Ficha técnica

Título: Bajo el nombre de Norma | Autora: Brigitte Burmeister |Editorial: 451 Editores
Traducción del alemán: Valentín Ugarte | ISBN: 978-84-96822-73-3 | PVP: 17.50 EUROS | Páginas: 288.

Bajo el nombre de Norma

451 EDITORES

 

Berlín, verano de 1992. La caída del Muro ha dado lugar a una nueva sociedad a la que los antiguos ciudadanos de la RDA deberán adaptarse. Marianne continúa viviendo en su viejo apartamento del barrio berlinés de Mitte, mientras su marido, Johannes, se ha mudado al Oeste por motivos laborales: una separación física que discurre en paralelo a la separación afectiva, puesto que él sí consigue integrarse a su nuevo entorno. En un intento desesperado por congraciarse con Johannes, llamar la atención y ser aceptada por los nuevos amigos de su marido, Marianne se construye una identidad falsa: en su juventud se vio obligada a actuar como confidente de la Stasi, bajo el nombre de Norma. Las consecuencias de esta invención en un entorno de menosprecio y rechazo revelarán las verdaderas tensiones en una nueva Alemania construida a la fuerza y al margen de sus ciudadanos.

 

17 de julio

Es un edificio grande, de hace cien años. el barrio donde está enclavado siguió llamándose Mitte («centro»), incluso mucho tiempo después de pasar a ser margen, con la tierra de nadie al fondo, donde silbaban las balas. Un vacío en medio de la ciudad, un lugar de recreo para los conejos, que tras la reaparición del hombre huyeron de allí de vuelta al cercano Tiergarten.

Desde la esquina donde está la casa, ahora se tarda pocos minutos en alcanzar el cobijo de los altos árboles. Ya estaban ahí antes de la guerra, o quizá hayan vuelto a brotar en los últimos cincuenta años, con lo que serían más jóvenes que el barrio, que vuelve a ser el centro, por más que la mayor parte de sus calles parezcan tan olvidadas como durante todo ese tiempo. En pie por obra del azar, se levantan aquí y allá casas recién enlucidas que presentan esa sólida escala descendente de comodidades, tan propia de las construcciones centenarias, que desde las bondades de la fachada principal, y tras pasar por la lateral, llega hasta los patios traseros en una evidente escasez de espacio, luz y agua que con el paso de los años ha ido siendo paliada en los casos más flagrantes. La casa de la esquina no se contaba entre ellos: se quedó como ya era, con su precariedad mediocre, de modo que ahora, bajo una nueva luz, su fealdad resulta colosal. Solo con verla uno puede hacerse una idea de sus habitantes: una masa gris y desabrida que se reparte entre los cuatro pisos del edificio frontal y las escaleras interiores, de la A a la E. Pero si se detiene un rato, verá salir de esas puertas a algún que otro individuo sonriente o vestido de colores que rompe el conjunto, de modo que le resultará imposible soltar cualquier tópico sobre esa gente, salvo que todas esas personas, a no ser que estén de visita, tienen la misma anotación en la misma línea del carné de identidad, o mejor dicho, la misma co rrección, ya que la calle en cuya esquina se encuentra la casa ha sido rebautizada con el nombre que figuraba en los carnés azulados de los inquilinos más antiguos antes de sufrir la primera corrección.

 

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