Ficha técnica

Título: Blumenberg | Autor: Sibylle Lewistcharoff | Traducción: Claudia Baricco  | Editorial: Adriana Hidalgo | Formato: 190 x 130 mm | Presentación: Rústica | Páginas: 270 | Precio: 17 euros

 

Blumenberg

ADRIANA HIDALGO

 

La autora toma al gran filósofo alemán Hans Blumenberg como personaje, para rendir tributo al espíritu crítico de uno de los pensadores más influyentes del siglo XX.


El libro profundiza en el pensamiento libre de Blumenberg, para quien todo dogmatismo es perjudicial, aunque tenga buenas intenciones. Así, Lewitscharoff le hace decir al filósofo: «Es un grave error creer que la verdad resulta liberadora independientemente de cuándo, dónde y quién la dice. Todo depende del momento en el que una verdad se puede o no se puede tolerar». Según aclara la autora, «en vano se buscarán aquí citas exactas de Blumenberg. Pero del filósofo he robado medias frases, breves improntas, razonamientos algo modificados, términos aislados. Dondequiera que se halle ahora: me inclino ante él y ruego su indulgencia».

Sibylle Lewistcharoff está considerada una de las escritoras más interesantes de la literatura alemana actual. Su novela Apostoloff (AH, 2010) causó gran impacto entre la crítica y los lectores y fue elegida por el suplemento Babelia como uno de los mejores libros del año 2010.

En noviembre de 2013 recibió el premio Georg Büchner, el más importante de la lengua alemana para la trayectoria de un escritor, otorgado por la Academia Alemana de Lengua y Literatura.

 

EL LEÓN I

 

Blumenberg acababa de tomar un nuevo casete para introducirlo en el grabador, cuando alzó la mirada de su escritorio y lo vio. Grande, amarillo, respirando, sin lugar a dudas un león. El león lo miró a él, tranquilo lo miró desde donde estaba echado, pues el león estaba echado sobre la alfombra de Bucara, a escasa distancia de la pared.

Debía de ser un león ya mayor, quizás ya no más en posesión de todas sus fuerzas, pero sí dotado de la particular facultad de estar allí. Eso recién lo percibió Blumenberg como mínimo a seguda vista, mientras aún luchaba por mantener el control. Perder la compostura, precisamente en un caso como este, es lo que de ningún modo se debe hacer, se dijo Blumenberg, y quizá no formuló la frase de una manera tan correcta, si bien incluso cuando armaba frases mentalmente, Blumenberg solía cultivar una férrea disciplina, pues se había acostumbrado a formular frases ordenadamente y no, digamos, de modo atropellado, y de hecho lo hacía de forma casi tan ordenada como lo hacía corrientemente al hablar, así tuviese ante él un grabador encendido o las orejas de un niño. 

 

 

 

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