Ficha técnica

Título: Chicos y chicas | Autora: Soledad Puértolas  |  Editorial: Anagrama | Colección: Narrativas Hispánicas |  Páginas: 224 |  ISBN: 9788433998200 | Precio: 17,90 euros  | Código: NH 572 | Fecha:  octubre 2016 |

Chicos y chicas

ANAGRAMA

En este extraordinario libro de relatos -el séptimo en su haber-, la voz narrativa de Soledad Puértolas se expresa en tercera persona y cobra el tono de las narraciones clásicas, cuando el narrador, por encima de todo, perseguía la magia, la seducción inherente a la misma narración, independientemente de lo que se contara. Sin embargo, la cercanía que implica la primera persona, los relatos contados por quien los protagoniza, no se ha perdido. Ha alcanzado un matiz nuevo. Quizá de mayor serenidad, de mayor hondura. Sin que falte el humor, que recorre todos los relatos, y que en algunos de ellos hace que se acentúe nuestra sonrisa.

Son relatos que tratan de encuentros, de desencuentros, de reencuentros. De chicos y chicas. De parejas que se separan, de traiciones, envidias e ilusiones, de mitos de adolescencia, de ideales de juventud, de las perplejidades de la madurez, del extrañamiento de la vida. Hay hijas que veneran a sus madres, madres que desconfían de sus hijas o de sus yernos, hay perros que se encaraman a las novias de sus dueños, hay horas de calor y de amor en el interior de una caravana en un camping, horas arrancadas a la vida oficial, de todos conocida, horas secretas. Y horas que, aun estando a la vista de todos, nadie ve. Sólo la voz que narra, que escoge ese momento y lo detiene. Un antiguo amor, una niña de la mano de su madre, las olas del mar enroscadas a los tobillos. No hay nadie en la playa todavía.

Recuerdos, premoniciones, ensoñaciones. Realidades que nos sacuden. Personas que irrumpen, que se van sin decir adiós. Silencios que sólo pueden llenarse con sueños. Personajes de todas las edades que, de pronto, se sitúan a un lado del camino, ven el paso de los otros, y no saben si han vivido ya ese momento o es algo que aún está por venir.

 

INCENDIOS

     De todos los adolescentes que el verano de los incendios se reunían en el muelle del puerto a la caída de la tarde, Joaquín Muro era, sin duda, el más silencioso. Se mantenía un poco al margen. Sin embargo, jamás faltaba a la cita. En general, no se le ocurría nada que decir. Tomaba nota de lo que los otros decían para, quién sabe cuándo, en un caso similar, poder él decir palabras parecidas. Sobre todo, cuando era César Alvar quien hablaba. Alvar era el líder. Sin llegar a ser un chico guapo, tenía grabada en la cara una especie de determinación que lo hacía distinto. Todos decían que llegaría lejos.

     Muchas noches, Joaquín se dormía reproduciendo en su cabeza comportamientos y frases de César, convencido de que al día siguiente se despertaría lleno de fuerza y seguridad, como si hubiese sido tocado por una varita mágica (la de los cuentos de hadas que leían sus hermanas), y que en la pandilla del muelle lo mirarían con respeto, como miraban a César Alvar. Lo cierto era que por las mañanas se olvidaba de sus esperanzas nocturnas, por lo que se mantenía a salvo de una sucesión incontable de desilusiones.

     Al final del verano, fueron detenidos varios pirómanos. Uno de ellos, miembro de la guardia forestal. Como los pirómanos eran vecinos de aldeas del interior, en el pueblo nadie los conocía, pero al hilo de sus detenciones fueron saliendo historias de manías, vicios y aberraciones que se mantenían en secreto durante años y que, al desvelarse, producían asombro y estremecimiento.

     Se habían perdido miles de hectáreas de bosque, y la gente del pueblo, y los veraneantes, lo comentaban apesadumbrados. Habían visto el cielo teñido de negro. El sol, al ponerse, era un remoto disco dorado cuyos contornos se desdibujaban en las tinieblas. Las olas dejaban voluminosos regueros de ceniza en la playa.

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