Ficha técnica

Título: Babilonia | Autor: Yasmina Reza | Traducción: Javier Albiñana | Editorial: Anagrama | Colección: Panorama de narrativas | Páginas: 208 | Fecha: mar/2017 | ISBN 978-84-339-7978-0 | Precio: 16,90 euros

Babilonia

ANAGRAMA

Elisabeth, ingeniera de patentes del Instituto Pasteur, ha entrado en la sesentena, está triste por la muerte de su madre, melancólica por el recuerdo de un amor de juventud perdido y algo más sola desde que su hijo se ha independizado. Por lo demás, vive una existencia plácida y monótona con su marido Pierre. Para alegrar el ánimo, decide organizar una fiesta de primavera a la que invita a varios amigos y vecinos, entre ellos los Manoscrivi, que viven en el piso de arriba. Él, Jean-Lino, también enfila la sesentena, y ella, Lydie, es cantante de jazz aficionada.

Acabada la fiesta, en plena noche, alguien llama a la puerta de Elisabeth y Pierre. Es Jean-Lino, el vecino de arriba. Lo que les contará, agitado, lo que les pedirá a ambos que hagan, va a cambiar el curso de la velada sin remedio.

En este libro, el que más se acerca de todos los suyos al formato de una novela ortodoxa, y que ha recibido el prestigioso Premio Renaudot, Yasmina Reza despliega su arsenal de talento: mirada inquisitiva sobre las debilidades humanas, retrato implacable de las convenciones y las banalidades de que está hecha nuestra vida diaria, humor descarnado para retratar el miedo, la angustia, la incertidumbre… El resultado es una tragicomedia feroz en la que la zona de confort de la cotidianidad se pone en riesgo cuando sucede algo imprevisto, ingobernable, impensable, y los personajes deben enfrentarse al vértigo del abismo y a sí mismos.

«La nueva novela de Yasmina Reza tiene un aire de película de los hermanos Coen. Una pizca de novela policiaca y un toque de humor negro hábilmente espolvoreado para amortiguar la desesperación… Un libro excelente, habitado por el duelo, en el que la comicidad teatral no es más que una máscara que disimula la imposibilidad de la felicidad» (Julien Bisson, Lire).

«Un libro terrible y conmovedor sobre el paso del tiempo, la añoranza que se acumula, la felicidad que se aleja, la soledad creciente… Una novela brillante» (Jérôme Garcin, Le Nouvel Observateur).

«Mordaz y en algunos momentos atrozmente divertida, muestra también ternura por unos personajes que han perdido el norte de sus vidas» (Olivier Mony, Livres Hebdo).

«Una novela policiaca construida con los códigos del drama teatral… Una reflexión sobre la soledad y la sensación de desubicación» (Marc Weitzmann, Le Magazine Littéraire).

«Una mirada sarcástica sobre la soledad, la pareja y el abandono… Expone nuestros secretos más ocultos» (Fabienne Pascaud, Télérama).

«Se sirve de los mecanismos de la novela policiaca para plantear una indagación a la vez ingeniosa y profunda sobre el sentido de nuestras vidas» (Jean Birnbaum, Le Monde).

 

[Comienzo del libro]

Esta pegado a la pared, en la calle. De pie con traje y corbata. Tiene orejas de soplillo, la mirada asustada, el pelo corto y blanco. Esta flaco, los hombros estrechos. Sostiene bien visible una revista donde puede leerse la palabra Awake. El pie de foto reza Jehovah’s Witness, Los Ángeles. La foto es de mil novecientos cincuenta y cinco. Parecía un chiquillo. Murió hace tiempo. Vestía con decoro para repartir sus folletos religiosos. Estaba solo, penetrado de una perseverancia triste y torva. A sus pies se adivina una cartera (se ve el asa), con decenas de folletos impresos que nadie o casi nadie le cogerá. Son también esos boletines impresos en un numero irrazonable los que recuerdan la muerte. Esos arrebatos de optimismo -demasiadas copas, demasiadas sillas…-que nos hacen multiplicar las cosas para volverlas de inmediato inútiles. Las cosas y nuestros esfuerzos. La pared ante la que se halla es gigantesca. Se adivina por su opacidad recia, por el volumen de la piedra tallada previamente. Debe de seguir allí, en Los Ángeles. El resto se difumina en algún lugar: el hombrecillo con un traje holgado y orejas picudas que se había colocado delante de el para repartir una revista religiosa, su camisa blanca y su corbata oscura, su pantalón raído en las rodillas, su cartera, sus ejemplares. .Que importa lo que somos, lo que pensamos, lo que será de nosotros? Estamos en algún lugar del paisaje hasta el día en que dejamos de estar en el. Ayer llovía. He vuelto a abrir Los americanos de Robert Frank. Andaba perdido por la biblioteca, arrinconado en un estante. He vuelto a abrir el libro, que no abría desde hacia cuarenta anos. Recuerdo al tipo que vendía una revista, de pie en una calle. La foto es mas granulosa, mas pálida de lo que esperaba. Quería volver a ver Los americanos, el libro mas triste del mundo. Muertos, surtidores de gasolina, gente sola con sombreros de cowboy. Al volver las paginas se ven desfilar las maquinas de discos, los televisores, los objetos de la nueva prosperidad. Se muestran tan solitarios como el hombre esos recién llegados sobredimensionados, demasiado pesados, demasiado luminosos, colocados en espacios no preparados. Un buen día, se los llevan. Se darán otra vueltecilla, tambaleándose hasta el desguace.

[ADELANTO DEL LIBRO EN PDF]