Ficha técnica

Título: Azul sobre azul | Autor: Manuel de Lope |  Editorial: RBA | Colección: Narrativas | Género: Novela | ISBN: 9788498678963 | Páginas: 496 | Formato:  21,3 x 14 cm. | Encuadernación: Rústica|  PVP: 24,00 € | Ref: OAFI489 | Publicación: 20 de Enero 2011

Azul sobre azul

RBA

La comparación que el propio autor establece entre el dripping ( la técnica pictórica inventada por Jackson Pollock) y su libro quizá sea la manera más adecuada y breve de definir la presente obra. A caballo entre el diario, el ensayo, el relato de viajes, las memorias, la crítica literario-artística, etc., se trata de un libro sincero y singular – alejado de cualquier categorización al uso- en el actual panorama literario español. Con esta obra Manuel de Lope nos invita a un viaje por la memoria, por diferentes espacios físicos y episodios personales, por la actualidad, por la lengua, por el arte y la literatura, etc. Los temas, las sensaciones, los recuerdos y las reflexiones se van sucediendo en breves pinceladas en un orden que, por seguir con la comparación con la técnica de Pollock, sólo a primera vista parece aleatorio. Así, el lector puede pasar de un comentario de tono periodístico sobre un suceso de actualidad a la reflexión sobre un haiku, mientras que, en otras ocasiones, el texto le recordará una amena conversación sobre un hecho cotidiano. En definitiva, un vasto y sorprendente universo personal.

«Lo que me ha interesado ha sido pensar que estas páginas que escribo son un género de dripping. Son salpicaduras controladas sobre el teclado del ordenador.» Manuel de Lope

 

I

Yo nací en Burgos en el mes de enero, un día de fuerte nevada. Mi madre era entonces una mujer joven de poco más de treinta años. Aquel día, a pesar de la nieve y de su avanzado estado de gestación, mi madre salió a la calle, resbaló en la nieve y sufrió una caída. Afortunadamente, aquello no tuvo mayores consecuencias que adelantar el parto, de modo que yo nací con un par de semanas de anticipación. 

   Como la mayoría de los niños de aquella época, yo nací en casa, en la misma enorme cama de matrimonio en la que había sido concebido. A mi madre le he oído decir que nací sobre la una del mediodía. La lengua española tiene una bonita expresión para describir un parto: dar a luz. A veces me ha gustado imaginar las circunstancias en que mi madre me alumbró, es decir, la nieve en las calles y en los tejados de una ciudad española de provincias en 1949, la ancha cama, el resplandor del mediodía de invierno en el balcón, los dolores y la sangre en el difícil trance del parto (los partos y sus consecuencias eran entonces la primera causa de mortalidad femenina). Sobre todo he pensado en lo que oí decir a mi madre alguna vez, tiempo después: Ahora ya no nieva como nevaba entonces. Este es un hecho que la propia memoria de mi infancia puede corroborar. Ahora ya no nieva como nevaba entonces y aquellos inviernos silenciosos, espesos y blancos, han quedado aislados para siempre en una especie de burbuja de cristal.

   Año de nieves, año de bienes. El hecho de haber nacido en un día de fuerte nevada no ha mejorado mi fortuna de una manera exagerada, ni me he visto abrumado de bienes, ni la naturaleza ha cometido despilfarros conmigo; sin embargo, la ausencia de nieves que ya se afirmaba en los recuerdos de mi madre puede anunciar tiempos duros para el planeta. A la ausencia de nieves siguen las calamidades.

   Lo que yo sé sobre este asunto es lo que sabe el profano. Al fenómeno global del calentamiento puede aplicársele una forma de analogía que llaman el síndrome de la rana hervida. La experiencia es cruel, pero no tenemos necesidad de realizarla en directo. En un gran perol de agua fría se deja caer una rana. Al principio, el animal examina su entorno con curiosidad. Entonces, lentamente, con la ausencia de escrúpulos de cualquier experiencia científica, empezamos a calentar el perol. Poco a poco la temperatura del agua empieza a subir. El batracio, animal de sangre fría, se adapta a la nueva temperatura. Mientras tanto, en aras de la demostración científica, continuamos calentando el perol. La rana colabora. No parece sentir molestias. Quizá encuentra que el agua está un poco demasiado caliente, pero continúa adaptándose. La temperatura del agua se va haciendo cada vez más alta. La rana, con una capacidad de supervivencia pasmosa, continúa tan tranquila, quizá ligeramente más nerviosa en su perol. Sin embargo, a partir de cierta temperatura, los sistemas de adaptación de la rana se colapsan y entonces la rana se muere de repente, completamente cocida.

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