Ficha técnica

Título: Buda en el ático Autora: Julie Otsuka | Editorial: Duomo | Traducción: Carme Font | Colección: Nefelibata | ISBN: 9788415355441 | Encuadernación: Rústica con solapas | Formato: 14 x 21,5 cm | Páginas: 160 | Precio: 15.80 euros

Buda en el ático

DUOMO EDICIONES

 

 «Algunas éramos de Kioto. Algunas éramos de Nara. Algunas éramos de una pequeña aldea montañosa. Algunas éramos de Tokio. Algunas éramos de Hiroshima. La más joven de nosotras tenía doce años. La mayor tenía treinta y siete, era de Niigata. Algunas éramos de Kumamoto, donde no había hombres casaderos. Eché un vistazo a la foto y le dije a la casamentera: “Éste me vale.”»

Con una prosa precisa y evocadora, Julie Otsuka pone voz a las mujeres que, procedentes de Japón, llegaron a San Francisco hace casi un siglo en busca de una vida mejor. Viajaron para encontrarse con sus esposos, a los que no conocían pero a quienes imaginaban tal y como ellos se habían descrito a sí mismos en sus cartas. Muchas eran casi niñas, llenas de dudas y miedos, ilusionadas, con sus kimonos blancos guardados en sus ajuares. Pero ni sus maridos eran lo que prometían ser ni su vida allí iba a ser fácil.

 

Premio femina a la mejor novela extranjera 2012

«Julie Otsuka ha creado una voz hipnótica e irresistible, que engarza su historia con el poder de las leyendas que pueblan nuestros sueños. Nos ha robado el corazón.»

Jurado Pen/Faulkner

 

 

¡Venid, japonesas!

 

La mayoría de las que viajábamos en el barco éramos vírgenes. Teníamos el pelo largo y negro y unos pies anchos y planos, y no éramos muy altas. Algunas sólo habíamos comido gachas de arroz cuando éramos niñas, y nuestras piernas estaban ligeramente arqueadas. Algunas sólo teníamos catorce años y seguíamos siendo unas niñas. Algunas veníamos de la ciudad y lucíamos ropa cosmopolita moderna, pero la mayoría venía del campo y viajábamos con los mismos kimonos viejos que llevábamos puestos desde hacía años: unas prendas desvaídas y heredadas de nuestras hermanas que se habían zurcido y remendado muchas veces. Algunas éramos de las montañas y jamás habíamos visto el mar, excepto en las fotografías, y algunas éramos hijas de pescadores que habían convivido toda la vida con el mar. Quizás habíamos perdido a un hermano o a un padre en el mar, o a un novio, o tal vez alguien a quien amábamos se había arrojado al mar para alejarse a nado. Esta vez éramos nosotras las que teníamos que partir. 

 

 

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