Ficha técnica

Título: Camino a Trinidad | Autor: José Andrés Rojo  | Editorial:Pre-Textos | Encuadernación: Rústica | Páginas: 212 | Medidas: 23 X 14 cm | ISBN: 978-84-16453-97-9 | Fecha: 2016 | Precio: 20.00 euros

Camino a Trinidad

PRE-TEXTOS

El narrador de Camino a Trinidad regresa después de una larga ausencia a La Paz (Bolivia) con la idea de reconstruir el viaje que hizo por un río amazónico desde Puerto Villarroel, en el Chapare, hasta Trinidad. Fue en el año 1977, durante la dictadura de Hugo Bánzer. El amigo con el que compartió aquel trayecto desapareció un par de años después en el Caribe y nunca más se supo de él. Han pasado tres décadas desde que recibió aquella aciaga noticia y piensa que si investiga lo que pasó con su amigo quizá pueda entender qué ocurrió con las ilusiones que ambos compartían entonces. Así que vuelve atrás tirando del hilo de aquel remoto viaje en el que no dejaron de barajar el desafío de transformar radicalmente el mundo, fascinados con la idea de la revolución. En el retorno a aquellos tiempos y lugares se irá encontrando con algunas vidas rotas, con la fracasada aventura de la guerrilla de Teoponte, y acabará por enredarse en la evocación de las tristes circunstancias en las que Nietzsche concibió Así habló Zaratustra, el libro que descubrió por aquellos días. El recorrido le va revelando cuán escaso es el margen de maniobra del que dispone cada individuo frente al insoportable peso y la influencia del «espíritu de una época».  

 

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LA PISTOLA

 

     El único que se llevó las manos a la cabeza cuando Patricio sugirió lo de la pistola fue Federico Campos. Estás loco, hermano, le dijo medio riéndose y dando un brinco y llenando el aire de aspavientos. Pero Patricio Montes no estaba loco, era así. No hablaba mucho, a veces ni siquiera aparecía por las reuniones y, cuando lo hacía, se las pasaba medio reconcentrado, como si tardara en digerir lo que estaba oyendo. De tanto en tanto, decía un par de frases.

     Habría que agenciarse una pistola, comentó ese día. En la asamblea que acabábamos de dejar se habían recordado las provocaciones recientes de un grupo de matones, unos paramilitares que llegaron para sembrar barullo. Golpearon a unos cuantos estudiantes con bates de béisbol, y se habló incluso de disparos, suelen exagerarse las cosas de inmediato. Pero seguramente era cierto lo que contaban.

     ¿Pero qué carajo quieres hacer con una pistola? Federico procuró reírse con el disparate para darle trámite cuanto antes, y pasar a otra cosa. Patricio Montes ni se molestó en contestarle, pero la propuesta había caído en terreno abonado y fue Leónidas el que de inmediato celebró la idea. Juana se apuntó, porque Juana se apuntaba siempre a lo que fuera más lejos, a lo que tuviera más riesgos, a lo que costara más y supusiera una mayor entrega, un mayor compromiso, a lo que diera más vértigo. Betty también era de la línea dura. Y Nicolás abrió los brazos mirando a Federico, asombrándose de que se pudiera entrar con tanta soltura en semejantes dislates. La conversación subió de tono y se fueron calentando las lenguas para llenar de insultos a esos fascistas, esos cabrones, esos hijos de puta. La pistola quedó en segundo plano.

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