosas, y los filones que en ellas había eran un pretexto para la existencia del pueblo, aunque no un pretexto muy bueno. En realidad, no había otra excusa para que el pueblo estuviera en aquel lugar más que la natural necesidad de la gente de vivir acompañada.

     Así pues, cuando él entró en el Sol de Plata, varios de nosotros estábamos allí esperando para ver de quién se trataba. Era una insensatez porque, en esta tierra, es orgullo de todo hombre el no prestar atención a nada; por tal motivo, cuando el tipo le hizo aquello a la chica y se volvió para sonreírnos entre dientes, miramos hacia otro lado, tosimos o nos sentamos.

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