Ficha técnica

Título: Cinco esquinas | Autor: Mario Vargas Llosa | Editorial: Alfaguara | Colección: Hispánica | Formato: Tapa blanda con solapa | Páginas: 320 | Medidas: 152 X 235 mm
Fecha: mar/2016 | ISBN: 9788420418964 | Precio: 20,90 euros | Ebook: 12,99 euros

Cinco esquinas

ALFAGUARA

Corren los años noventa y Lima se desangra entre los secuestros extorsivos y la violencia de Sendero Luminoso. El toque de queda obliga a Chabela a quedarse a dormir en la casa de su amiga Marisa. Y así, en medio de la noche, casi por casualidad y sin previo aviso, nace una pasión inconfesable. Las amigas se transforman en amantes.

Marisa está casada con el exitoso empresario minero Enrique Cárdenas, Quique para los amigos. Uno de ellos y muy bueno es Luciano, el marido de Chabela, un intachable y conservador abogado. Ambas familias representan lo mejor de la sociedad limeña. Y mientras las amigas se entregan a su aventura amorosa, Quique recibe en su oficina a Rolando Garro, el inescrupuloso director del semanario amarillista Destapes, que viene a enseñarle las comprometedoras fotografías de una orgía en la que el empresario participó hace tiempo y quiere olvidar. En principio, el periodista no parece dispuesto a extorsionarlo, pero la reputación de Quique está en juego y angustiado recurre a su amigo Luciano. Juntos
deciden esperar la próxima jugada de Garro que no tarda en llegar. 

Cuando Quique lo despacha con cajas destempladas y Garro publica las fotografías estalla finalmente el escándalo. Como si fuera poco, al día siguiente el cadáver de Garro aparece en el marginal barrio limeño de Cinco Esquinas. Y es allí donde irrumpen dos personajes cruciales. Por un lado, Juan Peineta, un anciano recitador de versos y mediocre excómico televisivo al que Garro llevó a la ruina en otra época con sus hirientes artículos y al que intentarán cargarle el crimen. Y por el otro, Julieta Leguizamón, alias Retaquita, implacable reportera y fiel discípula de Garro, que no se detendrá hasta conocer la verdad sobre el asesinato de su jefe.

Sus denuncias van contra Enrique Cárdenas pero todo se alterará cuando la Retaquita reciba una inquietante llamada del Doctor, verdadero hombre fuerte en la sombra del régimen de Alberto Fujimori…

Cinco esquinas es una gran novela coral de ágiles diálogos y ritmo vertiginoso en la que el autor se sirve del marco y de algunos elementos del género negro -como bien hizo en el pasado con novelas como ¿Quién mató a Palomino Molero?, Lituma en los Andes o incluso la reciente El héroe discreto- para llevar el relato más allá de una trama detectivesca.

Heredero de la mejor tradición realista, Vargas Llosa traza aquí un implacable retrato del Perú de Fujimori. Pero Cinco esquinas no es solo una novela política o de denuncia. Es mucho más que eso. El agudo escrutinio psicológico al que somete Vargas Llosa a sus personajes, sin caer jamás en valoraciones morales ni juicios fáciles, abre el juego argumental a reflexiones de gran calado sobre la hipocresía y el cinismo, tanto de la clase dirigente como del establishment económico, o sobre la doble moral de unos y otros entre la esfera pública y la vida privada.

Pero la novela también invita a reflexionar sobre la importancia de la libertad de prensa y los peligros de la adulteración informativa -cuando el periodismo degenera en sensacionalismo-, o ya de plano, en la manipulación política de los medios bajo regímenes corruptos. 

Tan intensa y cautivadora como incómoda en su trasfondo, Cinco esquinas es el regreso del mejor Mario Vargas Llosa a su ámbito natural: la novela. Un regalo del Nobel peruano que se deja paladear con fruición y hará pensar al lector, tras un agridulce, desconcertante y ocurrente happy end.

 

I. El sueño de Marisa

¿Había despertado o seguía soñando? Aquel calorcito en su empeine derecho estaba siempre allí, una sensación insólita que le erizaba todo el cuerpo y le revelaba que no estaba sola en esa cama. Los recuerdos acudían en tropel a su cabeza pero se iban ordenando como un crucigrama que se llena lentamente. Habían estado divertidas y algo achispadas por el vino después de la comida, pasando del terrorismo a las películas y a los chismes sociales, cuando, de pronto, Chabela miró el reloj y se puso de pie de un salto, pálida: «¡El toque de queda! ¡Dios mío, ya no me da tiempo a llegar a La Rinconada! Cómo se nos ha pasado la hora». Marisa insistió para que se quedara a dormir con ella. No habría problema, Quique había partido a Arequipa por el directorio de mañana temprano en la cervecería, eran dueñas del departamento del Golf. Chabela llamó a su marido. Luciano, siempre tan comprensivo, dijo que no había inconveniente, él se encargaría de que las dos niñas salieran puntualmente a tomar el ómnibus del colegio. Que Chabela se quedara nomás donde Marisa, eso era preferible a ser detenida por una patrulla si infringía el toque de queda. Maldito toque de queda. Pero, claro, el terrorismo era peor.

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