Ficha técnica

Título: Caín. El último manuscrito | Autor: Gregor Von Rezzori   | Traducción del alemán: José Aníbal Campos Editorial: Sexto Piso| Colección: Narrativa Sexto Piso | Año de publicación: octubre 2016 |  ISBN: 978-84-16677-14-6  | Formato: 15 x 23 | Precio: 20,00 euros

Caín. El último manuscrito

SEXTO PISO

Tras la gran acogida por parte de crítica y lectores de una obra tan ambiciosa, compleja y deslumbrante como La muerte de mi hermano Abel, es un auténtico placer para Sexto Piso presentar Caín. El último manuscrito, una suerte de continuación, de maravillosa coda, de aquélla. Publicada en 2001, tras la muerte de Rezzori, Caín es la última novela del autor, y en ella nos reencontraremos con personajes que ya conocimos en La muerte de mi hermano Abel: Aristides Subicz -y su novela imposible, que se disgrega en un marasmo inacabado de fragmentos, recuerdos, esbozos…-, sus tíos, Schwab… Y también hallaremos, cómo no, la misma ira implacable y virtuosista hacia las fucking middle classes, el nazismo -sus causas y su persistente herencia-, las ruinas físicas y morales de Europa, el capitalismo salvaje y la «americanización» del mundo, la progresiva pérdida de protagonismo de la belleza en nuestra existencia. Caín, en mitad de tanto escombro y de tantas cenizas, también nos transmite la sed de una vida más plena y verdadera, alejada de farsas y automatismos; es un réquiem y a la vez una defensa de la cultura, del humanismo, del placer y la alegría.

Caín es un libro que sorprende por su modernidad, pero también por su hondura: la escritura de Rezzori -pletórica, brillante- es lo más alejado de los experimentalismos estériles. Lo formal, de una importancia mayúscula, nunca va en detrimento de la vida, de la herida en la que hurga Rezzori. 

«El libro más moderno que Gregor von Rezzori haya escrito jamás; a veces lleno de una amargura y una furia al estilo de Céline; otras, en cambio, impregnado de un particular escepticismo; desde un punto de vista formal es interesantísimo […], pero sobre todo posee un lenguaje de una fuerza que eclipsa todo lo que la literatura alemana actual puede ofrecer… Es un gran libro». MICHAEL KRÜGER

«Es en su última obra, la novela Caín, donde Rezorri lleva a su clímax este juego de espejos entre el yo y los otros, con tres personajes que dicen «yo», y mezclando con la novela inacabada y el inexistente guion cinematográfico, el ballet sonriente de la más profunda aflicción». CLAUDIO MAGRIS  

 

PRÓLOGO DEL COMPILADOR

No existe ninguna base para aseverar que la persona que encontró los textos aquí presentados se diese cuenta de inmediato de lo que tratan. Aunque el abogado Fritz Engelhardt se presenta como un versado lector de mis libros, sus conocimientos se limitan probablemente a las Historias de Magrebinia, por lo que resulta dudoso que los nombres que aparecen en las páginas encontradas (Schwab, Scherping, Nagel, Witte, etcétera) le hayan permitido adivinar la relación de estos folios con La muerte de mi hermano Abel. Sólo el intento de prólogo del productor cinematográfico Wohlfahrt, que por un descuido no estaba entre las primeras páginas, sino al final de la carpeta, pudo haberle indicado que el azar le había puesto entre las manos la carpeta c de los manuscritos de Aristides Subicz o de Schwab, echada en falta y dada definitivamente por perdida hace ahora ya casi treinta años. (Las carpetas a y b, como se sabe, fueron publicadas en La muerte de mi hermano Abel).

     De cualquier modo, tras una mirada más atenta, se pudo determinar que existían varias incongruencias, cuando no obvias contradicciones. Llama la atención, a primera vista, que esta carpeta -la cual, según el propio Aristides, le fuera entregada por la secretaria de Schwab, la señorita Schmidschelm, tras la muerte de este último- contenga apuntes de puño y letra de Schwab que, evidentemente, fueron tomados tras la cremación de su cadáver, que, como se describe en La muerte de mi hermano Abel, tuvo lugar en el cementerio de Ohlsdorf, en Hamburgo, en 1964. Por desgracia, entretanto, la señorita Schmidschelm -secretaria en la redacción de la editorial de Scherping a la que todos llamaban cariñosamente Schelmchen-, también ha muerto, de modo que tampoco a ella podemos pedirle que nos aclare dicha discrepancia. A todas éstas, y para añadir más confusión al asunto, vemos cómo el ex productor cinematográfico y actual editor Wohlfahrt declara en su supuesto prólogo que considera la carpeta c como la parte de la herencia que le corresponde legítimamente del legado literario de Aristides, ya que ésta le servirá al menos como reparación por un guion de cine titulado La hija pródiga por el cual, supuestamente, pagó unos anticipos; guion, por demás, que nunca llegó a serle entregado después de que Aristides perdiera la vida en un accidente automovilístico a finales del año 1969.

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