Ficha técnica

Título: CeroCeroCero. Cómo la cocaína gobierna el mundo. |Autor: Roberto Saviano | Traducción: Mario Costa García | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas | Páginas: 496 | ISBN: 978-84-339-7883-7 |Precio: 22,90 euros

CeroCeroCero

ANAGRAMA

 Mira la cocaína: verás polvo. Mira a través de la cocaína: verás el mundo.

«Escribir sobre la cocaína -en palabras de Roberto Saviano- es como consumirla. Cada vez quieres más noticias, más información, y las que encuentras son suculentas, ya no puedes prescindir de ellas. Eres addicted. Aun cuando remiten a un esquema general que ya has comprendido, esas historias fascinan por sus detalles. Y se te meten en la cabeza, hasta que otra -increíble, pero cierta- ocupa el sitio de la anterior. Delante ves el listón de la adicción que no hace más que subir y ruegas para no caer nunca en el síndrome de abstinencia. Por eso sigo recopilándolas hasta la saciedad, más de lo que sería necesario, sin poder parar. Son fogonazos que estallan cegadores. Ensordecedores puñetazos en el estómago. Pero ¿por qué ese ruido sólo lo oigo yo? Cuanto más desciendo en los círculos blanqueados de la coca, más me percato de que la gente no sabe. Hay un río que corre bajo las grandes ciudades, un río que nace en Sudamérica, pasa por África y se ramifica hacia todas partes. Hombres y mujeres pasean por la Via del Corso y por los bulevares parisinos, se reúnen en Times Square y caminan con la cabeza gacha por las avenidas londinenses. ¿No oyen nada? ¿Cómo lo hacen para soportar todo ese ruido?»

«Debemos agradecer a Roberto Saviano que haya devuelto a la literatura la capacidad de abrir los ojos y la conciencia» (Mario Vargas Llosa).

«He encontrado CeroCeroCero un libro extraordinario. Una prueba más de la brillantez de Roberto Saviano como escritor, investigador y divulgador» (Antonio Maria Costa, ex director ejecutivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito).

Coca n.o 1

La coca la consume quien ahora está sentado a tu lado en el tren y la ha tomado para despertarse esta mañana, o el conductor que está al volante del autobús que te lleva a casa porque quiere hacer horas extra sin sentir calambres en las cervicales. Consume coca quien está más próximo a ti. Si no es tu padre o tu madre, si no es tu hermano, entonces es tu hijo. Si no es tu hijo, es tu jefe. O su secretaria, que esnifa sólo el sábado para divertirse. Si no es tu jefe, es su mujer, que lo hace para dejarse llevar. Si no es su mujer es su amante, a quien él se la regala en lugar de pendientes y aún mejor que diamantes. Si no son ellos, es el camionero que trae toneladas de café a los bares de tu ciudad y no podría resistir todas esas horas de autopista sin coca. Si no es él, es la enfermera que está cambiándole el catéter a tu abuelo y la coca hace que le parezca todo más liviano, hasta las noches. Si no es ella, es el pintor que está repintando la habitación de tu chica, que ha empezado por curiosidad y luego se ha encontrado con que ha contraído deudas. Quien la consume está ahí contigo. Es el policía que está a punto de pararte, que esnifa desde hace años y ahora ya se han enterado todos y lo escriben en cartas anónimas que mandan a los oficiales esperando que lo suspendan antes de que haga alguna gilipollez. Si no es él, es el cirujano que está despertándose ahora para operar a tu tía y con la coca es capaz de abrir hasta a seis personas en un día, o el abogado al que tienes que ir para divorciarte. Es el juez que se pronunciará sobre tu causa civil y no considera que eso sea un vicio, sino sólo una ayuda para disfrutar de la vida. Es la cajera que está dándote el billete de lotería que esperas que pueda cambiar tu suerte. Es el ebanista que te está montando un mueble que te ha costado el sueldo de un mes. Si no es él, la consume el montador que ha venido a tu casa a instalar el armario de Ikea que tú solo no sabrías ensamblar. Si no es él, es el administrador de la comunidad de vecinos de tu edificio que está a punto de llamarte por el portero automático. Es el electricista, precisamente ese que ahora está intentando cambiarte de sitio el enchufe del dormitorio. O el cantautor al que estás escuchando para relajarte. Consume coca el cura al que te diriges para preguntarle si puedes confirmarte porque tienes que bautizar a tu sobrino, y se sorprende de que todavía no hayas recibido ese sacramento. Son los camareros que te servirán en la boda del sábado próximo, que si no esnifaran no podrían tener tanta energía en esas piernas durante horas. Si no son ellos, es el concejal que acaba de adjudicar las nuevas islas peatonales, y la coca se la dan gratis a cambio de favores. La consume el aparcacoches, que ahora ya sólo se siente contento cuando esnifa. Es el arquitecto que te ha remozado el chalé de las vacaciones, la consume el cartero que te ha traído la carta con tu nueva tarjeta de débito. Si no es él, es la chica del centro de llamadas, que te contesta con voz sonora preguntándote en qué puede ayudarte. Esa viveza, igual en todas las llamadas, es efecto del polvo blanco. Si no es ella, es el ayudante que ahora está sentado a la derecha del profesor y espera para hacerte el examen. La coca le ha puesto nervioso.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]