Ficha técnica

Título: Comer con cabeza | Autora:  Élise Desaulniers | Traducción: Teresa Lanero Ladrón de Guevara | Editorial: Errata Naturae | Colección: Libros salvajes | Formato: 14 x 21,5 | Páginas: 272 | Fecha: sep/ 2016 | ISBN: 978-84-16544-20-2 | Precio: 18,90 euros

Comer con cabeza

ERRATA NATURAE

La autora de este libro no es nutricionista, ni agrónoma, ni ganadera. Es una de las periodistas de investigación más prestigiosas de la actualidad, ganadora del Gran Premio de Periodismo Independiente 2015 de su país, Canadá. Pero, ante todo, Élise Desaulniers es una treintañera a la que, como nos ocurre a muchos, nadie había enseñado a comer con cabeza. Hasta que un buen día, como buena periodista, comenzó a hacerse preguntas. La primera de ellas: ¿qué significa comer con cabeza? Alimentarse de manera saludable, por supuesto, pero también alimentarse de manera responsable, sostenible, ética. Y esta respuesta cambió su vida y, de paso, dio origen a este fascinante libro.

Élise Desaulniers empezó entonces a investigar sobre la manera en que comemos: sobre las consecuencias que la alimentación actual tiene en nuestra salud, por supuesto, pero también en la del planeta. Así aprendió que comer con cabeza es conocer y rechazar las malas prácticas (cuidadosamente ocultas) de la ganadería industrial, de los fabricantes de pesticidas o de las multinacionales productoras de Organismos Genéticamente Modificados. Igualmente, comer con cabeza es enfrentarse al sufrimiento animal y a las demás consecuencias del consumo de carne (crecimiento de las tasas de deforestación, contaminación y calentamiento global). Y, además, comer con cabeza es tener en cuenta que nuestras elecciones alimentarias también están relacionadas con la explotación laboral y la perpetuación de la desigualdad social.

Éste, por tanto, es un libro para aprender a comer con cabeza, en un sentido dietético y también en un sentido ético. Es un libro reflexivo y práctico, inteligente y comprometido, pero sin dogmatismos ni acusaciones. Un libro que aúna el rigor de una gran periodista, el estilo de una excelente escritora y el buen humor de Élise Desaulniers. Comemos tres veces al día, y cada vez que lo hacemos nos jugamos mucho: nosotros, el resto de seres vivos y el planeta en su conjunto. ¡Merece la pena comer con cabeza!

PRÓLOGO

¿Puede cambiarte la vida un amigo que llega tarde? En mi caso, la respuesta sería afirmativa. Fue en 2008, durante un bonito día de primavera. Llegué la primera a la cita y conseguí sentarme en la terraza, en la calle Ontario. Un momento después, recordé que tenía unos libros en el bolso. Llevaba encima el paquete que acababa de recoger en correos para mi pareja, profesor de filosofía. Entre dos títulos oscuros se encontraba un gran volumen negro que olía a nuevo, con un gorila en la cubierta: Ética animal* . ¡Seguro que era más interesante que ver salir de clase a los estudiantes del instituto del Viejo Montreal! Hojeé varias páginas y me sumergí en un capítulo sobre la ganadería industrial. Cuando llegó mi amigo, unos veinte minutos más tarde, tuve que cerrar el libro sin haber terminado la lectura. Pero ya sabía suficiente. No quería volver a comer carne.

¿Qué como?

«¿Qué como?». Quizá ésta sea la pregunta que más veces me he planteado en mi vida. «¿Qué me pongo hoy?» * Jean-Baptiste Jeangène Vilmer, Éthique animale, París, Presses universitaires de France, 2008. 12 13 sería una buena rival, ¡sólo que durante toda la educación secundaria llevé uniforme! Aunque es cierto que en secundaria tampoco me hacía demasiadas preguntas sobre mi alimentación. Mis padres me daban una asignación de treinta dólares canadienses a la semana para comer en la cafetería. Como muchos compañeros de mi edad, me di cuenta de que podía ahorrar unos dólares al día si me limitaba a tomar una bolsa de patatas fritas y una Coca-Cola; de este modo, al acabar la semana me compraba un cd con el dinero ahorrado.

Ya en la universidad, me encontré viviendo sola en un apartamento y, al ver que mi primera compra se echaba a perder en la nevera, me di cuenta de que no sabía cocinar. La cuestión «¿qué como?» pasó a ser un tema acuciante. Con toda mi buena intención, corrí a comprar ¿Qué comemos?, editado por Les Cercles de Fermières du Québec. Ese gran libro verde (que sigue estando en librerías, aunque diez dólares más barato de lo que pagué en su época) recopilaba recetas clasificadas según el tipo de alimento: cerdo, pollo, legumbres, pasta, etc.

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