Ficha técnica

Título: Bajo la lluvia ajena | Autor: Juan Gelman | Ilustrador: Carlos Alonso | Editorial: Libros del zorro rojo | ISBN: 978-84-92412-43-3 | Colección: Encuentros | Dirección de colección: Alejandro García Schnetzer | Fecha de publicación: noviembre 2009 | Precio: 19,90 | Páginas: 64

Bajo la lluvia ajena

EDITORIAL LIBROS DEL ZORRO ROJO

 

Bajo la lluvia ajena, escrito en Roma durante 1980 y publicado originalmente en 1984, es una de las reflexiones poéticas más profundas que Gelman haya elaborado sobre su experiencia con el exilio, que comprendiera de 1975 a 1989. Compuesto de veintiséis fragmentos, la crónica lleva por subtítulo Notas al pie de una derrota, fijando así el doble carácter introspectivo y político de un texto que funde con maestría poesía y prosa.

En lo que respecta a los años inmediatamente anteriores a la escritura de Bajo la lluvia ajena, dos hechos en la biografía de Gelman gravitan de manera decisiva en su regreso a la palabra, tras superar cuatro años de silencio literario. En 1976 su hijo Marcelo y su nuera María Claudia, al igual que numerosos compañeros y amigos del poeta, son secuestrados y posteriormente asesinados por la represión militar; tres años más tarde, tras un artículo publicado en el diario Le Monde donde hace pública su ruptura con Montoneros, Gelman es condenado a muerte por dicha organización. La derrota como realidad adquiere entonces una dimensión tan concreta que, en el caso de Gelman, deviene simbólica. Junto con el exilio y la soledad, el dolor de la derrota será el tercer eje que articule su obra a partir de 1979.

«Escribo sobre un tema que no le gusta a nadie. / Tampoco a mí. / Hay temas que no le gustan a nadie». La cita preliminar del poeta chino Po I-po define las circunstancias personales de Gelman respecto de la historia que se dispone a contar; su primer fragmento comienza con un reconocimiento de las tensiones entre pasado y presente: «Es difícil reconstruir lo que pasó, la verdad de la memoria lucha contra la memoria de la verdad. Han pasado años, los muertos y los odios se amontonan, el exilio es una vaca que puede dar leche envenenada, algunos parecen alimentarse así». El poeta mira hacia adentro retratando su condición («Mis raíces están a miles de kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares y un océano»), y el pasado inmediato vuelve a golpear la memoria; en la carta a Paco Urondo, Gelman concluye el fragmento XXI con un párrafo que se repliega sobre sí mismo: «No me quiero morir en lugar tuyo, aunque a veces quisiera estar en tu lugar».

En el prólogo a Hechos y relaciones, obra compuesta en el mismo período que Bajo la lluvia ajena, Eduardo Galeano escribe sobre Gelman: «Canta y hace cantar. Habla de combates y dignidades, ofrece certidumbres que parten de la duda y libertades que vienen de la cárcel. Desde el exacto centro de la muerte, celebra la vida. Los versos nacen del encuentro entre una piedra y un fulgor de otoño. No cree el poeta que alcanzará por sus versos el perdón ni la gracia. Pero los torturan y nacen, los sentencian y nacen, los fusilan y nacen. No hay explicación que los merezca».

Sin elucidación posible, queda la evidencia de que la palabra de Gelman alcanza una profundidad suprema cuando interroga. En Bajo la lluvia ajena las preguntas se suceden («¿Será la soledad, que no tiene discursos? ¿En qué lengua podría hablar la soledad? ¿Hasta dónde este exilio exterior coincide con otro más profundo, interior, anterior?») «Juan pregunta -escribió Julio Cortázar en 1981-, una pregunta sigue a la otra, hay poemas que son solamente preguntas. Cuando Juan pregunta, se diría que nos está incitando a volvernos más lúcidamente hacia el pasado, para después ser más lúcidos frente al futuro».

Bajo la lluvia ajena postula la memoria como un deber, así lo enuncia Gelman en el fragmento V: «y vos/corazoncito que mirás / cualquier mañana como olvido/ no te olvides de olvidar olvidarte». Diez años más tarde, en el poema que le dedicara, Benedetti suscribirá su defensa de la memoria con otro verso: «Ni aunque dios nos olvide / olvidaremos».

 

Sobre esta edición de Libros del Zorro Rojo

Para la presente edición de Bajo la lluvia ajena, el eximio artista plástico argentino Carlos Alonso (Tunuyán, 1929) recuperó una serie de aguafuertes realizadas durante su exilio en Roma que permanecieron inéditas durante treinta y cinco años.

Alonso, quien también sufriera persecuciones, atentados y la desaparición de su hija Paloma, seleccionó doce trabajos que coinciden con la intensidad, el sentimiento, y la profundidad que caracteriza el texto. La publicación de este libro es también la reunión cumbre de dos figuras clave de la cultura latinoamericana.

Bajo la lluvia ajena es el segundo título de la Colección Encuentros, serie con la que Libros del Zorro Rojo ofrece cuidadas ediciones que reúnen a grandes escritores y artistas gráficos contemporáneos. Los otros títulos de la serie han sido Historias de París, de Mario Benedetti con ilustraciones de Antonio Seguí y El Gran Zoo, de Nicolás Guillén con ilustraciones de Arnal Ballester.

 

II
 

Lo que podemos aprender en el exilio no está dado a nosotros, está dado a sí mismo, y ensimismado, vuelto hacia sí, enroscado alrededor de sí, hundido en sí, que no es nosotros. ¿Podemos aprender eso? Sí, podemos, pero ¿qué? Pasan rostros que giran de nuca, eso podemos ver. Podemos imaginar, soñar, intuir. En la medida en que imaginamos, soñamos, intuimos. Esas culturas no se dan abiertas. ¿Vale la pena hacer un gran esfuerzo, abrirlas, violentarlas, si es preciso? ¿Encontraremos algo más que la confirmación de lo que nos hicieron hace siglos, lo que nos vienen haciendo desde hace siglos? ¿Tenemos tiempo para eso? ¿Y el tiempo que necesitan nuestros muertos, nuestros vivos? Pero tenemos tiempo, el tiempo de no volvernos locos, de no volvernos otros. De abrir los campos de la locura a esas nucas que locamente no nos ven, se apoyan en nosotros para mirar sus seres, no necesitan de nosotros, miran eternamente sus espejos, persiguiéndose oscuras, de espaldas a ellas mismas. Recurren a nosotros cuando están tan perdidas que necesitan callos, piedras, alguna consistencia para seguir girando. Tienen la voluntad del aire, el péndulo del aire, hoy aquí, mañana aquí también. El aire les es corto.

Nosotros arrastramos los pies en ríos de sangre seca, almas que se pegaron a la tierra por amor, no queremos otros mundos que el de la libertad y esa palabra no la palabreamos porque sabemos hace mucha muerte que se habla enamorado y no del amor, se habla claro, no de la claridad, se habla libre, no de la libertad.

9-05-1980 

 

 

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