Ficha técnica

Título: Calle de los ladrones | Autor: Mathias ÉnardTraducción: Robert Joan Cantavella | Editorial: Mondadori | Colección: Literatura Mondadori | Género: Novela | ISBN: 9788439726739 | Páginas: 352 | Formato:  14 x 23,9 cm.| Encuadernación: Tapa dura | PVP: 21,90 € | Publicación: 14 marzo de 2013  | FINALISTA DEL PREMIO GONCOURT 2012 |
GANADOR del Premio Goncourt de estudiantes en La Feria del Libro de BEIRUT 2012.

Calle de los ladrones

MONDADORI

Calle de los Ladrones es la historia de un viaje iniciático que avanza gracias a un sueño improbable en un futuro confiscado que, sin embargo, iluminan la compañía de los libros, el amor por la escritura y la afirmación del humanismo árabe.

Lajdar es un joven marroquí de Tánger, un chico sin historia, un musulmán moderado, deseoso de alcanzar la libertad en una sociedad represiva. En el instituto aprende algo de español y el suficiente francés como para apasionarse por la novela negra. Mientras espera a ser mayor de edad, se deleita a escondidas observando los pechos de su prima Meryem. Con ella acaba «pecando» una vez, tan solo una, pero es más que suficiente para que su padre lo eche de casa. Abandonado a su suerte en las inclementes calles de Tánger, Lajdar utilizará la lectura de forma inesperada para salir adelante, plantará cara a sus pesadillas, y se entregará al amor y a su proyecto de exilio.

Mientras el Mediterráneo se incendia, Europa se tambalea. Se requiere toda la juventud, toda la inocencia y toda la energía de este joven tangerino para cruzar el campo de batalla sin volver la vista atrás. 

«Calle de los ladrones es una novela desencantada y humanista sobre el exilio en el tiempo de las primaveras árabes.» Le monde

«La novela de la primavera árabe Hubert Artus, Lire

«Con Calle de los ladrones, Mathias Enard confirma su talento de escritor y de autor político. una de las mejores novelas de la rentrée.» Vicent Jaury, Transfugue

«Mathias Enard firma una novela sensible y apasionante que ilumina con inteligencia los seísmos políticos recientes, como los dramas del desarraigo.» Julien Bisson, Phosphore

«Entre el amor, la rabia y la desilusión, una soberbia novela sobre el inicio del siglo XXI.» Mathilde Tournier, La vie

«Mathias Enard inventa un nuevo género literario: el cuento periodístico encerrando la magia negra de la realidad.» Marie landrot, Télérama

 

I

ESTRECHOS 

Los hombres son perros, se atacan los unos a los otros en la miseria, se revuelcan en la mugre sin poder escapar, se lamen el pelo y se lamen el sexo durante todo el día, tendidos en el polvo, dispuestos a todo por unos despojos o el hueso podrido que puedan echarles, y yo, lo mismo que ellos, soy un ser humano, un detritus vicioso esclavo de sus instintos, un perro, un perro que muerde cuando tiene miedo y que busca las caricias. Lo veo claro en mi niñez; en mi vida de cachorro en Tánger; en mis andanzas de joven chucho, en mis gemidos de perro abatido; entiendo mi delirio entre las mujeres, que yo tomaba por amor, y entiendo sobre todo la ausencia del maestro, que nos hace vagar tras su rastro en la oscuridad olfateándonos los unos a los otros, perdidos, sin una meta. En Tánger yo hacía cinco kilómetros a pie dos veces al día para ver el mar, el puerto y el Estrecho, ahora sigo caminando mucho, también leo, cada vez más, una forma agradable de engañar el aburrimiento, la muerte, de engañar el propio pensamiento distrayéndolo, alejándolo de la verdad, la única, que es esta: somos animales enjaulados que viven para disfrutar, en la oscuridad. Nunca regresé a Tánger, aunque me he cruzado con tipos que soñaban visitarla como turistas, alquilar un hermoso chalet con vistas al mar, beber té en el Café Hafa, fumar hachís y follarse a algún indígena, indígenas masculinos casi siempre aunque no solo, los hay que esperan tirarse a alguna princesa de Las mil y una noches, os lo aseguro, cuántos no me habrán pedido si les podía arreglar un viajecito a Tánger, con hachís y autóctonas, para descansar, si ellos supiesen que el único culo que vi antes de tener dieciocho años fue el de mi prima Meryem se hubiesen caído de espaldas o no me hubie sen creído, hasta tal punto asocian Tánger con una sensualidad, con un deseo, con una permisividad que para nosotros nunca existió, pero que allí se le ofrece al turista a cambio de dinero contante y sonante depositado en el monedero de la miseria. A nuestro barrio, no venían turistas. La casa donde crecí no era ni rica ni pobre, mi familia tampoco, mi padre era un hombre piadoso, lo que se llama un hombre de bien, un hombre de honor que no maltrataba a su mujer, ni tampoco a sus hijos (aparte de alguna patada en las posaderas de vez en cuando, algo que nunca ha hecho mal a nadie). Hombre de un solo libro, pero de uno bueno, el Corán, allí estaba todo cuanto necesitaba para saber qué debía hacer en esta vida y lo que le esperaba en la otra, rezar cinco veces al día, ayunar, dar limosna, su único sueño era ir en peregrinaje a La Meca, que nosotros llamamos Hadj, Hadj Mohsen, esa era su única ambición, tanto le daba transformar a base de trabajo su colmado en un supermercado, tanto le daba ganar millones de dirhams, él tenía el Libro los rezos el peregrinaje y punto; mi madre lo reverenciaba, y rendía una obediencia casi filial a la servidumbre doméstica; así es como crecí, entre los suras, la moral, las historias del Profeta y de los tiempos gloriosos de los árabes, fui a una escuela media donde aprendí un poco de francés y de español y todos los días bajaba al puerto con mi amigo Basam, a la parte baja de la Medina y al Gran Zoco para ver a los turistas, desde que nos salió pelo en los cojones esa fue para Basam y para mí nuestra actividad principal, mirar a las extranjeras, sobre todo en verano, cuando se ponen pantalones y faldas cortas.

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