Ficha técnica

Título: Blues | Autor: Ted Gioia | Editorial: Turner |                  Traducción: Mariano Peyrou  | Colección: Noema  | ISBN: 978-84-7506-881-7 | Páginas: 552 con 16 páginas de ilustraciones | Formato: 14 x 22 cm. | Encuadernación: Rústica con solapas |  PVP: 36 euros | Publicación: Marzo de 2010 | En la estantería Música del siglo xx

Blues

EDITORIAL TURNER

Si alguien puede hablar de música con la documentación de un investigador, la pasión de un novelista y el amor por la anécdota de un fan, ése es Ted Gioia. Tras su monumental Historia del Jazz (1977), ahora invita al lector a un viaje desde las plantaciones del Mississippi, donde nació el blues, para irse «a husmear un tiempo por Memphis y establecerse al fin en Chicago» (Peter Guralnick). Veremos cómo el blues «tuvo un hijo al que le llamaron rock and roll» (Muddy Waters), y cómo dejó sentir su influencia sobre vaias generaciones de músicos, empezando por Elvis Presley.

El meticuloso trabajo de campo del autor («para entender no sólo a los músicos, sino a su música», Boston Globe) le permite además trazar con pulso firme el entorno económico, social y racial de unos músicos que conquistaron el mundo desde el peldaño más bajo.

Incluye lista de audición, 12 ilustraciones originales y 16 páginas de fotografías que permite al lector acompañar la narración con los grandes hitos del blues, constituyendo un verdadero tesoro para los aficionados a la música popular.

Seleccionado por el New York Times como uno de los 100 libros destacados el año y libro del año para el Economist.

Estudio rico y esclarecedor … Gioia, que ha investigado a fondo y escuchó con atención, hace un espléndido trabajo de contar la historia en un lienzo amplio … Mick Brown, The Daily Telegraph

La profundidad de la investigación es impresionante … la pasión del autor por la música se percibe en cada página.  The Book Bag

 

PREFACIO Y AGRADECIMIENTOS  

    Cuando tenía veinte años, pensaba ingenuamente que poseía un profundo conocimiento del blues. Me había formado como pianista de jazz moderno y había estudiado las progresiones de acordes y las sustituciones armónicas, los recursos rítmicos, los licks melódicos típicos y las más enrevesadas reconfiguraciones beboperas y modales del blues. Podía tocar blues en todas las tonalidades y en diversos compases. Incluso componía mis propios blues, basándome en los conceptos musicales que estaban más de moda entonces.

    Y sin embargo, tal como lo veo pasado el tiempo, mi conocimiento no pasaba de la estructura del blues. De su sentido y su vitalidad interior, entendía muy poco. Ignoraba los aspectos esenciales de la música que estaba tratando de asimilar e interpretar.

    Sólo de manera gradual fui apreciando su esencia profunda. El proceso resultó tan lento que apenas fui consciente de cómo mi punto de vista y mis ideas preconcebidas se fueron transformando. Pero, con el tiempo, me encontré escuchando la misma música blues de mi juventud con unos oídos muy distintos y, desde luego, sin la simplista certeza de que la había explorado en profundidad. Por el contrario, me empezó a parecer que aquella música tenía diversas capas, que procedía de otro mundo; no podía aprehenderla del todo. Percibí entonces una riqueza en las canciones, especialmente en los blues más antiguos de la tradición del Delta, que antes había sido incapaz de captar.

    Por supuesto, no era la música la que había cambiado a lo largo de esos años, sino yo, y de forma considerable. En parte, esta nueva manera de apreciarla surgía (o al menos es lo que me gusta pensar) de mi creciente madurez. Pero, en la misma medida, mi atracción por los blues tradicionales tenía que ver, sin duda, con mi insatisfacción cada vez mayor con respecto a la apabullante comercialización y cosificación que encontraba en todos los demás ámbitos del mundo de la música. La testaruda lealtad del blues tradicional a sus modelos, su resistencia a aceptar intromisiones, su bendita ignorancia de los vídeos musicales y de las modernas fórmulas radiofónicas, así como su defensa de su propia tradición, inconcebiblemente rica, me hicieron apreciarlo en todo su valor.

    Dediqué buena parte de la década de 1990 a investigar estilos de música tradicionales; esto avivó mi interés y mi aprecio por los primeros estilos afroamericanos. En un principio, llevé a cabo esta investigación desde la distancia, pero al trasladarme a Texas hace cinco años, después de haber pasado prácticamente toda la vida en California o en el extranjero, tuve la oportunidad de estudiar la música tradicional en los lugares donde floreció. Me instalé en el barrio donde Skip James pasó una larga temporada en la década de 1930, a unos pocos kilómetros del lugar donde Robert Johnson hizo su última grabación y cerca de Chisholm Trail, la histórica cañada. Tras décadas de apasionado interés, casi obsesivo, por el jazz moderno, me di cuenta de que muchos de los momentos más placenteros relacionados con descubrimientos musicales provenían de una clase de obras muy diferente. Investigué y escribí sobre la música de los vaqueros, las work songs, las tradiciones de los nativos norteamericanos y de otros aspectos relegados de nuestra historia sonora. Pero, por encima de todo, me atraparon los blues primigenios; y cuando comencé a hacer viajes a la región del Delta del Mississippi para investigar, me encontré ante la que quizá sea la tradición musical más influyente que ha dado Norteamérica, a pesar de lo cual todavía no ha sido bien comprendida ni es suficientemente apreciada.

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