Ficha técnica

Título: Blues people. Música negra en la América blanca | AutorLeRoi Jones (Amiri Baraka) |  Traducción:  Carlos Ribalta | Cronología y bibliografía: Domingo Rodríguez | Editorial: Nortesur | Colección: Nortesur Musikeon 5 | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-937841-6-4| Páginas: 256 | Formato:  15,5 x 23 cm.| Encuadernación: Rústica con solapas|  PVP: 21,50 € | Publicación: 1 de Junio de 2011

Blues people

NORTESUR

A Blues people, primer estudio sobre el blues y el jazz escrito por un afroamericano, se le reconoce el valioso logro de haber situado las aportaciones de la cultura negra estadounidense en el legado de la música de todos los tiempos. La idea que sustenta este ensayo es que la música puede ser utilizada como indicador para medir la asimilación cultural de generaciones de afroamericanos, ya se trate de esclavos de principios del siglo XVIII, como de ciudadanos actuales. A través del análisis de los diferentes estilos y protagonistas del blues y el jazz -desde el blues primitivo hasta el free jazz; de Bessie Smith a Ornette Coleman-, el autor traza la historia social de la música negra en los Estados Unidos, ofreciéndonos un panorama completo del nacimiento, el desarrollo y la evolución de algunas de las expresiones musicales más apreciadas hoy en día.

Ineludible para todos aquellos que quieran comprender mejor y apreciar de forma erudita la música más popular de los Estados Unidos.Langston Hughes

Blues people no es solamente una fresca, penetrante e instructiva reinterpretación de la música negra en los Estados Unidos; también resulta crucial para las relaciones actuales entre negros y blancos.Nat Hentoff

 

8

LA CIUDAD

A finales del siglo xix y principios del xx, la mayoría de los negros vivía en las áreas rurales del sur de los Estados Unidos, pero en 1914 empezó el gran éxodo. Masas de negros comenzaron a acudir a los centros industriales del norte, tales como Chicago, Detroit y Nueva York. Entre los años 1910 y 1920, por ejemplo, 60.000 negros procedentes del sur emigraron a Chicago. Eran muchas las razones que explicaban esta masiva huida del sur, y no todas resultan tan evidentes como la que las palabras «más oportunidades» parecen indicar. Desde un punto de vista económico, el sur iba rezagado en el avance general hacia la industrialización. Norteamérica había sido, primordialmente, un país agrícola, pero pocos años después de la entrada en el siglo xx el país avanzaba rápidamente a lo largo de la senda que había de llevarle a convertirse en el más industrializado del mundo. Pero el sur se quedaba atrás, y, como de costumbre, los negros pagaban las consecuencias. El norte se convirtió en la tierra de promisión, fue otro Jordán, y no sólo debido a las leyendas que corrían sobre empleos dotados de altos salarios para todos, sino también debido a que el sur sería siempre, en la mente de la mayoría de los negros, incluso sin la nueva opresión de las leyes segregacionistas de postguerra, el escenario del crimen.

   A mi juicio, lo más importante de este masivo movimiento migratorio radica en que seguramente representó un cambio más en el mundo de los negros, en lo que concierne a su relación con los Estados Unidos. Cabe incluso considerarlo como un reajuste psicológico, como un intento de estimar de nuevo el valor del negro en la sociedad globalmente considerada, un intento de convertir en realidad el sueño americano. Abandonar el sur no fue un imperativo histórico, sino una decisión que los negros adoptaron. Y esta decisión forzosamente tuvo que estar precedida de un cambio psicológico, de una reinterpretación, efectuada por el negro, del papel que le correspondía en este país. Fue un «movimiento» humano de la misma naturaleza que aquel otro que hizo posible la aparición del jazz y de los blues clásicos, fue el descubrimiento de Norteamérica o de su cultura desde el punto de vista de posibles norteamericanos. Y la idea de un Jordán persistía, aunque, sin la menor duda, este Jordán no tenía una naturaleza tan sobrenatural como el otro. Se trataba de un Jordán que podía encontrarse en el general talante emotivo de todo el pueblo americano. «Trabajo, Hogar, Dignidad» fueron las palabras con que lo expresó un periódico negro, en los primeros años veinte, en constantes editoriales encaminados a promover la emigración de los negros al norte. Pero había algo más, ya que, de repente, el norte vino a representar una idea más avanzada acerca de lo que este país y la vida de los negros en él podían llegar a ser. No todos los negros abandonaron el sur con la sola intención de lograr trabajos mejor pagados. Algunos dejaron el sur para gozar de más libertad, otros para poder pasear por la calle pasadas las diez de la noche (en muchas poblaciones sureñas imperaban ordenanzas que prohibían «el callejeo de los negros por la noche»). Los hubo, como en el caso de mi padre, que se marcharon súbitamente después de desdichados altercados con acomodadores de cine blancos. Tampoco faltaron quienes, como mi abuelo, salieron con el fin de iniciar un próspero negocio (le incendiaron dos abacerías y un comercio de pompas fúnebres, en Alabama). Pero, fuese cual fuere la razón particular que cada individuo tuviera para huir hacia el norte, la idea principal radicaba en que el norte representaba el lugar en que los negros podían comenzar a vivir de nuevo, y, en esta ocasión, quizá sobre la base de una igualdad más humana.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]