Ficha técnica

Título: Astronautas | Autor: Stanislaw Lem  | Traducción: Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewicz | Editorial: Impedimenta  | Formato: 14 x 21 cm. |  Presentación: Rústica | Fecha: 2016 | Páginas: 408| ISBN: 978-84-16542-35-2 | Precio: 22,80 euros

Astronautas

IMPEDIMENTA

Lem reflexiona sobre la relación entre los humanos y la tecnología, la búsqueda aparentemente infinita de conocimiento y control, y los motivos que se ocultan detrás de estos intereses.

Astronautas, jamás editada antes en castellano, es la primera novela que el maestro de la ciencia ficción, Stanisław Lem, publicó en forma de libro. Tras haber pasado por múltiples contiendas y luchas sangrientas, en el siglo XXI la humanidad ha dejado atrás toda forma de capitalismo y ha logrado un equilibrio sostenible en el planeta. Colosales trabajos de ingeniería, como la irrigación del Sáhara o el control del clima con soles artificiales, dan cuenta del progreso de la especie. Durante uno de estos proyectos, en la siberiana Tunguska se halla un objeto que es identificado como un archivo extraterrestre. Tras lograr descifrar alguno de los datos que recoge, se descubren ciertos detalles alarmantes del viaje de una nave que debió de estrellarse en la zona. El Gobierno de la Tierra decide enviar la recién construida nave Cosmocrátor al planeta Venus, donde sus tripulantes localizarán los restos de una civilización infinitamente más avanzada que la nuestra.

«Lem es un erudito, un narrador virtuoso y un estilista. Un verdadero genio.» The New York Times Book Review 

 

PRÓLOGO DEL AUTOR

Escribí este libro hace veintidós años y cuando me propusieron reeditarlo pensé en retocarlo ligeramente, en realizar una especie de actualización, pero entonces le eché un vistazo y me di cuenta de que resultaba imposible hacerlo. Lo escribí en una época en la que el término «astronautas» apenas si existía, de manera que mucha gente, incluso gente con estudios, lo confundía con el de «argonautas», mucho más familiar. Además, el planeta Venus, en el que situé la acción, ya no es una mancha blanca y misteriosa en el firmamento, porque sabemos bastantes cosas sobre él, especialmente gracias a las sondas soviéticas que lo exploraron. Así que tenemos suficientes datos como para darnos cuenta de que las condiciones y paisajes de Venus descritos en la novela resultan absolutamente ficticios. Al margen de información a la que no tenía acceso nadie, había otras cuestiones de las que no me preocupé como autor, porque está claro que sobre la construcción de cohetes, e incluso sobre la parte técnica de la cosmonáutica, podría haberme documentado mejor de lo que lo hice ya hace veinticinco años. Y, por otra parte, el año 2000, que desde la perspectiva de los años cincuenta me parecía un futuro tan lejano que permitía situar en él visiones optimistas de un mundo unido pacíficamente, en la actualidad se encuentra en el punto de mira de un sinfín de sabios futurólogos y obliga a ser comedidos en eso del optimismo y a refrenar las ingenuas esperanzas de aquellos otros tiempos. Si me hubiera puesto seriamente a actualizar Astronautas tendría que haber escrito una novela totalmente distinta, ya que ni en la Tierra ni en el cohete ni en el cielo me habría podido permitir conservar multitud de detalles, esos pequeños ladrillos con los que construí toda la obra. Y ¿qué habría pasado en ese caso con Astronautas? ¿Merece realmente la pena volver a escribir libros ya escritos con anterioridad? Creo que no. Hay que escribir, mientras sea posible, nuevos libros, y dejar que los ya escritos sigan su camino natural: que se defiendan por sí mismos, en la medida de sus posibilidades. Hoy, esa historia de ficción no solo está llena de errores técnicos y de predicciones que el tiempo se ha encargado de desbaratar, sino que además resulta extremadamente ingenua, prácticamente un cuento para niños. El lector también, especialmente el más joven, se dará cuenta rápidamente de que sus conocimientos de la cosmonáutica como fenómeno real, sacados aunque sea de la prensa diaria, superan los conocimientos del autor hace veintidós años. Pero si ya no es posible considerar que el libro es un atrevido pronóstico futurista, que al menos sea considerado un documento de cierto valor histórico.

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