Ficha técnica

Título: Cienciología. Hollywod y la prisión de la fe | Autor: Lawrence Wright | Traducción: Francisco José Ramos Mena | Editorial: Debate | Páginas: 536 | ISBN:  9788499923871 | Precio: 23,90 euros | Ebook: 11,99

Cienciología. Hollywood y la prisión de la fe

DEBATE

El Premio Pulitzer Lawrence Wright realiza una extraordinaria investigación sobre la Iglesia de la Cienciología, una de las organizaciones más poderosas y cuestionadas del mundo.

¿Qué se esconde detrás de la Iglesia de la Cienciología?
¿Cómo ha logrado convertirse en una de las organizaciones más ricas y poderosas del planeta, y ser reconocida como religión por el gobierno de los Estados Unidos?
¿Por qué estrellas de Hollywood como Tom Cruise y John Travolta son fieles devotos de una de las organizaciones más criticadas del mundo?

Lawrence Wright, Premio Pulitzer por La torre elevada, y uno de los grandes periodistas de investigación del mundo, ofrece respuestas a estas y a otras muchas preguntas, y nos desvela la historia y la complicada cosmología de una organización tan intrigante como poderosa que ha conseguido captar a ricos y famosos y ha sabido utilizarlos para alcanzar sus objetivos. A través de un trabajo de investigación sin precedentes sobre una de las instituciones más opacas y secretistas que existen, Wright reflexiona sobre qué convierte un culto cualquiera en una religión, y sobre por qué los seres humanos eligen unas creencias sobre otras. Una historia apasionante sobre el atractivo de la fe extrema y el coste de abandonarla.

«Una historia completamente necesaria… un reportaje sobresaliente. La historia de la Cienciología es la gran ballena blanca de la investigación periodística sobre religión.» 
The Wall Street Journal

«¿Quién podría pensar que la historia de una religión ofrecería tantos placeres culpables? El cautivador relato del ascenso de la Cienciología se completa con la historia de los escándalos de los famosos. Todos los interesados en los rumores de Hollywood disfrutarán con los capítulos de Tom Cruise y John Travolta.» 
Los Angeles Times
 
«Lawrence Wright ofrece una investigación lúcida y valiente de la Cienciología – su historia, teología, su jerarquía- y el resultado es la evidencia de que la realidad puede superar la ficción.» 
The Washington Post

 

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El converso

 

London, Ontario, es una ciudad manufacturera de tamaño medio situada a medio camino entre Toronto y Detroit, antaño conocida por sus cigarros y fábricas de cerveza. En un tributo a su famosa homónima británica, London tiene su propio Covent Garden, su propia Piccadilly Street, y hasta un río Támesis que se bifurca en torno al modesto y económicamente agobiado centro urbano. La ciudad, que se asienta en una húmeda cuenca, es notoria por su mal tiempo. Los veranos son excepcionalmente cálidos; los inviernos, brutalmente fríos, y las primaveras y los otoños, agradables pero efímeros. Su hijo predilecto más notable fue el músico Guy Lombardo, al que se honró en un museo local hasta que este hubo de cerrarse por falta de visitantes. London era un lugar difícil para un artista que tratara de encontrarse a sí mismo.

Paul Haggis tenía veintiún años en 1975. Se dirigía a pie a una tienda de discos del centro de London cuando se tropezó con un joven de pelo largo, palabra fl uida y ojos penetrantes que estaba parado en la esquina de las calles Dundas y Waterloo. Había algo entusiasta y extrañamente inflexible en sus maneras. Se llamaba Jim Logan, y le puso a Haggis un libro en las manos.

-Usted tiene una mente -le dijo-. Este es el manual de instrucciones.

A continuación le exigió:

-Deme dos dólares.

El libro era Dianética: la ciencia moderna de la salud mental, de L. Ron Hubbard, publicado en 1950. Para cuando Logan se lo encasquetó a Haggis, se habían vendido más de dos millones de ejemplares del libro en todo el mundo. Haggis lo abrió y vio una página en la que aparecían estampadas las palabras «Iglesia de la cienciología».

-Lléveme allí -le dijo a Logan.

Por entonces había un reducido grupo de cienciólogos en toda la provincia de Ontario. Casualmente, Haggis había oído hablar de la organización un par de meses antes, de labios de un amigo que la había califi cado de secta. Eso despertó el interés de Haggis, que consideró la posibilidad de hacer un documental sobre ella. Cuando llegó a la sede de la iglesia en London, esta ciertamente no tenía aspecto de secta: dos jóvenes ocupaban un despacho de mala muerte encima de una tienda de baratillo.

Como ateo, Haggis recelaba de verse arrastrado a un sistema de creencias formal. En respuesta a su escepticismo, Logan le mostró un pasaje de Hubbard que rezaba: «Lo que es verdad es lo que es verdad para ti. Nadie tiene derecho a imponerte datos y ordenarte que los creas o ya verás. Si no es verdad para ti, es que no es verdad. Piensa tu propia manera de ver las cosas, acepta lo que es verdad para ti, descarta el resto. No hay nada más infeliz que tratar de vivir en un caos de mentiras ». Estas palabras hallaron eco en Haggis.

 

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