Ficha técnica

Título: Atrapad la vida. Lecciones de cine para escultores del tiempo | Autor: Andréi Tarkovski | Traductor: Marta Rebón y Ferran Mateo | Editorial: errata naturae | Colección: La muchacha de dos cabezas | Género: Ensayo | ISBN: 978-84-16544-29-5 | Páginas: 192 | Formato:  14 x 21,5 cm. |  PVP: 18,00 euros | Año de publicación: enero 2017 |

Atrapad la vida

ERRATA NATURAE

Andréi Tarkovski es uno de los grandes cineastas y teóricos de todos los tiempos, y todavía hoy es uno de los directores más influyentes del cine de autor contemporáneo. Uno de sus ensayos, Esculpir en el tiempo, se convirtió en su día en un libro fundamental para la reflexión fílmica, reeditado desde hace décadas de forma ininterrumpida.

Sin embargo, Tarkovski dejó escrito a su muerte otro libro de gran importancia, no publicado hasta la fecha en castellano, y que constituye el complemento imprescindible de aquél y su testamento vital y artístico: Atrapad la vida es un volumen con un enfoque directo, personal y apasionado, en el que el cineasta rememora sus rodajes, recuerda éxitos y fracasos, desvela secretos y obsesiones, defiende con ahínco la visión del cine que construyó a lo largo de toda una vida y critica con fiereza tanto la censura del estado soviético como aquella otra, más sutil, de la sociedad de consumo.

En este libro Tarkovski habla con rabia, pero también con esperanza, y se dirige tanto a los amantes del cine en general como a aquellos que quieren saber cómo se hace, desde dentro y sobre el terreno, una película, pero una película entendida como una obra de arte: cómo se perfila la idea fundamental del filme (y cómo se defiende esta idea ante todo tipo de situaciones y presiones), cómo se escribe un guion (y sobre todo cómo no se escribe), cómo se aborda el montaje (y cómo se desmonta lo aprendido sobre esta técnica en las escuelas de cine), cómo se planifica la dirección actoral (y cómo se tratan las vicisitudes cotidianas con los actores), etc. Y todo ello desde una doble premisa: al hacer una película no hay que tener miedo de pisotear ningún esquema, ninguna norma, pero tampoco se puede olvidar que una película es un acto creativo y espiritual de primera magnitud: se trata de atrapar la vida. 

 

PRÓLOGO DE LOS EDITORES

El exégeta siempre estará maldito, el intérprete siempre será un traidor, al menos en el ámbito del arte. Pues si bien el crítico, el ensayista o el conocedor pueden quebrar la esfera de una obra y extraer de allí un sentido que no se ofrece de manera inmediata a nuestra conciencia o nuestra percepción, siguen condenados a perder en su discurso lo esencial, esas vibraciones de una resonancia pura que podemos considerar el meollo y el fin último de una obra de arte, por ejemplo, de una película.

     Esas «vibraciones» (¿cómo nombrar aquello para lo que, una vez más, no tenemos lenguaje?) eran lo único que, en realidad, interesaba a Andréi Tarkovski, aquello que buscaba crear con su cine, aquello que merodeaba incesantemente como un coyote hambriento perdido entre galaxias infinitas. Por eso no le importaban los significados, sino las sensaciones, que sabía mucho más cercanas de ese absoluto indecible. Por eso se dejaba guiar por ese movimiento del cuerpo y del espíritu que precede a toda racionalización, a toda lectura significante e iconográfica de la imagen fílmica. Y aquellos a quienes nos fascina el cine de Tarkovski sabemos bien que todo proviene de ese fulgor de sensaciones que difícilmente podríamos explicar, o que perderían todo su valor en la explicación.

      Y, sin embargo, la bibliografía que analiza el cine de Tarkovski es muy amplia y valiosa, por supuesto. Más aún: el propio Tarkovski fue uno de los cineastas que de forma más compleja y pertinente desarrolló por escrito su teoría del cine. No obstante, él era absolutamente consciente de la paradoja a la que se enfrentaba al escribir sobre aquello que, en última instancia, elude el análisis: «Es imposible hablar de la cuestión de la creación artística con el lenguaje ordinario y racional», dijo pocos años antes de su muerte. Si con sus películas Tarkovski asumió la imposibilidad de cercar lo infinito en la imagen, con sus textos aceptó la paradoja de escribir sobre la búsqueda de aquello que escapa al lenguaje y al logos. En este sentido, la obra cinematográfica de Tarkovski es tanto la persecución de un ideal filosófico como la materialización de un pensamiento, y de ahí que sus escritos sean tan importantes y, por supuesto, indisociables de sus películas.

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