Ficha técnica

Título: Cartas (1911-1939)| Autor: Joseph Roth | Editorial: Acantilado | Colección: El Acantilado, 183 | Traductor: Eduardo Gil Bera | ISBN: 978-84-96834-85-9 | Precio: 29 € | Páginas: 680 | Formato: 13 x 21 cm | Encuadernación: Rústica cosida | Fecha de publicación: Marzo 2009

Cartas (1911-1939)

ACANTILADO

 

Las cartas de Joseph Roth se pueden leer una tras otra, como si se tratara de la novela de su vida, la novela de uno de los más grandes narradores europeos del siglo pasado. Suplen en su intensidad e intimidad las memorias que nunca llegó a escribir, convirtiéndose así en el esbozo accidental de la biografía de un punzante  panfletista, de un maestro de la prosa pequeña y de la mayor,  de un filántropo resentido y de un humanista en lucha constante, así como de un gran psicólogo y novelista de especial calidad. Apenas se han conservado unas quinientas de las miles que Roth llegó a escribir a lo largo de sus cuarenta y cinco años de vida. De la colección formada por las numerosas cartas que escribiera, destaca la correspondencia con Stefan Zweig, no sólo por ser la más extensa, sino porque descubre una de las relaciones literarias y psicológicas más singulares y reveladoras entre dos escritores, la historia de una íntima afinidad intelectual. La mirada perspicaz de Roth y sus obsesiones hacen que las cartas, escritas de 1911 a 1939, tracen un cuadro único, entre lo personal y lo colectivo.

 

Cartas (1911-1939)

 

Fráncfort del Meno,
30 de agosto de 1930

Querido y muy distinguido señor Stefan Zweig:

Muchas gracias por la asiduidad con que me escribe usted sin reparar en mi silencio. ¡Siga haciéndolo, por favor!

El caso Lidin me parece complicado. La última vez lo vi en Niza, nos encontramos casualmente, luego estuvo sentado mucho rato con mi mujer, a quien yo acababa de llevar allá, y pensé entonces que él sería un hombre idóneo para las mujeres, más que yo. Mi propio sufrimiento me ha hecho tan absurdamente sensible que cualquier desgracia me saca de quicio. El pobre Lidin. La pobre mujer. Él no tiene una gran cabeza, pero posee una sólida tradición literaria y gusto propio.

La crítica de Kracauer me ha disgustado mucho. Es uno de los judíos de Jehová, el marxismo es su Biblia; los judíos orientales tienen una buena descripción para hombres así: policía de Dios. También está la incapacidad de entender la nobleza de usted, que tampoco es de este mundo. Pero vale la pena no dejar empeñarse a Kracauer, que puede ser ingenuo, pero es muy claro en su falta de comprensión. Ahora está en Bretaña. Hablaré con él, aunque ya lo hice una vez, cuando me dijo que planeaba escribir. Es un conocedor de la lengua, de la filosofía, de la economía y, con todo eso, a veces pasa por alto el corazón humano. La justicia es mala cosa y, si usted puede, evite entregarle material, y perdone que se lo diga. Se empieza a dar importancia al periódico, la república, la manifestación, el parlamento, los partidos, porque la persona se pierde. Y usted, con su aristocrático desdén o menosprecio del efecto que una palabra suya-también en el periódico-puede tener, no lleva razón. Aquellos a quienes usted ama, rara vez lo merecen, y aquellos a quienes usted critica, son también rara vez dignos de ello. Mejor dejar a su propia suerte esta estúpida producción de la nueva literatura. Lo que usted hace por delicadeza particular no es entendido ni comprendido por este público actual.

Me hace feliz que usted quiera escribir a mi favor. Y como sé qué valioso es el material, se lo he comunicado a Kiepenheuer, sin preguntarle a usted. Espero que esté de acuerdo. Él es lo bastante falto de tacto y deseoso de negocio como para importunarle a usted. ¡No se preocupe por eso!

¿Cómo vive usted? ¿Qué escribe? ¿Cómo se siente?

Le envío mis artículos.

Tampoco esto es una carta, sino sólo un signo de mi siempre cálido sentimiento y cordial afecto.

Su viejo amigo,

JOSEPH ROTH

Hotel Englischer Hof

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]