Ficha técnica

Título: Cartas a Emma Bowlcut | Autor: Bill Callahan | Traducción: Héctor Castells | Editorial: Alpha Decay | Colección: Héroes Modernos | Género: Novela | ISBN:978-84-92837-31-1 | Páginas: 128 | Formato:  20,5 x 12,5 cm.| Encuadernación: Rústica | PVP: 15,00 € | Publicación: 5 de Septiembre de 2011

Cartas a Emma Bowlcut

ALPHA DECAY

Después de ver a una mujer llamada Emma Bowlcut en una fiesta, el protagonista de esta novela epistolar, un científico incondicional del boxeo, empieza a mandarle cartas obsesivamente. Sesenta y dos misivas en las que el autor desgrana hábilmente temas como la seducción, el amor, su vida cotidiana, sus deseos y sus frustraciones. Cada carta es por sí misma una viñeta que puesta al lado de las otras logra crear un potente patchwork emocional que nos dice tanto de la psique del protagonista como de la propia tarea del narrador de ficción.

Un trabajo de una sensibilidad deslumbrante que se lee como una novela íntima y confesional, en la línea de las mejores letras del músico estadounidense. Cartas a Emma Bowlcut apela directamente al lector, a su soledad, a sus esperanzas y a sus anhelos, y nos acompaña en una deriva nocturna que gira sobre nosotros como las piezas brillantes del caleidoscopio de un niño.

 

 PRIMERA PARTE

Carta 1  

El mundo había enmudecido a mi alrededor. La sordera cayó como una fuerte nevada. Lenta y constante. Desde entonces he estado esperando el crujido de unos pasos que se sumen a los míos. Aguzando mis sentidos deliberadamente. Y siempre voy con un micrómetro (que rima con termómetro) plateado. Si he bebido lo suficiente, se refugia en un bolsillo. Luego bebo un poco más y asoma de nuevo.

   Escuché esos pasos. Giré la cabeza y estabas allí. En esa fiesta. Yo era el que iba con el micrómetro de pareja.

   Fui a la fiesta con aires de quien se hace de rogar. La verdad es que, probablemente, había pensado tanto en la fiesta como los que la organizaron. Podría hablar de tu pelo o de mis investigaciones.

   Están conectados de forma compleja. Y eso es lo que me sorprendió de ti. Estoy subyugado por mi trabajo. Así que cuando lo descubrí creciendo por tu cabeza, tuve que escribirte.

   No podía hablar contigo pero tuve que escribirte. 

 

Carta 2

Tu respuesta llegó como un molusco que una gaviota hambrienta hubiera dejado caer. Acaso la gente todavía cocina berberechos. Dejé la carta sobre la mesa de la cocina y luego me preparé un baño. La higiene, como siempre, es lo de menos. Me baño para hacer tiempo.

   Me senté aseado a la mesa. Mi vecino se asomó a su ventana, husmeó y me gritó: Tienes un pastel de chocolate en el horno.

   A tu carta se le enrolló el pelo. La primera que jamás me hayas escrito.

   Le contesté: No.

   No nos conocíamos de nada y allí estaba mi vecino, mirándome fijamente, moviendo las aletas de la nariz. No podía creer lo cerca que estaba. Como no se movía de la ventana, le dije: Me preparé una tostada hace un rato.

   El hombre tenía moldes para hornear y una bolsa de harina en la encimera. Creo que era él quien estaba haciendo el pastel de chocolate. Se quedó plantado y, lentamente, se secó las manos en el delantal sin dejar de mirarme. Parecía que fuera a echarse a llorar. Era su Día del Pastel y no me apetecía estropeárselo. 

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