Ficha técnica

Título: Bearn o La sala de las muñecas | Autor: Llorenç Villalonga | Editorial: Malpaso Páginas 342 | ISBN:  978-84-16665-58-7 | Formato: 14 x 21 cm.  | Formato: Tapa dura  Precio: 24 euros  Fecha: julio 2017

Bearn o La sala de las muñecas

MALPASO

El retrato melancólico de un mundo en inevitable decadencia.

Considerada una de las grandes obras clásicas de la literatura catalana y votada por escritores y lectores catalanes como la mejor novela del siglo XX junto con La plaça del Diamant de Mercè Rodoreda, la novela que inicia el mito de Bearn fue concebida primero en castellano, tal vez en 1936, según el testimonio de Baltasar Porcel, el escritor que mejor conoció a Villalonga.

Finalista del premio Nadal el año que ganó El Jarama de Sánchez Ferlosio, Villalonga entendió que, en una época dominada por el realismo, su narrativa de alto vuelo proustiano, su pesquisa fáustica de la verdad, su desasosiego por el paso inexorable del tiempo, su retrato del amor pasional y de la serenidad conyugal en un mundo aristocrático destinado a la desaparición, su defensa de la razón ilustrada ante la superchería capellanesca y sus tramas con los misteriosos Rosacruces, no tenía ninguna opción. Fue entonces cuando Porcel le presentó al escritor y editor catalán Joan Sales y Villalonga reescribió su obra en catalán.

La polémica sobre si hay que creer en la sinceridad de las palabras de Villalonga afirmando que escribió su primer manuscrito de Bearn en catalán parece hoy superada. En todo caso, se trata de una obra maestra en ambos idiomas, comparada por sus asombrosas coincidencias con El Gatopardo, que Lampedusa publicó un año después de su muerte. 

«Una novela imprescindible.» Juan Marsé

«Villalonga nos lega una Mallorca universal, como la Sicilia lampedusiana.» ABC 

 

PRÓLOGO

LOS PAPELES DE «BEARN»

1

En Mallorca, los funerales son la ceremonia de la tribu. Nada hay más importante ni sintomático que un funeral. Un funeral es una llamada de la muerte a la vida y, en esa vida, a su representación y su ficción. En él se inventa incluso el respeto que no se tuvo por el difunto, cuando aún no lo era, y la fiesta social -con duelo o sin él- es ejemplar para comprender el mundo y ejemplarizante para aquel que aún continúa sin entenderlo. El mundo, en una isla -no hay que olvidarlo jamás-, es la isla en sí; todo lo demás está fuera del mundo.

     Esto lo sabía Llorenç Villalonga, de quien a principios de 1980 se celebró el funeral en la iglesia parroquial de Santa Eulalia, un bello templo gótico -el más antiguo de Mallorca- con un posterior añadido frontal a lo Violet Le-Duc, que parece una lanzadera espacial. Esta iglesia es la parroquia del barrio donde acabó viviendo, vía conyugal, el autor de Mort de dama: el barrio de los gatos -que permanecen-, las beatas -ya extintas-, los canónigos -ahora entre el clergyman y el jersey gris, sin muceta que los distinga- y lo que él denominó «la burguesía aristocrática», restando a lo local la palabra y el concepto «nobleza».

     El funeral de Llorenç Villalonga no fue multitudinario, haciendo honor a la tradición insular, y no tan insular, que considera la literatura como algo aparte de la vida, bastante inútil por otro lado. La iglesia de Santa Eulalia no es pequeña, pero tampoco excesivamente grande; sin embargo, no se llenó. Una hora antes del funeral hubo un apagón general de la iluminación pública.  

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