Ficha técnica

Título: Ciudad de Bohane | Autor: Kevin Barry | Traducción: Javier CalvoIlustración: Oriol Tuca Vancells | Editorial: Rayo Verde  | Páginas: 312 | ISBN: 978-84-15539-88-9 | Precio: 20,00 euros | Ebook

Ciudad de Bohane

RAYO VERDE

La Ciudad de Bohane es la gran protagonista de esta historia. Viciada de violencia, avaricia y corrupción, es el escenario de una guerra de bandas que combaten por el control de la ciudad.

Logan Hartnett y su banda la han dominado durante años de calma, pero hay rumores de que su viejo rival, Gant Broderick, está de vuelta y quiere reconquistar el poder de la ciudad y el corazón de Macu, esposa de Hartnett. Los Cusack de Las Lomas, enemigos ancestrales del Cotarro de Hartnett, también intentarán aprovechar este posible momento de debilidad. La adolescente fatal Jenni Ching, su novio Lobato Stanners o la nonagenaria Nena harán también sus movimientos para decidir el destino de la Ciudad de Bohane.

En su primera novela, Kevin Barry se revela como un autor visionario que aúna las influencias del cine y la novela gráfica a la mejor tradición literaria irlandesa.

El lenguaje, con el que el autor ha experimentado para crear un dialecto, la sensación de peligro y, a veces, el humor, hacen de Ciudad de Bohane una novela trepidante, una de esas obras de género que se convierte en alta literatura.

Barry es una promesa literaria, un gran contador de historias. Los personajes tienen todos los registros. Pero, ante todo, es una maravillosa mezcla de pasado, presente y futuro imaginario. Scarlett Thomas, The Guardian

La extraordinaria primera novela de Kevin Barry está llena de maravillas literarias, en cuanto al lenguaje, a la invención y a la sorpresa. Brutalidad salvaje. Y humanidad. Y dolor permanente de la tragedia. Pete Hamill, The New York Times           

Exuberante creación atmosférica. Basada en una multitud de influencias. Un lugar muy entretenido para perderse. Metro        

La extraordinaria primera novela de Kevin Barry está llena de maravillas literarias, en cuanto al lenguaje, a la invención y a la sorpresa. Brutalidad salvaje. Y humanidad. Y dolor permanente de la tragedia.

El éxito de Ciudad de Bohane como novela reside, en gran medida, en el lenguaje, que nos permite entrar y salir del variopinto grupo de personajes, cargados de brutalidad, en unos casos, y de vulnerabilidad, en otros. Vanessa Blakeslee, The Kenyon Review           

Hilarante e impredecible. Destinado a ser una verdadera estrella literaria. Roddy Doyle

Barry es tan bueno que nada puede detenerlo. David Guterson

La naturaleza del trastorno  

Lo que nos pasa, nuestro problema, viene del río. No hay duda: esta peste a maldad que contamina el aire de la ciudad es una peste que viene del río. Estamos hablando del río Bohane. Una explosión maléfica de aguas pútridas que baja bramando de las ciénagas del Gran Páramo, que es lo que engendró la ciudad y le dio su nombre: la Ciudad de Bohane.

     Caminaba por los muelles e inhalaba la dulce maldad del río. Ya era pasada la medianoche en el puerto de Bohane. Sus pisadas eran regulares, tenían un ritmo de cuero sobre piedra, tranquilo y lento, y las farolas del muelle encendían en plena noche una neblina verde, una luz de sueño triste. Para Hartnett el rugido del agua era el rugido de su propia sangre, y cuando pasó por los almacenes de mercancías, los perros guardianes iniciaron una secuencia de aullidos por todo el puerto. Mirad a los perros: los pelos del lomo erizados, los ojos amarillos y lívidos.

     Sabíamos que se acercaba por los aullidos de los perros.

     Los polis se quedaron mirándolo, de lejos: un par de polis montados que daban de beber a sus picazos en un abrevadero del Barrio del Humo. Recién salidos de la escena de un apuñalamiento. 

      -¿Lo ves?-dijo uno-. El cabrón del Albino.

      -Pon en hora tu reloj con él-dijo el otro.

      Albino era como lo llamaban algunos, otros lo conocían como el Capo: él dirigía el Cotarro de Hartnett.

      Tomó un atajo desde el muelle y se adentró en el Dédalo, el infame Dédalo de Bohane, un laberinto de lo más maligno, una maraña impenetrable de calles. Hartnett tenía la típica pinta del Dédalo: arrogante, con un abrigo Crombie de lo más sofisticado, echado informalmente sobre los hombros de un traje Italianini de mohair gris claro. Su dentadura era un cementerio asaltado por vándalos, sí, pero todos cargamos con nuestras cruces.

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